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jueves, 21 de mayo de 2015

Maximilian Hecker - Entrevista y actuación en Privatclub, Berlín



Apareció en REVISTA DISTOPÍA (marzo 2015)

Y en mi habitación
toco algunas canciones
para ella mientras se desnuda.
Pero mientras canto empiezo a pensar
En cómo siempre acabo creando
Esta tontería pseudoglamorosa de nuevo.
Y por la mañana sentiré tanto dolor.
Otra vez triste en Gangnam…
“Gangnam Misery” de Spellbound Scenes of My Cure (2015)

En un país asiático, una luz potente cae sobre un escenario. Allí, Maximilian Hecker con el torso desnudo toca al piano una canción mientras desde la oscuridad donde se encuentra el público se suben al escenario un grupo de asiáticas extasiadas a toda prisa, rodeándole respetuosamente mientras él sigue cantando.

MH - Empezó como una broma, como una especie de acto a lo Iggy Pop, pero fuera de lugar, digamos. Quizá pueda significar una manera de mostrar mi vulnerabilidad y de no esconder nada ante el público.

Maximilian Hecker nació en 1977 en Heidenheim, Alemania, y es uno de esos artistas que dejan una huella indeleble. El título de su primer álbum hablaba por sí mismo. Aquellas canciones de amor infinito, sencillas y profundas fueron el comienzo de un estilo personal que apenas ha variado en sus ocho álbumes sin que hasta el momento haya sido capaz de cansar. Reconocido en Europa, en Asia es todo un fenómeno de masas. Viajamos para escucharle directo en una fría noche de enero berlinés, bajo la oscuridad y los focos del elegante Privatclub. Maximilian nos desveló en exclusiva los alfas y los omegas de su creación de la manera más sincera y menos trivial posible.


Distopía - ¿Qué es lo que te lleva a escribir canciones?
MH - Escribo canciones para sobrevivir emocionalmente, necesito desbloquear el camino a mi alma con la ayuda de la música para finalmente expresar lo más profundo de mis anhelos, el de liberar mi alma de mi cuerpo, la búsqueda de lo infinito sin ataduras materiales, el anhelo de unirme a la totalidad perdida. El psicoanálisis lo explicaría como el deseo de volver a ser parte del Objeto A, para llenar el vacío que dejó. Jamás he estado interesado en cambiar mi estilo ni forma de producción. Sólo estoy interesado en las canciones y, en mi opinión, mejorar su enfoque. Mi sonido está condicionado por la fragilidad de mi voz y mi manera de cantar. Desde siempre me ha encantado la producción de The Man Who de Travis y el sonido de los discos de Nick Drake. Supongo que en la mayoría de mis álbumes he intentado acercarme al universo de esos dos modelos. Mis temas son siempre los mismos, me temo; la inhabilidad de amar, el aislamiento, el anhelo, la sumisión, la obsesión, la paz, la eternidad, por nombrar algunas palabras clave.

D – ¿Qué le ocurre a Asia con Maximilian Hecker?
MH - En teoría, puedo estar equivocado, creo que mi música y el pop del este asiático tienen un enfoque similar, el ansia de liberarse de uno mismo de ataduras. También está el tema de las emociones intensas, que en el entorno patriarcal y disciplinado sólo puede liberarse a través de la imaginación y el arte. Cuanto más reprima el día a día las necesidades más narcisistas e individualistas, más se necesita una válvula de escape, creando un mundo paralelo. Esta válvula de escape emocional, sobre todo en el este de Asia, es el arte. La mayoría de sus películas, la música pop e incluso los anuncios son muy románticos y melodramáticos, y tratan casi exclusivamente de los anhelos del ser humano, sobre todo los románticos. La razón por la que me identifico con ello tanto, y viceversa, es que en mi vida diaria, también, tengo obstáculos para sentir. En mi vida diaria soy estricto, cohibido y racional, y esto parece reprimir mis emociones y bloquear el camino a mi alma. 


Parece que represento, para el este asiático, una imagen atípica de masculinidad, porque canto como una mujer [Hecker usa mucho y bien el falsete], y además, tengo una sensibilidad femenina. Sin embargo, ser un sensiblón es precisamente lo opuesto a lo que se espera del hombre asiático. No obstante, mis rasgos faciales, mi barba de tres días no hacen de mí una mujer precisamente, por lo que el resultado puede ser un contraste bien interesante. En el este asiático soy más como un ídolo que ante mis seguidores europeos. Este fenómeno de fans es diferente en Europa. Según mi experiencia, en el este de Asia la gente se siente orgullosa de ser fan, lo muestra abiertamente y se siente feliz por ello. Cada vez que estoy en Asia de gira o de promoción me tratan como a un ídolo, y me encuentro con que, eso pienso, la gente prefiere mirar a la “sombra hermosa y noble” que proyecto en lugar de la persona que soy en la vida diaria. Esto me inquieta y mucho. Me es difícil que me admire gente que no me conoce. De todos modos, es parte de mi trabajo y mi vida, y no me quejo. Encuentro maneras de enfrentarme con el problema.

Maximilian Hecker ha celebrado la entrada del año con Spellbound Scenes of My Cure, otro grandísimo acierto en la misma línea de sus trabajos. El artista nos desvela más detalles de su última creación, una especie de obra conceptual.  

MH - Cada canción trata de un lugar específico de la Tierra; “To Liu Wen, The Opposite House, 3 a.m.” (Beijing), “Love Hotel Hill” (Tokyo), “Gangnam Misery” (Seoul), “Partyworld” (Taipei), “Pearly River Gates” (Hong Kong), “Battery Park” (New York) y “Aoyama’s Glow” (Tokyo). En ellas busco la proximidad de ninfas inalcanzables, instantes en los que el tiempo parece detenerse, un supuesto glamour, un supuesto amor. En otras palabras, lo que busco es la salvación en el mundo exterior. “Untouchable (Kastrup part II)”, “Hennigsdorf” y “Kastrup” (que se pueden considerar metáforas de un aislamiento voluntario) representan la conclusión del álbum, el final de mi búsqueda, haber encontrado una nueva habilidad para encontrar la salvación en mí en el contexto de mis habituales viajes para escapar a oscuros y poco habitados pueblos; Hennigsdorf, al norte de Berlín, y Kastrup, el pequeño pueblo donde está el aeropuerto de Copenhague. Me sorprendo al ser capaz de encontrar salvación y liberación… Liberación de los fantasmas de mi pasado, de mi imagen reflejada en mis semejantes, de mis limitaciones sociales. Nadie puede alcanzarme, mirarme, juzgarme o tocarme en estos lugares, y me siento en un refugio,  abrazado por la soledad de Kastrup y Hennigsdorf, y soy capaz de aceptarme y descubrir un amor hacia mí que antes estaba oculto.


