viernes, 20 de junio de 2014

Nocturama - Bigott, un tipo peculiar

Ciclo Nocturama
Sevilla
Agosto 2013
Fotografías: Juan Antonio Gámez



Bigott es un tipo distinto. Su eclecticismo sonoro le hace escurridizo de reconocer de no ser por su voz y peculiar dicción en el idioma de Laurence Sterne, y una temática en sus canciones bien estrambótica y divertida, como su puesta en escena, pero eso sí, con profesionalidad y sin idas de cabeza que ensombrezcan sus creaciones. Se nos había escapado un par de veces por Sevilla, a nuestro pesar. Sin embargo, en el fondo de nuestros corazones, era inevitable encontrarlo algún día en El Monasterio De La Cartuja, bajo el auspicio de Nocturama, que este agosto nos va a amenizar las noches estivales.

Tras el bigote y la barba de este músico, y con un look un poco a lo Robison Crusoe, está un tal Borja Laudo, de Zaragoza, que tras haber pasado por bandas que han marcado, como Tachenko o La Costa Brava, se está haciendo (más bien se ha hecho) un hueco bien prestigioso en el panorama nacional, con la promesa de sacar un disco por año y con unos títulos que reflejan su idiosincrasia; desde That Sentimental Sandwich (2006) a Blue Jeans (2013) se encuentran canciones brillantes y originales como “King Of The Patio”, “Afrodita Carambolo”, “Si eres tan-ti-tan”, “Kinky Merengue”, “Bar Bacharach” o “God Is Gay”.

La noche del jueves, Mr. Bigott provocó otra noche de las inolvidables de Nocturama. Allí se presentó el zaragozano con su guitarra. La banda la completaban una bajista (su novia, dicen) y un batería. Llenó la noche de su música enérgica, tranquila, de su pop de tintes folk, de rock y de sus originales letras, y con sus nuevos Blue Jeans, un disco muy tropical grabado en Brasil que comienza con el instrumental “I Got Dengue”, un tema muy deudor de “Take 5”de Dave Brubeck Quartet. De esta misma manera comenzó el recital, para calentar motores. La actitud del zaragozano no nos recuerda a aquel videoclip con La Costa Brava con el que nos cautivó; a veces tranquilo, a veces histriónico, pero siempre controlando lo que ocurre en el escenario, Bigott, que el mes pasado estuvo en el Festival Internacional de Benicassim, atrajo un buen número de gente de la noche hispalense. El segundo tema fue “Mouse Mousse”, que daba a entender que la atmósfera iba a ser tranquila, y así fue en líneas generales… bueno, no tanto. No faltaron “Cool Single wedding”,Oh yeah!!!”, “Find A Romance” y mucho menos la bailongaCannibal Dinner, que sería un clásico para siempre, si la hubiera sacado a la luz un grupete cualquiera de Inglaterra. Con ésta intentó marcharse. Pero el público quiso más. Set acústico, y hacia el final, un gran estruendo de guitarra eléctrica, con la banda de nuevo en el escenario. Lejos de su versión original “Dead Mum Walking” (de This Is The Beginning Of A Beautiful Relationship, del 2010) sonó bien potente, pillándonos por sorpresa.

Con el público bien satisfecho (pero con ganas de repetir) y con un repertorio mayormente de su último álbum y de The Orinal Soundtrack (2011), este Gran Lebowski ibérico irreverente y desvergonzado, se despidió. Siempre hay una frase furtiva que uno escucha sin querer, y en este momento fue la de una gafapasta de esas ensimismadas en sí mismas, de las que llenan su cuenta de Twitter con fotos de sus pies, diciendo con escasa naturalidad que “en lugar de Bigott, también se podría haber llamado Barbb”. Nunca se sabe si vienen a estos conciertos por moda, o más inquietante, si sus gafas están graduadas. El caso es que la actuación no dejó a nadie indiferente, y es algo que se notaba en las caras de los espectadores, los que estaban sobre el césped del patio del monasterio y los que se refugiaban del calor en el bar, donde formando un taquito desaliñado sobre la barra, impreso en blanco, negro y chillón naranja, veíase el programa de Nocturama.

Karl Bartos en Hamburgo - Cerrando el Círculo

Karl Bartos
Grüespan
Hamburgo
31/01/14
Apareció en Achtung
Fotos: Stefan Malzkorns y Antonio Jesús Reyes


