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jueves, 21 de mayo de 2015

Maximilian Hecker - Entrevista y actuación en Privatclub, Berlín



Apareció en REVISTA DISTOPÍA (marzo 2015)

Y en mi habitación
toco algunas canciones
para ella mientras se desnuda.
Pero mientras canto empiezo a pensar
En cómo siempre acabo creando
Esta tontería pseudoglamorosa de nuevo.
Y por la mañana sentiré tanto dolor.
Otra vez triste en Gangnam…
“Gangnam Misery” de Spellbound Scenes of My Cure (2015)

En un país asiático, una luz potente cae sobre un escenario. Allí, Maximilian Hecker con el torso desnudo toca al piano una canción mientras desde la oscuridad donde se encuentra el público se suben al escenario un grupo de asiáticas extasiadas a toda prisa, rodeándole respetuosamente mientras él sigue cantando.

MH - Empezó como una broma, como una especie de acto a lo Iggy Pop, pero fuera de lugar, digamos. Quizá pueda significar una manera de mostrar mi vulnerabilidad y de no esconder nada ante el público.

Maximilian Hecker nació en 1977 en Heidenheim, Alemania, y es uno de esos artistas que dejan una huella indeleble. El título de su primer álbum hablaba por sí mismo. Aquellas canciones de amor infinito, sencillas y profundas fueron el comienzo de un estilo personal que apenas ha variado en sus ocho álbumes sin que hasta el momento haya sido capaz de cansar. Reconocido en Europa, en Asia es todo un fenómeno de masas. Viajamos para escucharle directo en una fría noche de enero berlinés, bajo la oscuridad y los focos del elegante Privatclub. Maximilian nos desveló en exclusiva los alfas y los omegas de su creación de la manera más sincera y menos trivial posible.


Distopía - ¿Qué es lo que te lleva a escribir canciones?
MH - Escribo canciones para sobrevivir emocionalmente, necesito desbloquear el camino a mi alma con la ayuda de la música para finalmente expresar lo más profundo de mis anhelos, el de liberar mi alma de mi cuerpo, la búsqueda de lo infinito sin ataduras materiales, el anhelo de unirme a la totalidad perdida. El psicoanálisis lo explicaría como el deseo de volver a ser parte del Objeto A, para llenar el vacío que dejó. Jamás he estado interesado en cambiar mi estilo ni forma de producción. Sólo estoy interesado en las canciones y, en mi opinión, mejorar su enfoque. Mi sonido está condicionado por la fragilidad de mi voz y mi manera de cantar. Desde siempre me ha encantado la producción de The Man Who de Travis y el sonido de los discos de Nick Drake. Supongo que en la mayoría de mis álbumes he intentado acercarme al universo de esos dos modelos. Mis temas son siempre los mismos, me temo; la inhabilidad de amar, el aislamiento, el anhelo, la sumisión, la obsesión, la paz, la eternidad, por nombrar algunas palabras clave.

D – ¿Qué le ocurre a Asia con Maximilian Hecker?
MH - En teoría, puedo estar equivocado, creo que mi música y el pop del este asiático tienen un enfoque similar, el ansia de liberarse de uno mismo de ataduras. También está el tema de las emociones intensas, que en el entorno patriarcal y disciplinado sólo puede liberarse a través de la imaginación y el arte. Cuanto más reprima el día a día las necesidades más narcisistas e individualistas, más se necesita una válvula de escape, creando un mundo paralelo. Esta válvula de escape emocional, sobre todo en el este de Asia, es el arte. La mayoría de sus películas, la música pop e incluso los anuncios son muy románticos y melodramáticos, y tratan casi exclusivamente de los anhelos del ser humano, sobre todo los románticos. La razón por la que me identifico con ello tanto, y viceversa, es que en mi vida diaria, también, tengo obstáculos para sentir. En mi vida diaria soy estricto, cohibido y racional, y esto parece reprimir mis emociones y bloquear el camino a mi alma. 