La música de Maximilian Hecker posee un caracter muy singular. Podría decirse que suena como a Sigur Ros, pero con los pies en la tierra, y sin embargo, apuntando al cielo, algo así como los momentos de más sensibles de Coldplay cuando era Coldplay, o Radiohead cuando era Radiohead. En cuanto a contenido, como comprobamos en esta entrevista, está profundamente ligado a la vida interior del artista. Temáticamente, la gran mayoría de sus temas destilan una melancolía infinita, con alguna delicatesen como excepción; “Silly Lily, Funny Bunny” llegó a usarse en un anuncio de telefonía. Este caudal de desdicha casi continua encierra cierta paradoja, aunque estemos hablando de quien crea melodías perfectas con títulos como los días son largos y llenos de dolor o versos devastadores como los de “Today” de su primer álbum:

Y hoy acabaré con mi vida.
Y hoy mi corazón dejará de latir.
Y hoy dejaré el mundo atrás.
Y hoy te perderé para siempre.


MH - No soy una persona ni depresiva ni melancólica. A mí modo, mi música trata de éxtasis, de gozo. Para mí, éxtasis significa ser capaz de sentir. Significa tener intensas y profundas emociones, da igual que sean alegres o tristes. Significa volcarse en emociones melodramáticas. Significa vivir a través del rito de iniciación de una profunda agonía y sentirse libre como nunca cuando esta acaba... es decir,  catarsis. Esto es lo que yo entiendo por éxtasis. En mi vida diaria tengo problemas a la hora de sentir. Mi personaje “sin sentimientos”, disciplinado y racional reprime mis emociones y bloquea el canal de mi alma. Como dije antes. Mi música finalmente me permite desbloquear este canal. Me permite comprender mi alma, mi verdadero yo. Me permite por fin ser libre.


La actuación de Hecker en el Privatclub berlinés fue memorable. Alto, delgado, frágil y elegante, Hecker es un dandy del siglo XXI, y se mueve entre lo divino y lo humano, entre lo narcisista y el exceso de modestia, entre la decadencia, la elegancia de su edén particular, y queda patente tanto en sus canciones como con su presencia y sus palabras. En el escenario, y como reflejo de su carácter sensible e irónico, leyó durante una media hora extractos de The Rise and Fall of Maximilian Hecker, arrancando tanto silencios profundos como risas. El libro, algo más que una autobiografía en planteamiento, contenido y forma, explora los dudosos beneficios de la fama, los rigores del mundo de la música, sus exigencias y la autoexigencia del autor con su creación, y todo ello enmarañado en una montaña rusa, la de sus sentimientos.

MH - No se trata de un título irónico. El libro no trata de altibajos en mi carrera, sino interiores. El ascenso, el momento de despertar, ocurrió en Taipei, en el verano de 2006, cuando al enamorarme de una cantante taiwanesa mi visión del mundo y mi forma de ser parecieron cambiar. Por primera vez en mi vida [Hecker tendría unos veintinueve años] tuve la sensación de haber madurado. Desgraciadamente, consideré a aquella mujer la causa de todo sin entender que lo que sentía en mí era parte de mi ser. Así que cuando ella puso fin a nuestro amor, rápidamente volví a ser el inmaduro de antes. La “caída” trata de mi obsesión con volver a encontrar la puerta de ese “paraíso interior perdido”.


La actuación fue intensa, inspiradora y emocionante, y muy superior a más de una grabación oficial y no oficial. Al piano principalmente, y a la guitarra acústica, el artista desgranó, básicamente, uno a uno los temas de Spellbound Scenes of My Cure. Entre algunas de las canciones desaparecía para dejar como protagonista a la proyección en una pantalla del escenario, de  pequeños cortos para ilustrar las canciones y la narración de la acción interior que relata en su último álbum. No faltó el humor fino, la ironía, y brillaron sobre todo “Gangnam Misery”, quizá el mejor de sus últimos temas, “Kastrup” y el cierre con “I’ll be a Mountain, I’ll be a Virgin”. Tras la actuación, Hecker firmó discos y libros, dirigiéndose a los asistentes muy amable y educadamente. Mientras, en la elegante y oscura sala de fumadores, los peces gordos de la discográfica Kitty-Yo murmuraban entre caladas y sorbos, poniendo precio a lo que no lo tiene. 

Ya fuera, hacía incluso más frío que antes, pero dentro de nosotros quedaba un sentimiento intenso, bello, agridulce pero cálido. No está mal para quien se considera una “disléxica estrella del pop”, ¿no? Ni media fecha para verle en directo en España de nuevo. Si ya nos parecía buena idea visitar Berlín para conocer y escuchar a Hecker en directo, ya tenemos otra razón. A la mañana siguiente y sin razón alguna, nos acordamos de “Help Me”.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Anna Calvi: “La belleza puede ser oscura a veces”

Anna Calvi
Territorios 2014
23/05/14
Apareció en AchtungRevista Distopia
Foto: Juan Antonio Gámez

El fenómeno que es Anna Calvi es grande, y ha impactado en los oídos del buen gusto como un rayo. Su sonido es familiar, pero original a la vez; su música parece salida de una película que David Lynch no ha dirigido con banda sonora de Ennio Morricone, y entre los músicos de la orquesta, P.J. Harvey o Dick Dale. Si a esto añadimos que es una consumadísima guitarrista y posee una voz prodigiosa, profunda y expresiva, nos enfrentamos a un tipo de música de tal envergadura que no es apta para corazones sensibles. La elegancia bella, tenebrosa y majestuosa de sus canciones no deja rincones para prosaísmos. A todo esto le unimos sus letras, que tratan de deseos, sentimientos reprimidos y seducción, todo ello rodeándolo de un halo misterio cautivador, podemos caer en el error de que se trata de una artista de culto de esas difíciles de coger el hilo. Sin embargo, su inteligencia reside en alternar temas fáciles al oído, como “Desire”, o expresionistas como “One Breath”, siempre sin pisar el borde de la música experimental, sin que ello la haga caer en ser gran amiga de las radiofórmulas.
Tal misterio encierra su música que merecía una cita llena de preguntas. 