 Lejos de ser una ciudad decadente y meramente portuaria, a Hamburgo la adornan miles de modernidades. Allí mismo nos dirigimos para cerrar el círculo que comenzó con el lanzamiento en marzo del año pasado de Off The Record de Karl Bartos y la actuación en el Sonar de Kraftwerk en junio en Barcelona. Recapitulando, Kraftwerk nació como un grupo de rock progresivo electrónico y alemán, es decir, Krautrock. Tras tres álbumes aún inéditos, el éxito de Autobahn (1974) fue enorme y transatlántico. La calidad y el eco de Radioactivity (1975) y Trans Europe Express (1977) aún resuenan, sin embargo lo que quedaba por llegar no fueron en absoluto obras menores. Los fundadores Florian Schneider y Ralf Hütter decidieron escuchar lo que tenía que decir Karl Bartos en materia compositiva. Así pasó Bartos de encargarse (junto con Wolfgang Flür) de la mera percusión electrónica a también firmar las canciones de Kraftwerk. Esto supuso que quedara la impronta de Herr Karl en la mitad de los álbumes, es decir, en más de la mitad de los temas más recordados de la banda incluidos en The Man-Machine (1978), Computer World (1981), el single Tour de France (1983), Electric Café (1986) y los remakes de The Mix (1991). Esto significa que la banda le debe muchísimo del premio Grammy a toda la carrera que en este mismo mes de enero se le ha concedido. ¿Qué ocurrió cuando Bartos dejó Kraftwerk por no aguantar la lentitud (o excesivo cuidado) del trabajo? Kraftwerk tardó doce años en publicar un álbum, el aburrido Tour de France Soundtracks (2003) que siguiendo la misma senda del single Expo 2000 (1999) confirmaba que la magia había desaparecido casi por completo. Bartos, mientras tanto, ha estado explorando el techno-pop (del que fue uno de los padres) y el pop con acierto, siempre en movimiento, y sin aburrir, bajo el nombre de Electric Music, Electronic y el suyo propio, rodeado de lo mejorcito del pop. Sus dos últimos trabajos son Communication (2003), que aunque algo lineal no está exento de grandes momentos, y Off the Record (2013) que nos pilló por sorpresa. Karl recopiló grabaciones que procedían décadas anteriores y que no llegó a usar en su momento para así crear una obra de ellas, es decir un gran álbum.

Demasiadas preguntas y grandes canciones en solitario y con Kraftwerk como para rechazar la tentación de viajar y ver en directo a uno de estos, digamos, Beatles electrónicos. La cita fue en Grüenspan, un local ni grande ni pequeño, elegante, moderno y de muy buena acústica. Andando hacia el lugar de la actuación, algunas fachadas de neón nos eran muy familiares. Averiguaríamos el porqué durante la actuación. Una vez en Grüenspan, a pocos minutos de la actuación y desde la primera fila, percibimos que el rango de edades era bastante grande, si bien un gran número rondaba los cuarenta. Junto al escenario, una adolescente de, como mucho, veinte años, esperaba pasárselo en grande. El fondo del escenario, tres enormes pantallas juntas proyectarían atractivas imágenes (en 2D) de temática afín a las canciones, pero antes, y con sonidos electrónicos de fondo, sólo reflejaban sobre un fondo verde interferencias de otros tiempos. El recital comenzó con la llegada de Mathias Black a la izquierda del escenario, luego Robert Baumanns a la derecha. Saludando entró Herr Karl arrancando con la fuerza de “Numbers”/”Computer World” de Kraftwerk. Un comienzo contundente al que le acompañaron dos temas de su obra en solitario, “The Camera” y “I’m the Message”, enormes sucesores de “The Robots” (Los arreglos de este último tema arrancaron una gran ovación entre el público) La celebérrima “The Model” y “Trans-Europe Express” también se hicieron oír, siendo este último tema el único que no estaba firmado por Bartos de todo el recital. Durante “The Model” además de modelos femeninas de tiempos pasados, aparecieron Karl y Wolfgang Flür a la percusión, de jóvenes, sin rastro de Florian y Ralf, mismo tipo de omisión que hacen estos en sus proyecciones. En cuanto al sonido, y al igual que en los conciertos de Kraftwerk de hoy en día, es difícil saber qué está pregrabado y qué no. En este caso, la balanza se inclina a favor de nuestro protagonista de esta noche. Los temas pretéritos se sucedieron, y no fue hasta el undécimo, “Atomium”, cuando Herr Bartos comenzó a mostrar los nuevos temas, los de su flamante Off the Record. Le siguió la fascinante “Nachtfahrt”, la llamada directa a la pista de baile de “Musica Ex Machina” y el techno-pop perfecto de “Without a Trace of Emotion” cuyo videoclip se proyectó tras los tres protagonistas de la noche… y en cuyas imágenes se ven unos edificios familiares y luces de neón, que son ni más ni menos que las de la avenida perpendicular a la calle donde nos encontrábamos, Reeperbahn, en Sankt Pauli, parte del barrio rojo de Hamburgo. Tras esta canción que refleja la agridulce fama de Herr Karl, el quinto tema de Off the Record fue, “Rhythmus”, luego “Life” para el que Bartos dejó los teclados y demás aparatos y se fue al extremo derecho a cantar, esta vez ya sin máculas ni voces robotoides acompañándole. “Life” era una de las apuestas de pop con sintetizadores de Electric Music, una apuesta que ganó en estudio y allí mismo en el Grüenspan.

Quizá la cresta de la ola de la noche fueron los tres temas siguientes, “Computer Love” junto a “Pocket Calculator” y “Tour de France”. Nuestra adolescente de primera fila así lo atestiguaba con euforia. Tres temas de Communication (2003), “Interview”, la warholiana “15 Minutes of Fame” y la robótica “Ultraviolet” parecían cerrar el concierto. La vuelta de nuestro trío electrónico de la noche fue “Neon Lights”, del gran The Man Machine (1978). No fue suficiente y los músicos volvieron para despedirse del Grüenspan con “TV”, de la encarnación de Bartos como Electric Music, una canción y/o título que bien podría haber entrado en Computer World, y que por su calidad y temática, es un agujero negro en la discografía de la banda. Los asistentes pudieron acabar la noche llevándose un autógrafo y estrechando la mano de uno de los músicos que desde los años setenta ha puesto banda sonora al futuro que nos alcanza y pavimentado el camino de la música electrónica. Kraftwerk y Bartos perdieron con la salida de este del grupo; se centran en dar conciertos por todo el mundo, pero una vez en estudio su rendimiento es escaso en número e interés. Su música ha perdido la melodía y el encanto. Por otro lado Bartos está eclipsado por las canciones y el nombre de aquella, su primera banda. Sin embargo esto no es una tragedia. En caso de elegir uno u otro, elijamos los dos.

Saliendo del Grüenspan, nos informan de que justo al lado hay un club llamado Indra. Allí, unos imberbes de Liverpool comenzaron a tocar profesionalmente por primera vez en agosto de 1960. Este mismo grupo en este mismo enero también han sido galardonados con el mismo premio en la misma ceremonia que Kraftwerk. Hamburgo bien merece más de una noche.

domingo, 1 de junio de 2014

Pet Shop Boys en Sonar 2013


El Sonar Noche del día 15 era de Pet Shop Boys. Claro que George Fotzgerald, Hot Natured y, por supuesto que los 2Many Djs tuvieron su momento, pero nuestra misión se concentraba allí en SonarClub, para ver a Neil Tennant y Chris Lowe, y testar así el devenir de la música electrónica. Creíamos que seguían presentando Elysium. Ni un año hace del lanzamiento de éste, y ya están a punto de sacar Electric. Por sorpresa nos lo anunciaba una cortina que tapaba el escenario donde se proyectaba la noticia… Y es que no sabíamos ni siquiera que estaban ya de gira desde mayo, comenzando en Santiago De Chile. Con un título así, el resultado puede ser más electrónico que pop o disco/pop, como nos tienen acostumbrado, amén de otros ritmos, que prueban la versatilidad de Neil y Chris. Un pensamiento así podría estar más basado en tener en la mente aún el concierto de la noche anterior, en el mismo lugar, donde Kraftwerk dejaron pocos clásicos atrás.

El comienzo del concierto sería la proyección con el primer single,“Axis”, que nos parece confirmar lo anteriormente expuesto; “Axis” rezuma agresividad electrónica por los cuatro costados tirando al house, y con poco espacio para Neil Tennant. Un comienzo bien emocionante, atestiguado por los que llenaban las primeras filas, entre ellos dos personas con conos por sombrero, uno con una gorra en la que pone “BOY”, y otro con un bombín, símbolos ya de dos décadas y dos sonidos de este dúo formado en Chelsea, allá por 1981. “West EndGirls”, su primer sencillo, de 1986, les llevó a la fama internacional, y desde entonces les tenemos ahí, con una infinidad de canciones, ya clásicos, que son distintas y distintivas, que harían bailar a todos los que estábamos allí. “One More Chance”, que abría Actually (1987) en un medley con “Face Like That” de Elysium marcaba el principio de la actuación, con Neil y Chris ataviados en negros abrigos que parecían estar hechos de cañitas, y dos bailarines que no pararían de cambiar de atuendos (también el dúo) dejándonos boquiabiertos más de una vez. La intro de otro single, “Let’s Make Lots Of Money” daba que pensar; llevaba un sampler de “Money” de Pink Floyd, grupo al que siempre han nombrado en alguna entrevista de manera algo… especial. Sorpresón con la siguiente canción, “Memory Of TheFuture”, de lo mejor que ha hecho el dúo en su carrera, y también de Elysium. Una pena que fuera el tercer single, hubiera sido un gran presentador del álbum, que aunque con puntos flojos, esconde grandes canciones. Quizá una producción menos electrónica, o más básica, no hubiera inundado el trabajo entero. Este puede ser el punto débil de los últimos discos de los ingleses. ¿Y a quién le importaba eso en ese momento, si pronto seguirían con clasicazos como “I Wouldn’tNormally Do ThisKind of Thing” (¡con los cuatro artistas en escena ataviados de minotauros!) la inolvidable “Suburbia” y, (¡oh, sorpresa!), aquel temón que escribieron originalmente para el grupo de PatsyKensit, EightWonder, que llevaba por título “I’mNotScared”? El recital seguía adelante con la cara y cruz que son Pet Shop Boys desde sus comienzos; Neil cantando (…no siempre…) de manera expresiva y animando al público, y Chris, casi escondido en mil gorros y sombreros, con gafas de sol, y dejando los movimientos al mínimo, delante de su sintetizador. Estábamos ante un espectáculo audiovisualpero, menos mal, sin los excesos de otras giras sin dejar atrás la extravagancia visual de siempre. Por ejemplo, “LoveEtc” (de Yes, 2009) la interpretaron en sendas camas donde se proyectaban cuerpos moviéndose a gran velocidad. Otra sorpresa fue “Thursday”, con la imagen gigante proyectada del rapero Example, como colaboración virtual. No faltaron “Rent”, y dos de los temas mejor recibidos, “It’s a Sin” y “Domino Dancing”. ¿Sería el punto álgido de la noche cuando con expresión confiada, Neil presentó “Go West”? “Esto seguro que os va a gustar”, dijo, y así fue. Concesiones así al público sólo podían ser señal del fin de la actuación. Luego llegó “Always On My Mind”, la versión de Elvis Presley (bueno, de Brenda Lee) que les llevó al éxito de nuevo en 1998 con aquel magnífico Introspective. Y para casi el final, el himno urbano que ya lo era en los ochenta, “West End Girls”. “Vocal”,un tema bien movido de Electric, segundo single,fue la coda a un espectáculo sin nostalgia de los ochenta, sino celebración, y también mirando al futuro, y sobre todo lleno de energía. Esperamos que Electric sea un gran álbum, y si no, que nos quiten lo baila’o.