La edición del festival Territorios de 2014 en Sevilla resultó ser el momento y el lugar ideal. Bajo el sol hispalense, un muy asertivo representante de pelo oxigenado nos pedía que no hiciéramos fotos durante la entrevista, que tuvo lugar en un hermoso huerto de naranjos del Monasterio de La Cartuja. Anna apareció con pasos lentos, vestida de su habitual rojo y negro, que ya forma parte de su imagen, desde la portada de su primer álbum. Con tranquilidad y susurrando respuestas nos explicó más acerca de su atemporal creación, que comenzó a lo grande con Anna Calvi (2011) y continuó con One Breath (2013).

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Foto: Juan Antonio Gámez

Tu primer álbum llevaba como padrino a todo un visionario de la música Brian Eno. ¿Qué crees que vio en tu música?
Creo que le gustó lo romántico y la pasión que hay en ella, eso dijo. También dijo que mi música le parece “inteligente”, lo cual es todo un elogio.
Anna comenzó a tocar desde muy pequeña. Su primera composición, así nos contó, se llamó “Ziggy Stardust and the Rock from Mars” Así que la siguiente pregunta era obligada:

Has hecho versiones de David Bowie, “Lady Grinning Soul” y “Sound and Vision”…
Es uno de mis artistas favoritos. Escucho su música desde niña. Es uno de mis artistas favoritos como cantante, y es increíble como compositor.

Se suele citar una lista interminable de influencias en tu música. ¿Qué piensas de esto?
Se trata de encontrar una expresión, no de intentar sonar como otra gente. Mis influencias llegan hasta cierto punto, pero lo quiero crear es mi propia música.
Esto es un hecho indiscutible, Anna ha creado una voz propia rápida de reconocer más allá de vacías listas de influencias. Su manera de componer, tiene que ver mucho en ello

¿Sueles componer de una manera específica? ¿Qué es lo que te provoca el deseo de componer?
A veces me inspira algo de música que escucho de repente, o de una película… o algo inspirador que escucho de alguien. Otras veces cuando tengo tiempo y me apetece, me siento y me dedico a ello… Normalmente cojo la guitarra y grabo cantando y tocando, y de algún modo aparece un tema musical de forma natural, y luego voy dando forma.

¿Cuál podría ser una de las canciones con la que estés más satisfecha?
Bueno, eso depende, en realidad… Me encanta tocar “Love Won’t be Leaving” en directo. Es diferente cada vez que lo hago…

Tus dos álbumes son similares en sonido, aun teniendo a dos productores diferentes…
Supongo que se trata de una especial de continuación lógica.

¿De qué trata tu música?
Depende de la canción, aunque creo que se trata de crear una atmósfera en la que adentrarse de alguna manera para que la música te cuente la historia a través de la letra hasta transmitir una emoción sincera.

Has creado un sello de misterio en torno a tu creación que se refleja tu imagen, tu música y tus vídeos…
¿Misterio? Sí que lo hay. El misterio despierta la imaginación, y no hay nada mejor que mantenerla despierta.

“The Bridge”, el último tema de tu segundo disco es muy diferente a los demás que habías hecho hasta el momento.
Siempre quise componer una pieza coral. Escuchaba mucho en ese momento a Rachmaninov, y había visto unas imágenes de un puente derrumbándose, y pensé que era una imagen de gran belleza, aunque a la vez triste. La imagen encierra una metáfora cargada de intensidad.

¿Llevan tus canciones un mensaje?
Quizá el de no tener miedo a sentir intensamente.

Dos de tus temas que interpretas, “Jezebel” and “The Devil”, hacen referencia al Diablo. ¿Qué significa para ti?
Me fascina la idea de estar fuera de control, y, supongo, que veo al Diablo como una especie de metáfora de esta experiencia; no confiar en ti mismo. Esto puede llegar a ser fascinante y aterrador, como una especie de álter ego.

¿Hasta qué punto es un condicionante que tus padres sean psicólogos?
Creo que esto me dio la fuerza para ser introspectiva y emocional y está claro que repercutió radicalmente en mi manera de expresarme en términos generales, incluyendo mi música.

¿Cómo podemos combinar tu música, tan introspectiva y profunda y llena de emoción, con tu vinculación con el mundo de la moda, que siempre ha estado visto como un entorno trivial?
Sentir elegancia y belleza no impide poder expresarte, no tiene una repercusión negativa. Para mí, subir al escenario es una especie de idilio; arreglarme, preparar mi cuerpo, la manera en que se me va a ver a la hora de esta pasión… Esto me ayuda a conseguirlo.

Un crítico ha dicho de ti que has nacido para “grabar un gran álbum conceptual algún día”.
Todos los álbumes son conceptuales; capturan un momento de la vida en la que estás sintiendo ciertas emociones en concreto, y es inevitable transmitirlas… pero no llegaría a pensar algo como…”voy a grabar un álbum conceptual sobre gatos”

Sobre tus actuaciones, se ha dicho que eres “intensa”, “seductora”, “sublime”. ¿Hay una intención detrás de todo esto?
No, todo es natural. Creo que funciona, hace que la gente sienta algo.

Con tantas buenas reseñas de tu música en estudio y en directo, ¿cómo llevas la modestia?
Con toda seguridad, no me considero infalible. Soy muy exigente conmigo misma. No sólo ha habido buenas opiniones, también ha habido malas. Lo correcto es dejarlo todo a un lado y ser tu propio juez.

Después de ir de gira tan intensamente, ¿sigues disfrutando de tus actuaciones? ¿Alguna que tengas un recuerdo especial?
Sí, me sigue encantando tocar en directo. Disfruto sobre todo cuando sientes que la audiencia está deseosa de ir a una especie de viaje contigo, y tú con ella, y ese momento está lleno de energía, y no siempre ocurre, pero cuando ocurre, es algo extraordinario. Me encanta tocar en París. Hace poco toqué dos noches en Le Trianon, que es un antiguo y hermoso teatro.