Al salir del recinto del concierto, otro espectáculo, esta vez patético, que no tendría que ver con la música, con jóvenes bajo los efectos de algo, e imbéciles grabándolo con sus móviles. A nosotros no nos hizo falta nada para alucinar con buena música. El éxito de Sónar fue otro para nosotros. A pesar de los precios, esos momentos para nosotros quedan.


lunes, 31 de marzo de 2014

Ingrid Chavez Exclusive Interview - Black Eskimo & Beyond




Ingrid Chávez comes back with a new recording called Deep and Heady forming a duo with Chicago producer and musician Marco Valentin, under the name of Black Eskimo.

Since May 19, 1992 (1992), Little Girls with 99 Lives (1997) and A Flutter and Some Words (2010), the focus on her excellent and original creation has been distracted, but never eclipsed, by her collaborators. Now, as Black Eskimo, she fulfill expectations created by “Escapology” and “The Decemberists” in the shape of an album in two parts. The contrast between Marco and Ingrid works, and they are beginning to show results. Ingrid tells us about the recording of Deep and Heady and more:


Why ‘Black Skimo’?

Where we live and wrote the songs, it’s very cold with long winters and lots of snow. We feel sometimes like we are displaced Eskimos breaking through the silence of the cold icy winters.

How did the collaboration between you and Marco begin? “I’m married to my music always looking for a new muse to fuse it” How was the collaboration with Marco?

We had a mutual friend who introduced us to each other’s music about seven years ago. Although we did not meet back then we wrote a few songs sending files via the internet. We lost contact with each other and I started working with Lorenzo Scopelliti on A Flutter And Some Words. In February 2010, soon after A Flutter… was released Marco found me on Myspace and asked me if I would like to try writing songs together again. We started sending files back and forth via the enter net again and here we are four years later.

I love it that you pulled out that line from “I’m On”. It’s true, my life is the music. Prince once said that I was married to my music and that I would never get ‘married’. I disagreed with him back then of course but, looking back maybe he knew something that I didn’t. Anyway, I did have that conversation in mind when I wrote that line in the song. A muse can come in many different forms. Most of the time it is in a person I suppose but, I have a Japanese Maple tree with a Buddha that sits beneath it. That scene has inspired me through fourteen winters. Being a writer, I am always looking for the muse to fuse the voice, the words and the melodies, to evoke some emotional response. It’s my drug of choice, a new song.


What did you learn from your previous ones?

Each collaboration brings out some new way of feeling or expression for me keeps it fresh. I will never make another album like May 19, 1992. That was me and Prince and the little world that we lived in for a winter. A Flutter And Some Words was Italy, the salty sea and warm sun, poetry and all things beautiful. Deep And Heady is the long cold winters here in New Hampshire building fires, living on the edge, putting every bit of money and energy we have into making this record. There are other collaborations that mark other periods in my life but these are the three that I put my heart and soul into.

 

What do you seek when you write poetry and music? Is there a message?

If there is a message in any of my songs, it’s to myself I suppose. When I write, I am summing up some feeling or experience that is very personal; I am learning something about myself. When I start a new song, the whole journey from melody to lyrics, it’s like giving birth. The complete song is such a release of energy. Completing an album is like writing a book, each song is a chapter of my life. It was no different with May 19, 1992, once it was finished it felt like entries in a diary.

Of all those songs in Deep and Heady, which one/s do you prefer? (& why?)

I love them all but I think that “Touch”, “My Love’s a 45” and “Ride” are my favourites. Touch because it really sums up how it feels to grow close to someone, to fall in love with a friend and wonder if it’s ok to cross that line. “My Love’s a 45” is just a clever lyric: ‘If you’re a storm chaser come to settle me, you better know what you’re doing, everything I touch seems to send in ruin’. I love singing that song live. “Ride”, I love the spoken word element of it and the lyrics are strong: ‘Life is a rollercoaster, I love the highs as much as the lows’. That’s what my songs are born out of, that full appreciation of what love and life has to offer.

And from your previous ones?
From A Flutter And Some Words, I would say “Mine”, “A Flutter And Some Words” and “Isobel” and “Backroads”.

What was what made you choose those photographs for the album?
The photographs are mysterious. They were both taken during journeys away from home. They both have water. There is a solitude reflected in each one that is broken once you put the music on. 


In general terms, what makes you click the button of your camera?

I rarely click the camera these days because I have been so busy with this record but, I tend to take photographs when I am on a long drive alone. When I am in a quiet space and the landscape reflects my state of mind. Click! 

What’s the main difference between Deep and Heady and your previous albums?

The main difference between Deep & Heady and the two previous albums I would say is a clear vision of what I wanted the end result to be. A stronger voice and this time around I wasn’t concerned about beauty and poetry. There is another line in “I’m On” that says ‘I survived the death of a poet, and now I’m gonna show it, I’ve arrived, you’ll know it when you hear this new beat’. I think that the scope of the lyrics although maybe not as poetic, it’s not so different from May 19, 1992


In what sense the title ‘Deep and Heady’ describes the album?