¿Alguna anécdota de tus actuaciones?
Lo más fuerte que me ha pasado en un escenario… Estaba tocando un solo de guitarra, e incliné la cabeza hacia atrás, tanto que caí sobre la batería… en mitad del solo…Tuve que seguir con el solo sobre el suelo, e intentar crear algo de aquello. En ese momento no me di cuenta, pero al salir del escenario, estaba llena de cortes y moratones. ¡Aquello fue muy de rock and roll!

En el escenario has aparecido vestida de cordobés y con traje de luces.
Sí, alguna vez. Me gustan los trajes, están llenos de energía y fuerza, y llenos de romanticismo. Me gusta jugar con qué es sentirse hombre y mujer a la vez. En cuanto al traje de luces, supongo que me inspiró en algún momento. La verdad es que no lo pensé demasiado. Simplemente me gustaba. No es que esté a favor de la tauromaquia, de hecho soy vegetariana.

Se dice de tu música que es como tus mirada, profunda, bella y oscura.
Es importante tener un algo… que inspire belleza en cualquier cosa que haces, y con esto no quiero decir belleza física. La belleza puede ser oscura a veces.

A las nueve y media de la noche, apareció el diminuto volcán de pasión listo para la erupción que es Anna Calvi en el escenario de Territorios, calzada con unas botas negras, una camisa roja y un abrigo largo, dispuesta a convertirse en una de las estrellas del festival. La de Twickenham se mostraba por primera vez al público hispalense. Comenzando con “Suzanne and I”, Anna demostró que los escenarios también son suyos, y que despliega más fuerza con gran soltura en él con sus introspectivas canciones. La banda compuesta por dos músicos (uno a la batería, otro al teclado y otros menesteres) que le acompañan también a las voces lo hacen a la perfección. “Eliza” le siguió con la misma intensidad y ganas. “Sing to Me” trajo un momento más tranquilo y profundo; sus temas, basados en algo más que en tensión y liberación cobran efecto en directo también entre ellos, haciendo de la actuación una experiencia completa. Su música, tan cerebral e instintiva cobra sentido allí, con Anna, como una especie de Jimi Hendrix (tal es su estilo tocando) que aprendió a componer como Jeff Buckley. En “Carry me Over” el micrófono le jugó una mala pasada enmudeciendo. Mientras se arreglaba, Anna acompañadísima de la banda improvisa “Misirlou” de Dick Dale and his Del-Tones. Parece que nada puede con ella allí arriba, que no sea un repertorio limitado por dos álbumes y el impío horario del festival. Tras “Desire” y la, en ese momento, contradictoria “Love Won’t be Leaving”, la británica se despide dejando al público satisfecho y con ganas de más.

Así es como es Anna Calvi; aún con más prestigio que fama (lo cual le agrada, nos contó) demostró con una voz, la que escondía durante la entrevista entre susurros y risas tenues pero cálidas, que es una artista íntegra y honesta. Lo que nos traerá en el futuro en forma de sonido y sentimientos, nos contaba, ni ella lo sabe. Difícilmente nos dejará fríos, como aquella noche de mayo nos dejó.

viernes, 20 de junio de 2014

Karl Bartos en Hamburgo - Cerrando el Círculo

Karl Bartos
Grüespan
Hamburgo
31/01/14
Apareció en Achtung
Fotos: Stefan Malzkorns y Antonio Jesús Reyes


 Lejos de ser una ciudad decadente y meramente portuaria, a Hamburgo la adornan miles de modernidades. Allí mismo nos dirigimos para cerrar el círculo que comenzó con el lanzamiento en marzo del año pasado de Off The Record de Karl Bartos y la actuación en el Sonar de Kraftwerk en junio en Barcelona. Recapitulando, Kraftwerk nació como un grupo de rock progresivo electrónico y alemán, es decir, Krautrock. Tras tres álbumes aún inéditos, el éxito de Autobahn (1974) fue enorme y transatlántico. La calidad y el eco de Radioactivity (1975) y Trans Europe Express (1977) aún resuenan, sin embargo lo que quedaba por llegar no fueron en absoluto obras menores. Los fundadores Florian Schneider y Ralf Hütter decidieron escuchar lo que tenía que decir Karl Bartos en materia compositiva. Así pasó Bartos de encargarse (junto con Wolfgang Flür) de la mera percusión electrónica a también firmar las canciones de Kraftwerk. Esto supuso que quedara la impronta de Herr Karl en la mitad de los álbumes, es decir, en más de la mitad de los temas más recordados de la banda incluidos en The Man-Machine (1978), Computer World (1981), el single Tour de France (1983), Electric Café (1986) y los remakes de The Mix (1991). Esto significa que la banda le debe muchísimo del premio Grammy a toda la carrera que en este mismo mes de enero se le ha concedido. ¿Qué ocurrió cuando Bartos dejó Kraftwerk por no aguantar la lentitud (o excesivo cuidado) del trabajo? Kraftwerk tardó doce años en publicar un álbum, el aburrido Tour de France Soundtracks (2003) que siguiendo la misma senda del single Expo 2000 (1999) confirmaba que la magia había desaparecido casi por completo. Bartos, mientras tanto, ha estado explorando el techno-pop (del que fue uno de los padres) y el pop con acierto, siempre en movimiento, y sin aburrir, bajo el nombre de Electric Music, Electronic y el suyo propio, rodeado de lo mejorcito del pop. Sus dos últimos trabajos son Communication (2003), que aunque algo lineal no está exento de grandes momentos, y Off the Record (2013) que nos pilló por sorpresa. Karl recopiló grabaciones que procedían décadas anteriores y que no llegó a usar en su momento para así crear una obra de ellas, es decir un gran álbum.

Demasiadas preguntas y grandes canciones en solitario y con Kraftwerk como para rechazar la tentación de viajar y ver en directo a uno de estos, digamos, Beatles electrónicos. La cita fue en Grüenspan, un local ni grande ni pequeño, elegante, moderno y de muy buena acústica. Andando hacia el lugar de la actuación, algunas fachadas de neón nos eran muy familiares. Averiguaríamos el porqué durante la actuación. Una vez en Grüenspan, a pocos minutos de la actuación y desde la primera fila, percibimos que el rango de edades era bastante grande, si bien un gran número rondaba los cuarenta. Junto al escenario, una adolescente de, como mucho, veinte años, esperaba pasárselo en grande. El fondo del escenario, tres enormes pantallas juntas proyectarían atractivas imágenes (en 2D) de temática afín a las canciones, pero antes, y con sonidos electrónicos de fondo, sólo reflejaban sobre un fondo verde interferencias de otros tiempos. El recital comenzó con la llegada de Mathias Black a la izquierda del escenario, luego Robert Baumanns a la derecha. Saludando entró Herr Karl arrancando con la fuerza de “Numbers”/”Computer World” de Kraftwerk. Un comienzo contundente al que le acompañaron dos temas de su obra en solitario, “The Camera” y “I’m the Message”, enormes sucesores de “The Robots” (Los arreglos de este último tema arrancaron una gran ovación entre el público) La celebérrima “The Model” y “Trans-Europe Express” también se hicieron oír, siendo este último tema el único que no estaba firmado por Bartos de todo el recital. Durante “The Model” además de modelos femeninas de tiempos pasados, aparecieron Karl y Wolfgang Flür a la percusión, de jóvenes, sin rastro de Florian y Ralf, mismo tipo de omisión que hacen estos en sus proyecciones. En cuanto al sonido, y al igual que en los conciertos de Kraftwerk de hoy en día, es difícil saber qué está pregrabado y qué no. En este caso, la balanza se inclina a favor de nuestro protagonista de esta noche. Los temas pretéritos se sucedieron, y no fue hasta el undécimo, “Atomium”, cuando Herr Bartos comenzó a mostrar los nuevos temas, los de su flamante Off the Record. Le siguió la fascinante “Nachtfahrt”, la llamada directa a la pista de baile de “Musica Ex Machina” y el techno-pop perfecto de “Without a Trace of Emotion” cuyo videoclip se proyectó tras los tres protagonistas de la noche… y en cuyas imágenes se ven unos edificios familiares y luces de neón, que son ni más ni menos que las de la avenida perpendicular a la calle donde nos encontrábamos, Reeperbahn, en Sankt Pauli, parte del barrio rojo de Hamburgo. Tras esta canción que refleja la agridulce fama de Herr Karl, el quinto tema de Off the Record fue, “Rhythmus”, luego “Life” para el que Bartos dejó los teclados y demás aparatos y se fue al extremo derecho a cantar, esta vez ya sin máculas ni voces robotoides acompañándole. “Life” era una de las apuestas de pop con sintetizadores de Electric Music, una apuesta que ganó en estudio y allí mismo en el Grüenspan.

Quizá la cresta de la ola de la noche fueron los tres temas siguientes, “Computer Love” junto a “Pocket Calculator” y “Tour de France”. Nuestra adolescente de primera fila así lo atestiguaba con euforia. Tres temas de Communication (2003), “Interview”, la warholiana “15 Minutes of Fame” y la robótica “Ultraviolet” parecían cerrar el concierto. La vuelta de nuestro trío electrónico de la noche fue “Neon Lights”, del gran The Man Machine (1978). No fue suficiente y los músicos volvieron para despedirse del Grüenspan con “TV”, de la encarnación de Bartos como Electric Music, una canción y/o título que bien podría haber entrado en Computer World, y que por su calidad y temática, es un agujero negro en la discografía de la banda. Los asistentes pudieron acabar la noche llevándose un autógrafo y estrechando la mano de uno de los músicos que desde los años setenta ha puesto banda sonora al futuro que nos alcanza y pavimentado el camino de la música electrónica. Kraftwerk y Bartos perdieron con la salida de este del grupo; se centran en dar conciertos por todo el mundo, pero una vez en estudio su rendimiento es escaso en número e interés. Su música ha perdido la melodía y el encanto. Por otro lado Bartos está eclipsado por las canciones y el nombre de aquella, su primera banda. Sin embargo esto no es una tragedia. En caso de elegir uno u otro, elijamos los dos.

Saliendo del Grüenspan, nos informan de que justo al lado hay un club llamado Indra. Allí, unos imberbes de Liverpool comenzaron a tocar profesionalmente por primera vez en agosto de 1960. Este mismo grupo en este mismo enero también han sido galardonados con el mismo premio en la misma ceremonia que Kraftwerk. Hamburgo bien merece más de una noche.

sábado, 15 de marzo de 2014

Suede en Razzmatazz 2013


Suede
Razzmatazz
Barcelona
05/11/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes y Xiang Taoying


Después de siete años sin hacer nada juntos, estos músicos abanderados de aquella ecléctica etiqueta del Brit-pop realizaron una gira de grandes éxitos en 2010 que olía a despedida, y que, sin embargo dieron paso a visos de volver, como aquella declaración en la que Brett en la que afirmaba que volverían a grabar, pero que sólo saldría a la luz si resultaba ser realmente bueno. Así regresaron editando Bloodsports (2013) con el espíritu de las canciones del discazo que fue Coming Up (1996), y algo, no mucho, de Dog Man Star (1994). Así fue como estos músicos de la Pérfida Albión volvieron a la carga y no han parado en los últimos tres años.

Ya los vimos allí mismo en la Sala Razzmatazz, en la antes mencionada gira de regreso, así que volvíamos al mismo lugar para lo mismo pero con Bloodsports de por medio, que goza y con razón del beneplácito de la crítica, las listas de ventas, y como se vio y vivió allí, de los seguidores de la banda, los nuevos y los de siempre. La edad del público rondaría entre los cuarenta y los veintialgo, dejando patente que el legado de Suede y su nuevo disco han dejado huella. Entre ellos, y pegado a la barrera (the barrier!) un jovenzuelo lee un libro de David Bowie de la Editorial Los Juglares, publicado mucho antes de que existiera él o Suede, que ya hace tiempo que son algo más que descendientes del legado de cierta época de Bowie, o de los Smiths y demás. Nunca es mal momento para ilustrarse un poco. En la cortina del fondo del escenario estaba proyectado el nombre de la banda con colores que cambiaban según las portadas los de los álbumes que han publicado hasta la fecha. Desde los altavoces, de repente, y casi puntual, la intro de la banda, Rachmaninov, ni más ni menos, como en la gira de Head Music, y entonces aparece Suede de una vez. Lo normal es empezar un concierto con una canción para calentar motores, sin embargo, y no es la primera vez, Suede comienzan con una canción de Dog Man Star, lenta y hermosa y de crescendo lacerante que es “Still Life”, con un Brett Anderson dándolo todo, que sería la tónica del concierto. Con “Barriers”, primer single de Bloodsports, abre el desenfreno entre los presentes que llegaría con más del mismo álbum, como “It Starts and Ends with You” y legendarios como “Trash” y “Animal Nitrate”.