The word Heady brings to mind the song “Lilac Wine”. I love Jeff Buckley’s version. ‘Lilac wine is sweet and heady, like my love Lilac wine, I feel unsteady, like my love’
Deep, I knew even before I started writing this album that I was intending to make my next record cut deeper than A Flutter. The title comes from the song “Deep and Heady” which is a song about being in love with someone who you have lost and will forever be seeking that ‘love high’ again like a junky. When we decided to release the album in two parts, Deep and Heady as two separate titles worked nicely.

You’ve been warming up your live shows. How was the experience?

I have been waiting for the right set of songs to come along that I felt I could commit to touring. This is it. I love playing them live and I hope to make it over to Spain in the next year!

What are the duo’s next steps? more tour dates?
Yes! We are just getting started. We also have more songs in the works. You haven’t heard the last of Black Eskimo!


Listening to her work, it’s clear that Ingrid had the luck to work with artists of such a standing as Prince, David Sylvian, Lenny Kravitz and Madonna (Ingrid co-wrote “Justify my Love”), Ryuichi Sakamoto and many more. However, she was not the only lucky one, they could modulate their creation under her prism and sensibility of such an original artist like her. Approach her music with no preconceptions, no labels and no proper names if not hers.


sábado, 15 de marzo de 2014

Suede en Razzmatazz 2013


Suede
Razzmatazz
Barcelona
05/11/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes y Xiang Taoying


Después de siete años sin hacer nada juntos, estos músicos abanderados de aquella ecléctica etiqueta del Brit-pop realizaron una gira de grandes éxitos en 2010 que olía a despedida, y que, sin embargo dieron paso a visos de volver, como aquella declaración en la que Brett en la que afirmaba que volverían a grabar, pero que sólo saldría a la luz si resultaba ser realmente bueno. Así regresaron editando Bloodsports (2013) con el espíritu de las canciones del discazo que fue Coming Up (1996), y algo, no mucho, de Dog Man Star (1994). Así fue como estos músicos de la Pérfida Albión volvieron a la carga y no han parado en los últimos tres años.

Ya los vimos allí mismo en la Sala Razzmatazz, en la antes mencionada gira de regreso, así que volvíamos al mismo lugar para lo mismo pero con Bloodsports de por medio, que goza y con razón del beneplácito de la crítica, las listas de ventas, y como se vio y vivió allí, de los seguidores de la banda, los nuevos y los de siempre. La edad del público rondaría entre los cuarenta y los veintialgo, dejando patente que el legado de Suede y su nuevo disco han dejado huella. Entre ellos, y pegado a la barrera (the barrier!) un jovenzuelo lee un libro de David Bowie de la Editorial Los Juglares, publicado mucho antes de que existiera él o Suede, que ya hace tiempo que son algo más que descendientes del legado de cierta época de Bowie, o de los Smiths y demás. Nunca es mal momento para ilustrarse un poco. En la cortina del fondo del escenario estaba proyectado el nombre de la banda con colores que cambiaban según las portadas los de los álbumes que han publicado hasta la fecha. Desde los altavoces, de repente, y casi puntual, la intro de la banda, Rachmaninov, ni más ni menos, como en la gira de Head Music, y entonces aparece Suede de una vez. Lo normal es empezar un concierto con una canción para calentar motores, sin embargo, y no es la primera vez, Suede comienzan con una canción de Dog Man Star, lenta y hermosa y de crescendo lacerante que es “Still Life”, con un Brett Anderson dándolo todo, que sería la tónica del concierto. Con “Barriers”, primer single de Bloodsports, abre el desenfreno entre los presentes que llegaría con más del mismo álbum, como “It Starts and Ends with You” y legendarios como “Trash” y “Animal Nitrate”.

La cosa se puso seria luego, muy seria con “Sometimes I Feel I Float Away”, con Brett Anderson, la cara de Suede como no lo habíamos visto antes, interpretando (en ambos sentidos) de una manera magistral sintiendo la canción, sudando y temblando, reflejando la crisis interna del personaje de la canción. Gratísima sorpresa la de incluir “Killing of A Flash Boy”, una cara B de Dog Man Star, que fue uno de los puntos álgidos de la actuación. Y es que Suede en los noventa dio en muchas ocasiones muchas caras B mucho mejores que algunas incluidas en los álbumes, como una de las siguientes, “My Dark Star”, del enormísimo “Stay Together”. Otra sorpresa fue “Heroin”, escondida en las sesiones de Head Music (1999) e interpretada por primera vez en directo en el Razzmatazz en aquel momento. Este tema nos recordó a la carrera de Brett Anderson sin Suede. Con The Tears, el proyecto no acabó de cuajar contra todo pronóstico, y su carrera en solitario tampoco… en un claro ejemplo del lamentable síndrome que sufrió Bowie con Tin Machine, donde el nombre del intérprete importa más que sus canciones. Sin embargo, la esencia de Suede en directo es Brett, los demás músicos pasan a un segundo plano, un brillante segundo plano, pero es que Anderson no para en el escenario; salta, baila, gesticula, se acerca para tocar al público con la mano, hunde la cara en el público mientras canta, y sin dar tregua. “So Young” trajo consigo algo ya usual en el directo de Suede desde sus principios; al final de la canción, mientras el tempo se va haciendo más lento, el micrófono vuela al compás de la música, alrededor de Brett Anderson atándole con el cable, acabándose justo a la vez que la canción. No faltó “The Beautiful Ones”, amagando despedida, y “New Generation”, revelador título viendo a los presentes, que fue el único bis con el que Suede dijeron adiós, dejándonos satisfechos pero con ganas de más. Paradojas del rock, amigos.