La cosa se puso seria luego, muy seria con “Sometimes I Feel I Float Away”, con Brett Anderson, la cara de Suede como no lo habíamos visto antes, interpretando (en ambos sentidos) de una manera magistral sintiendo la canción, sudando y temblando, reflejando la crisis interna del personaje de la canción. Gratísima sorpresa la de incluir “Killing of A Flash Boy”, una cara B de Dog Man Star, que fue uno de los puntos álgidos de la actuación. Y es que Suede en los noventa dio en muchas ocasiones muchas caras B mucho mejores que algunas incluidas en los álbumes, como una de las siguientes, “My Dark Star”, del enormísimo “Stay Together”. Otra sorpresa fue “Heroin”, escondida en las sesiones de Head Music (1999) e interpretada por primera vez en directo en el Razzmatazz en aquel momento. Este tema nos recordó a la carrera de Brett Anderson sin Suede. Con The Tears, el proyecto no acabó de cuajar contra todo pronóstico, y su carrera en solitario tampoco… en un claro ejemplo del lamentable síndrome que sufrió Bowie con Tin Machine, donde el nombre del intérprete importa más que sus canciones. Sin embargo, la esencia de Suede en directo es Brett, los demás músicos pasan a un segundo plano, un brillante segundo plano, pero es que Anderson no para en el escenario; salta, baila, gesticula, se acerca para tocar al público con la mano, hunde la cara en el público mientras canta, y sin dar tregua. “So Young” trajo consigo algo ya usual en el directo de Suede desde sus principios; al final de la canción, mientras el tempo se va haciendo más lento, el micrófono vuela al compás de la música, alrededor de Brett Anderson atándole con el cable, acabándose justo a la vez que la canción. No faltó “The Beautiful Ones”, amagando despedida, y “New Generation”, revelador título viendo a los presentes, que fue el único bis con el que Suede dijeron adiós, dejándonos satisfechos pero con ganas de más. Paradojas del rock, amigos.

El recital no fue un himno a la nostalgia de los noventa, sino la celebración de la continuidad de la vigencia de las canciones de antes, y las de ahora, y prueba irrefutable del estado de salud de la banda sobre las tablas. Que las canciones de decadencia urbana de primera clase continúen, y así de bien.

martes, 31 de diciembre de 2013

Kraftwerk en Sonar 2013

Kraftwerk en Sonar 2013
Fira de Barcelona
Barcelona
14/03/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes
 

De nuevo en movimiento a tierras lejanas de punta a punta de la península, nos asaltan preguntas de hondo calado como la de que si Barcelona és bona si sona el Sonar. Tras el trance del vuelo, en el aeropuerto los conos de señalización nos recuerdan nuestra misión allí; ver cómo han evolucionado dos generaciones de la música electrónica. Kraftwerk y Pet Shop Boys actúan el vigésimo aniversario del festival de música electrónica. Conos adornaban las primeras dos portadas de Kraftwerk, y los surrealistas Pet Shop Boys, los llevaban en la cabeza, allá por los noventa, cuando decían se autodenominaban la alternativa al Britpop.
Claro que hubo más actuaciones y evento en los tres días que duró el festival, como Skrillex, Bauer, MajorLazer, o Beardy Man, Darkstar (presentando Gold) y mucho DJ. ¿Crisis? Las entradas no eran para todos los bolsillos que no fueran extranjeros, se dice,y es que claro, poderoso caballero es Don IVA.

La organización funcionó, y no fue del todo difícil llegar al escenario donde los padres del techno iban a actuar. Lo de padres ya va siendo una etiqueta que se la lleva el tiempo. Tantas están siendo las reencarnaciones del género que crearon, que bisabuelos estaría más correcto. Stockhausens aparte, Kraftwerk plantaron el ABC de lo que vendría después. No era la primera vez que iban al Sonar de Barcelona. En 1998 actuaron allí, con sus robots bajo el brazo. ¿Los traerían esta vez? Mientras caminábamos dentro ya del recinto, uno de tres señores bien gordotes con cajas enromes nos paró haciendo una señal con la mano y de una de estas cajas nos hizo entrega de unas gafas de tres dimensiones… ya lo habíamos olvidado. En la oscuridad del lugar del concierto y ya bajo techo, llegamos a la primera fila para retroceder… mejor así, había que ver la pantalla completa, no a los miembros del grupo… esto no era un concierto de Led Zeppellin, la acción estaba también fuera de los cuatro atriles de Kraftwerk que iban apareciendo; estábamos a punto de presenciar “Kraftwerk 3D”. De estos atriles de ciencia-ficción, sólo uno sería para uno de los fundadores de la banda, Ralf Hütter. Junto a Florian Schneider, que dejó Kraftwerk en 2008, Hütter llevó a la banda desde sus inicios en el Krautrock en 1970 (meinGott!), con la inestimable ayuda de Karl Bartos, desde 1975 a 1986, un apoyo que aún no ha sido valorado debidamente. Karl dejó la banda tras The Mix (¡sin que en los créditos se le mencionara!), con un legado en la banda más que notable.

De repente, nos acordamos de que en el mismo festival estaba en cartel Atom TM (Uwe Schmidt), creador del Señor Coconut, que llevó las canciones de Kraftwerk a los ritmos latinos, y de repente, una ovación que fue grandísima en el recinto abarrotado de la Ciudad Condal suena al ver entrar a los nuevos Kraftwerk, enfundados en una especie de traje de ciclista en plan Tron. El concierto comenzaba con el ritmo de “The Robots” ralentizado, y con la audiencia ya metida en el bolsillo durante dos horas. El escepticismo del 3D pasó rápido; en la pantalla aparecían los robots (perdón, androides) de The Man- Machine moviéndose impasiblemente haciendo del efecto 3D un éxito. Cuando uno de ellos, el más próximo a la cámara se gira, fue como si un gran brazo se moviera por encima del público. Estamos frente a un grupo y unas canciones tan influyentes como las que más, presentando sus clásicos, y con un formato de miedo. Los temas que siguieron eran como para quitar el hipo, y cada uno de ellos bien acompañado por sus correspondientes imágenes en 3D… Mirar hacia atrás era un poema; miles de caras con gafas de cartón blancas mirando el espectáculo.