El recital no fue un himno a la nostalgia de los noventa, sino la celebración de la continuidad de la vigencia de las canciones de antes, y las de ahora, y prueba irrefutable del estado de salud de la banda sobre las tablas. Que las canciones de decadencia urbana de primera clase continúen, y así de bien.

jueves, 13 de marzo de 2014

Pulp - Sheffield y Más Allá





Apareció en DECIREVES (Enero 2014)


Esta es la historia de una banda de Sheffield, la ciudad de la fábricas de hierro y acero, que llevó al estrellato una canción que trataba de ser gente corriente. A finales de los años setenta, y con la industria de la ciudad en declive, comenzó a un proceso de quince años que llevó al siempre líder, Jarvis Cocker desde mil fracasos hasta la fama. Todo empezó con Jarvis, a los catorce años, y con nombres como Arabicus, Arabicus Pulp, y al fin, Pulp, como homenaje a la película de 1972 con Michel Caine. En tres años, y con Jarvis y el guitarrista Russel Senior como núcleo del grupo, consiguieron un sueño hecho realidad, que era el de tocar para las sesiones del visionario de la música llamado John Peel. La actuación les aseguró una enorme fama local que se apagaría rápido. Aquello fue en 1981. Dos años más tarde  llegó It, primer álbum, que fue un trabajo acústico que sonaba como a un jovenzuelo Scott Walker cantando folk y desafinando de vez en cuando. Sin embargo, tiene un encanto amateur que atrae; mejores discos y mejor grabados hemos borrado de nuestras mentes para siempre. Para nada está exento de encanto este It, y temas como “Blue Girls” y “Boats and Trains” lo atestiguan.
 
Los siguientes años traerían mucha creatividad y originalidad, así como desgracias; un local entero peleándose durante un concierto, o Jarvis cayendo desde un tercer piso por intentar impresionar a una chica, por lo que tuvo que pasar dos meses en una silla de ruedas, eso sí, cumpliendo con sus actuaciones en directo. Y ahora, su suerte en Fire Records, con singles como "Little Girl (With Blue Eyes)”, no daba signos de que la suerte del grupo fuera a cambiar. Hete aquí que Freaks (1987) daba una de cal y otra de arena. La mitad bien podría haber entrado en It, sin embargo la otra mitad es oscura y sombría, como la bipolar “Anorexic Beauty” o “The Never-ending Story”. Y es que, claro, cuesta abajo y sin frenos, un grupo no puede intentar dejar buena impresión en una discoteca con una canción llamada alegórica “Death Goes to the Disco”.

¿A dónde nos encaminaría Separations? Grabado en 1989, en este punto, la banda ya había tenido mil encarnaciones, con Jarvis y Russel perennes, y hasta se había llegado a disolver por un breve espacio de tiempo. Con su Cara A más experimental, y su B orientada a las pistas de baile, Pulp nos dejaba con un trabajo menos psicótico que Freaks, pero igual de disfrutable. Además de “Countdown”, una apuesta muy comercial y brillante, Separations incluyó el single “My Legendary Girlfriend”, onírica, misteriosa y pop, y sus cerca de siete minutos que les llevó a ser single de la semana en NME. Buenas noticias al fin, de no ser porque el álbum de estos singles tardó tres años en ver la calle. También es el fin de una etapa; la esencia de los anteriores, su encanto estridente sin que mediara voluntad, desaparecería para bien o para mal. Esta cualidad casi inefable les pone en la lista de ser de los primeros en echar mano cuando tenemos etapas en las que nuestros artistas musicales preferidos nos están cansando.

Luego llegó aquello del Britpop (aún en bambalinas, era 1992), con Suede, Oasis, Supergrass, Elastica, Blur, con los setenta, los sesenta, los Smiths y los Stones Roses por bandera Union Jack. Pulp, sin embargo, estaban bien lejos de las influencias que eran más evidentes en los demás. ¿Quién se acordaba de, por ejemplo, Scott Walker? En este año, Fire Records hizo coincidir la aparición de aquel Separations con His ‘N’ Hers, el álbum con el que Pulp, ya en Gift Records, se subía al carro de aquel movimiento. Desde el primer al último tema, y gracias a la producción de Ed Buller, His ‘N’ Hers es su primer álbum lleno de confianza, dinamismo y brillantez palpables. Jarvis baja de los temas universales para tocar tierra con anécdotas e historias a las que, al menos en apariencia, se les huele algo de biográfico o autobiográfico. El voyerismo de “Babies”, la demolición personal de “Razzmatazz” y “Lipgloss” o la segunda persona del singular en “Do You Remember the First Time?” les acercan al público, al que parce que están componiendo su banda sonora vita.

Y Jarvis Cocker haciéndose un sex-symbol; largo, canijo, con gafas a lo Seguridad Social de Reino Unido de montura negra, negrísima y enormes lentes de alta graduación… Así es el mundo de la música, amigos. Éxito de ventas, crítica y público en los conciertos. Llegó el momento del single que se tornó himno de la clase trabajadora en mayo de 1995, es decir, “Common People”, el momento de ridiculizar a los snobs de la clase alta haciendo su estupidez evidente, y de cantarlo marcando historia en Glastonbury, donde sustituyeron a los Stone Roses, para lamento de pocos, que además no estaban atentos a cómo se le caían los pétalos a las rosas pétreas. “Common People” trata de una chica adinerada de Grecia que Jarvis conoció cuando estudiaba cine en Londres, siete años antes. La muchacha había decidido vivir en Hackney y “vivir como la gente corriente”:

Conocí a la chica de la canción hace mucho tiempo, cuando estudiaba en St. Martin's College, en una clase de escultura, durante la quincena en la que alumnos de distintas disciplinas exploran otras. Yo estudiaba cine, y ella había estado haciendo algo de pintura, y los dos decidimos hacer escultura durante dos semanas. No sé su nombre. Sería por 1988, así que retomar aquello fue como escribir Historia Antigua”. Jarvis en NME, 2013


Con el sarcasmo como arma, Jarvis ridiculiza la actitud de la chica dirigiéndose a ella, que no optaría por vivir todas las miserias que vive el ciudadano de a pie, y de hacerlo, siempre habría  un teléfono cerca para llamar a papaíto. El videoclip, con de gente corriente y no corriente en loops de cortos movimientos, tampoco tenía desperdicio. El título casa con el del álbum en el que se incluyó, Diferent Class (1995), de doble significado, es decir diferente, referido o no a la clase social. Dentro de esta especie de lucha (relativa) entre arriba y abajo está la anécdota ocurrida en la entrega de los Brit Awards. ¿A cuento de qué invitaron a Michael Jackson? Allí estaba él, autodenominado rey del pop, entunicado en plan mesías de nada, lavando su pedofilia con ecología. En plena actuación, un espontáneo saltó al escenario brevemente y bailó de manera cómica, discordante con toda la gloria de cartón que había allí montada. Era Jarvis, que así rompía la solemnidad vacua de la actuación del americano, que le costó pasar la noche en una comisaría. En primera persona, se explicaba así: 

"Lo que hice fue como protesta a la imagen que Michael Jackson tiene de sí mismo, como una especie de Jesucristo que tiene el poder de curar.”

Lejías a parte, el eco del éxito de Different Class llega hasta nuestros días, y es el más celebrado de Pulp, el más accesible, el más rápido, que no desmerece a temas como las preguntas de hondo calado de “Something Changed”, el llenapistas “Disco 2000” o el fetichismo de “Pencil Skirt”, de muy pocas dobleces.
La fiesta que fue el Britpop se acababa. Los músicos empezaron a separarse, a cambiar erróneamente o tenérselo creído al inflar los esquemas. En este contexto, en 1998 aparece This Is Hardcore, como si fuera el ruido de fondo de una resaca vital. Número uno en ventas, y éxito de críticas de nuevo (Different Class se quedó en el dos en muchas listas). Con más o menos tragedia o ironía, el disco trata de envejecer, los efectos de la droga, rupturas, pornografía, y al fin y al cabo, el precio de la fama. Esta “banda sonora de la guarida de un soltero” es enorme en composición y producción (algo inflada también, en momentos), pero diferente a su anterior. Disfrutarlo entendiendo de qué trata no es una labor fácil del todo. Sin duda el tema que da título al disco, junto con “Help the Aged”, la infravalorada “Sylvia” o “Like a Friend”,  tema que quedó para la película Great Expectations (que no es ni más ni menos que la descripción de esa relación en la que no te deberías haber metido) seguían dando la razón a Jarvis y los suyos. En este punto Russel Senior no estaba de acuerdo del todo, y dejó la banda.


Y luego, ocurrió lo que nadie esperaba. El esquivo Scott Walker accedió a producir un trabajo para Pulp que se llamaría We Love Life (2001). Contra todo pronóstico, ni de lejos llegó a las ventas de sus dos anteriores trabajos, y sin embargo la crítica lo sigue tratando bien, pese al cambio de sonido del grupo. Quizá olvidando de dónde viene el grupo, de cómo lo hemos endiosado, podremos disfrutarlo como merece de una vez por todas. “The Trees” no fue un buen single de presentación. Para cuando “Bad Cover Version”, con su mofa de las canciones tipo “Do They Know It’s Christmas” o “We Are The World” salió, ya era un poco tarde. Y la banda, habiendo tocado otra cima de creatividad y éxtasis con “Sunrise”, se separa.

Los dos álbumes en solitario de Jarvis (Jarvis y Further Complications, en 2006 y 2009) corrieron la misma suerte que We Love Life… Y llegó el regreso. Desde mayo de 2011, y hasta diciembre de 2012 Pulp recorrieron los escenarios de varios continentes. Acabaron la gira en la misma ciudad donde empezó este artículo (bueno, en realidad luego tocaron en Jamaica y Las Bahamas pocas semanas después) en una Sheffield cuya economía se encuentra en una mejor situación. Esperamos que el futuro incierto de la banda nos traiga más conciertos, y discos si es posible, con nuevas historias de esas que pueden ser la tuya y la mía.

sábado, 8 de marzo de 2014

Un Pingüino En Mi Ascensor - Rara Avis del Pop Español (Bourbon Café, Córdoba)