En el repertorio hubo mucho de canciones que Hütter y Schneider compusieron con Bartos, y fueron las mejor recibidas, como “The Model”, “Numbers”, “The Man-Machine”, o “Space Lab”, en la que la pantalla 3D hizo del lugar una nave espacial con vistas al planeta tierra. “Vitamin”, de Tour De France Soundtracks (2003), el último álbum de Kraftwerk hasta la fecha, tuvo una gran recepción del público a las palmas. Hubo momentos intensos como en “Radioactivity”; desde su nueva versión en TheMix ,nombra centrales nucleares en las que se produjeron accidentes. Ahora sustituyen en uno de los versos “Hiroshima” por “Fukushima”. Lo que fue un homenaje a la ciencia, se torna denuncia o advertencia. Otro gran momento fue el solemne comienzo de “Trans-Europe Express”, y el imprescindible “Autobahn”, primer éxito del grupo en 1974; en la pantalla gigante, se recreaba la portada del álbum con aquellos viejos autos en movimiento por la autopista visto desde numerosos ángulos. También hubo un momento extraño, el de “Music Non-Stop”, en el que la audiencia (de la que se esperaba más movimiento, todo sea dicho) cantaba“boing boom tschak! boing boom tschak! Peng!”, que aparecía en imágenes. ¿Será éste el Wop-bop-a-loom-a-blop-bam-boom del techno? En la pantalla, imágenes del videoclip, con honores sólo a Schneider… ¿¡Quién se acuerda ya ni siquiera de Wolfgang Flür!? Con “Expo 2000”/”Planet Of Visions” acaba la actuación, y los nuevos miembros dejan tras un solo sintético el escenario uno a uno, saludando al público desde la esquina derecha. Hütter termina el suyo y deja el escenario con una sonrisa, y donde los demás se despidieron, levanta la mano, hace una reverencia y da las gracias.

Las actuaciones de Kraftwerk significan el éxito de The Mix (1992); al quedar la obra del grupo perfecta e impoluta, pero enmarcada en una época, era necesario volver a crearlas saliendo airosamente o triunfalmente llevándolos a un nuevo tiempo. Tal hazaña, tal atrevimiento se demostró en 1992, y en las posteriores giras, siendo testigo el directo Minimum Maximum (2005) hasta llegar a la que nos ha dado la posibilidad de verlos en Sonar, donde dudamos que algún artista ignore que todo lo que hace ya había sido señalado de lejos o de cerca por estos alemanes.

Buenas noticias sin confirmar: Hütter ha anunciado que sus primeros álbumes de Krautrock, los tres anteriores a Autobahn (Kraftwerk 1, Kraftwerk 2 y RalfUndFlorian), van a ser reeditados, eso sí, con décadas de retraso, tras haber renegado de ellos. Y otra noticia más del mismo Hütter, que después de haber presentado “1 2 3 5 5 6 7 8” (es decir, sus álbumes oficiales), es hora de crear el 9. Esperamos que se confirme, y que abandonen la senda que marcó Tour De France Soundtracks, es decir, que haya más melodía y menos ritmo, como cuando Bartos estaba con ellos, innovando y diseñando el camino para gente como Depeche Mode, OMD, Eurythmics, New Order, David Bowie, Duran Duran, Moby, Prodigy o Pet Shop Boys, a los que veinticuatro horas después veríamos… pero eso es otra historia… Una vez de vuelta, en uno de los periódicos, se anunciaba con una foto enorme un concierto de Alejandro Sanz, y en la página siguiente, una instantánea de los alemanes… coyuntura y estructura.

viernes, 19 de abril de 2013

En Concierto - The Beach Boys en Barcelona (23 de Julio de 2012)


Poble Spanyol
Barcelona
23/07/12
Apareció en Achtung
Fotos: Mónica Do-allo.

La expectación en la Ciudad Condal era grande, y no era para menos. Los miembros fundadores de The Beach Boys juntos por primera vez en casi veinte años, a cincuenta de su firma con Capitol Records estaban a punto de tocar el escenario. Dos días antes, habían tocado en Hoyos del Espino (Ávila), y ahora el lugar fue el museo al aire libre del Poble Espanyol, en la montaña de Montjuïc, donde un julio de 2005 ya había tocado Brian Wilson. Las colas enormes ya eran enormes antes de una hora del concierto. Las reseñas de anteriores conciertos buenísimas, y así fue en Barcelona también. Con un repertorio de cuarenta y cinco temas (grandes éxitos en su mayoría, y grandes ignorados también), poco lugar tuvieron los asistentes al concierto que llenaron totalmente el lugar para echar de menos algunos temas del repertorio cambiante de esta gira.


La media hora de retraso del comienzo del espectáculo estuvo aderezada con un hilo musical de clásicos, casi todos de los sesenta, como The Ronettes, Glen Campbell o The Turtles. Buena manera de ir calentado el ambiente de la tarde, en la que el calor no fue un problema. Tras algún escarceo, la banda que hizo y hace historia en la música pop apareció por fin con el descriptivo “Do It Again”, aquel single que les debió haber vuelto a su fama cuando ésta empezaba a decaer, cuando los tiempos musicales estaban cambiando para ellos. Un total de trece músicos pobló el escenario, armados de todos los instrumentos que eran necesarios para presentar en vivo temas tan distintos como “Little Honda” y cualquiera de Pet Sounds. El arma definitiva de las dos generaciones de músicos era evidentemente las voces. No olvidemos que los Beach Boys es una banda eminentemente vocal, y en este sentido no decepcionaron. Pese a tener a un Brian Wilson ajado por el tiempo y la ausencia de sus hermanos fallecidos, las harmonías clásicas estuvieron presentes y Brian tuvo, como era de esperar, sus momentos de gloria, siempre parapetado tras un piano blanco, y un gesto hierático en su rostro la mayoría del tiempo. En general, sin muchos arreglos diferentes a los originales, los trece músicos supieron actualizar el sonido y darle más vigor, el necesario para presentarlos en vivo y responder a la energía que el público entregado totalmente emitía.

El repertorio no tenía desperdicio. Sus primeros ocho temas fueron sus himnos tan coreados desde siempre dedicados al surf, que acabaron con “It’s OK”, single aún por descubrir por la mayoría del público medio, con Brian cantando su glorioso ‘find a ride, find a ride’ que cerraba la canción y así, la primera parte, que sin pausa dio paso a otros superclásicos como “You’re So Good To Me”, que fue bien recibida por el público nada más empezar. “Getcha Back” un tema de los ochenta también fue bien recibido, pese a ser de sus últimos discos, aquellos que nos dejaron con ganas de más o de mejor.
Alan Jardine mantiene intacta la energía vocal de antaño, al igual que Bruce Johnston, que no cesó de animar al público. David Marks, que fue expulsado del grupo surrealistamente en 1964 por el primer manager de la banda, el padre de los Wilson, manejó la guitarra sacando nuevos solos, muy diferentes en estilo a los de antaño. Mike Love fue el protagonista de la noche, aceptémoslo, el tan polémico y guasón cantante de la voz nasal, pese haber protagonizado episodios que no deberían pertenecer al mundo de la música en múltiples tribunales, no ha parado de llevar el nombre de la banda con más popularidad que prestigio. Mike saludaba y hacía gestos a los que ocupaban las primeras filas. También dirigió unas palabras al público poniendo a prueba con Alan su pronunciación de ‘bona nit’, saludando a su sobrino Kevin Love, de los Minnesota Timberwolves, que asistía al recital. También unas palabras dedicadas a la soberanía del pueblo catalán. Así es Mike. Los fans odian amarle o aman odiarle. El caso es que se metió al público en el bolsillo con tal comentario, y una gran ovación llenó el lugar.
El repertorio siguió corriendo. Alan animó al público a que ayudaran con las harmonías de “Come Go With Me” y “Why Do Fools Fall In Love”, para deleite de todos los presentes. Era un hecho consumado, ya en este momento, la unión de público y grupo.

Poco después, llegó el momento de aquellos temas de jóvenes y sus coches de carreras, que culminaron con “I Get Around”, cerrando la temática. La intimista “In My Room” le siguió, y luego sonaron un grupo de canciones de los setenta que sin que llegaran a escalar en las listas de ventas, el tiempo las ha llenado de renombre, como “All This Is That” o “Sail On Sailor”, un himno a resistir en tiempos difíciles y seguir adelante, con Brian a la voz principal (¡Quién mejor que él!), que también interpretó la siguiente, “That’s Why God Made The Radio”, la única canción de su último álbum en el concierto. Después, dos temas inesperados, o casi, “Heroes And Villains” y el clásico de The Mammas And The Pappas,California Dreaming”, sencillo en 1986. Sin pausa alguna aún, una sección del repertorio fue directa a Pet Sounds, del que “Wouldn’t  It Be Nice” fue una de las más coreadas por los presentes en todo el concierto. Luego,  la legendaria “Good Vibrations”, y muchos más temas históricos por ver y vivir, como “California Girls” (“Catalunya Girls” para Mike). Parecía acabar todo con los inevitables “Barbara Ann” y el inevitable “Surfin’ USA”. Ni quince minutos y volvían con tres temas más, poniendo final a la velada con “Fun, Fun, Fun”. La banda se despidió de los presentes y el hilo musical sonó de nuevo. Su instrumental “Summer Means New Love” marcaba el final de un concierto para no olvidar.

Los que seguimos las andanzas de esta gira echamos de menos la pantalla en la que en otros conciertos se han proyectado a los Wilson fallecidos, Carl y Dennis, con la voz aislada de la grabación original para que la banda interpretara con ellos “Good Vibrations”  y una de las mejores baladas del grupo, firmada por Dennis, “Forever”, un tema llamado a ser un clásico no sólo de la banda.
La veteranía, ventaja y desventaja del grupo, hizo de la actuación una lección a las generaciones presentes y venideras. Estamos hasta arriba en las radiofórmulas de grupos que nunca llegarán a cumplir los cincuenta años actuando, y sus canciones durarán poco en nuestros oídos y corazones. Todo esto está cumplido por los Beach Boys. Por si fuera poco, pertenecen a una generación que cogió la herencia del rock and roll y lo transformó a su gusto con la vista puesta en las listas de ventas y, adrede o no, para permanecer en la historia de la música, para dejar una huella permanente.

El tiempo y el directo le ha dado la razón, y lo demostraba lo heterogéneo del público, con un rango de edades que comprendían el mismísimo aniversario que el grupo trajo a Barcelona. Dos menuditas italianas de apenas diecinueve años ataviadas con camisetas amarillas con el logo de la banda, y junto a ellas, una pareja de avanzada edad de California daban fe de ello. Al igual que con su último disco, el recital fue una mezcla de añoranza y carpe diem por igual, y sin lugar a la nostalgia mal llevada.
Los que allí nos congregamos nos emocionamos, saltamos y bailamos durante dos horas y veinte minutos de actuación. La generación de hoy en día, debería tomar nota de estos chicos de la playa, no tan chicos ya ni tan playeros como muchos piensan.

Al bajar de Montjuïc, en la mente de algunos asistentes la broma fácil que tuvimos que oír por parte de los que sólo asocian al grupo con su edad y un vacuo elenco de ideas mal concebidas. Aquellos que se burlaron cuando les anunciamos que íbamos a ver a estos pioneros se lo han perdido.

Quien ríe el último, ríe mejor, y sin duda, este era nuestro gran y flamante momento.  Sus canciones que son la promesa de un lugar y un tiempo mejor nos llenaron los oídos y el corazón. Y no es de extrañar, ya que casi todas vienen de alguien que, credos a un lado, afirmó:
“Lo que me ha permitido seguir adelante es lo mismo que me hizo escribir “Surfin’” hace tantísimos años. Quería escribir música optimista que hiciera sentir bien a quien la escuchara. Música que ayude y que cure, porque creo que la música es la voz de Dios”
Y por eso Dios creó a los Beach Boys, pensamos más de uno.