Bourbon Café
Córdoba
08/03/2013
Apareció en Achtung
 
Desde 1985, a la edad de veinte años, José Luis Moro se armó de “un órgano Yamaha de esos de mueble, como los que usan las marujas yanquis para tocar villancicos” y dedicarse a la música. Por el camino encontró a Mario Gil, teclista de Paraíso, Aviador Dro y La Mode. Así se fundó Un Pingüino En Mi Ascensor, rara avis del panorama pop español, y lo es por sus letras, irónicas, surrealistas de lo cotidiano, de pequeñas historias con grandes rimas. También por el formato musical y por la puesta en escena. Un Pingüino En Mi Ascensor (1987) y El Balneario (1988) ya traían debajo del brazo grandes clásicos (“Espiando A Mi Vecina”, “Atrapados En El Ascensor”, “Juegas Con Mi Corazón”, por nombrar algunos). Las canciones, tan, tan pegadizas sin que lleguen cansar, parecen tener como influencias WAQ, New Musik, The Cars, Ciento Bailando (que por breve tiempo fueron la banda de Un Pingüino), Alaska y Los Pegamoides, y en definitiva, todo lo que no sonara aburrido… o si sonaba, darle la vuelta. Tras Disfrutar Con Las DesgraciasAjenas (1989) y El Ama De Casa Estafada Por La Publicidad (1990) las entregas se irían separando en el tiempo. José Luis se iría adentrando profesionalmente en el mundo de la publicidad, y las entregas se irían haciendo intermitentes. De José Luis son spots que han quedado para siempre, y un Premio Ondas por esta labor. En 1999, Pingüimatic, un directo grabado en la Sala Sol de Madrid, indicaba la apuesta por el directo. Aquí encontramos el porqué de la vuelta de José Luis:

“Ha llegado el momento de explicar qué coño hago yo aquí… Yo vivía tan tranquilo en mi retiro espiritual, pero contemplé el siniestro panorama musical que nos rodeaba. Primero fueron los cantautores… luego vinieron los grupos de matrimonios que cantan sevillanas… cuando parecía que ya no había nada peor, llegaron los gaiteros”

La sorpresa en 2004 fue Piromanía, y más y más conciertos en salas grandes, medianas y pequeñas siempre con gran éxito. En esta entrega, más visiones entre bromas y no bromas de la vida diaria, como “Eres Más Complicada Que Armar Un Mueble De Ikea”.

Con un perfil así, estaba claro que no quedaba más remedio que hacer las maletas y viajar a donde fuera a ver qué se cuece en el directo del dúo. En la fría noche del ocho de marzo, El Bourbon Café, en Córdoba, (un escenario del gusto de muchos grandes artistas últimamente) parecía ser el destino para desfogar la melancolía de los años ochenta. Claro, que resultó ser algo más. Para empezar, el VJ nos obsequió con una larga selección de la época, provocando una preocupante mirada al actual panorama de la música española que sale en los medios.

Con tres teclados, ritmos programados y Mario a veces a la guitarra, nada más y nada menos, el público ya estaba en el bote desde la primera canción. El recital fue una mezcla de grandes clásicos, (“Tú Me Induces Al Mal”, “Camp”, “Arzobispo Makarios”, “Mi Café”, “El Sangriento Final De Bobby Johnson” y la imprescindible e inevitable “Atrapados en el ascensor”) y versiones locas como “Me Han Sodomizao” (“In The Army Now” de Status Quo”), “Otro Brick De Don Simón” (“Another Brick In The Wall” de Pink Floyd) o la sorna de “Urdangarín” (“Rasputín” de Boney M)… y “Foie gras” (“Voyage, Voyage” de Desireless). También temas nuevos e inéditos como “Peta Zetas”, para los que se repartieron paquetitos del producto por el público para cantar el estribillo. Hechos como éste, habrán provocado que más de uno equivocadamente hayan dicho de ellos que son cómicos musicales, ninguneando sin razón las excelentísimas composiciones que allí escuchamos con una audiencia que se conocía las canciones y las cantaba o vociferaba con energía eufórica. Mario alucinaba con alguien que en un extremo del público se sabía absolutamente todas.

El recital fue una fiesta que reflejaba el espíritu publicitario; para vender un producto, no hace falta una película, con un anuncio basta, y para una buena canción no hacen falta veinte músicos en el escenario y cuarenta instrumentos y mil luces de colores. La nostalgia de los ochenta se tornó en celebración de una época pasada, y del momento en el que estábamos. De verdad que Un Pingüino En Mi Ascensor despierta pasiones, y provoca sonrisas y risas en sus letras, junto con los comentarios de Mario, y de José Luis que roza o se revuelca en la verborrea, en un tono pseudosolemne, casi arengas, entre canción y canción.
Y La despedida se hizo de rogar tras dos bises (algo a lo que José Luis le gusta parodiar) y el final con “En La Variedad Está La Diversión”, cuyo estribillo reflejaría el espíritu de los congregados allí:

“Y lo pasé bien, Y me gustó un montón
Porque en la variedad está la diversión”

Y digo reflejaría, porque en realidad es un encomio de las relaciones sexuales con cualquier cosa que se mueva o no. Bandas nuevas y no tan nuevas han de tener a nuestro pingüino en mente. Manos De Topo, Hidrogenesse, Los Punsetes, Los Ganglios, todos comparten un humor socarrón, surreal y descarado que les hace deudores de una visión alternativa e irónica del mundo y de la música misma.