Parece que represento, para el este asiático, una imagen atípica de masculinidad, porque canto como una mujer [Hecker usa mucho y bien el falsete], y además, tengo una sensibilidad femenina. Sin embargo, ser un sensiblón es precisamente lo opuesto a lo que se espera del hombre asiático. No obstante, mis rasgos faciales, mi barba de tres días no hacen de mí una mujer precisamente, por lo que el resultado puede ser un contraste bien interesante. En el este asiático soy más como un ídolo que ante mis seguidores europeos. Este fenómeno de fans es diferente en Europa. Según mi experiencia, en el este de Asia la gente se siente orgullosa de ser fan, lo muestra abiertamente y se siente feliz por ello. Cada vez que estoy en Asia de gira o de promoción me tratan como a un ídolo, y me encuentro con que, eso pienso, la gente prefiere mirar a la “sombra hermosa y noble” que proyecto en lugar de la persona que soy en la vida diaria. Esto me inquieta y mucho. Me es difícil que me admire gente que no me conoce. De todos modos, es parte de mi trabajo y mi vida, y no me quejo. Encuentro maneras de enfrentarme con el problema.

Maximilian Hecker ha celebrado la entrada del año con Spellbound Scenes of My Cure, otro grandísimo acierto en la misma línea de sus trabajos. El artista nos desvela más detalles de su última creación, una especie de obra conceptual.  

MH - Cada canción trata de un lugar específico de la Tierra; “To Liu Wen, The Opposite House, 3 a.m.” (Beijing), “Love Hotel Hill” (Tokyo), “Gangnam Misery” (Seoul), “Partyworld” (Taipei), “Pearly River Gates” (Hong Kong), “Battery Park” (New York) y “Aoyama’s Glow” (Tokyo). En ellas busco la proximidad de ninfas inalcanzables, instantes en los que el tiempo parece detenerse, un supuesto glamour, un supuesto amor. En otras palabras, lo que busco es la salvación en el mundo exterior. “Untouchable (Kastrup part II)”, “Hennigsdorf” y “Kastrup” (que se pueden considerar metáforas de un aislamiento voluntario) representan la conclusión del álbum, el final de mi búsqueda, haber encontrado una nueva habilidad para encontrar la salvación en mí en el contexto de mis habituales viajes para escapar a oscuros y poco habitados pueblos; Hennigsdorf, al norte de Berlín, y Kastrup, el pequeño pueblo donde está el aeropuerto de Copenhague. Me sorprendo al ser capaz de encontrar salvación y liberación… Liberación de los fantasmas de mi pasado, de mi imagen reflejada en mis semejantes, de mis limitaciones sociales. Nadie puede alcanzarme, mirarme, juzgarme o tocarme en estos lugares, y me siento en un refugio,  abrazado por la soledad de Kastrup y Hennigsdorf, y soy capaz de aceptarme y descubrir un amor hacia mí que antes estaba oculto.


La música de Maximilian Hecker posee un caracter muy singular. Podría decirse que suena como a Sigur Ros, pero con los pies en la tierra, y sin embargo, apuntando al cielo, algo así como los momentos de más sensibles de Coldplay cuando era Coldplay, o Radiohead cuando era Radiohead. En cuanto a contenido, como comprobamos en esta entrevista, está profundamente ligado a la vida interior del artista. Temáticamente, la gran mayoría de sus temas destilan una melancolía infinita, con alguna delicatesen como excepción; “Silly Lily, Funny Bunny” llegó a usarse en un anuncio de telefonía. Este caudal de desdicha casi continua encierra cierta paradoja, aunque estemos hablando de quien crea melodías perfectas con títulos como los días son largos y llenos de dolor o versos devastadores como los de “Today” de su primer álbum:

Y hoy acabaré con mi vida.
Y hoy mi corazón dejará de latir.
Y hoy dejaré el mundo atrás.
Y hoy te perderé para siempre.


MH - No soy una persona ni depresiva ni melancólica. A mí modo, mi música trata de éxtasis, de gozo. Para mí, éxtasis significa ser capaz de sentir. Significa tener intensas y profundas emociones, da igual que sean alegres o tristes. Significa volcarse en emociones melodramáticas. Significa vivir a través del rito de iniciación de una profunda agonía y sentirse libre como nunca cuando esta acaba... es decir,  catarsis. Esto es lo que yo entiendo por éxtasis. En mi vida diaria tengo problemas a la hora de sentir. Mi personaje “sin sentimientos”, disciplinado y racional reprime mis emociones y bloquea el canal de mi alma. Como dije antes. Mi música finalmente me permite desbloquear este canal. Me permite comprender mi alma, mi verdadero yo. Me permite por fin ser libre.


La actuación de Hecker en el Privatclub berlinés fue memorable. Alto, delgado, frágil y elegante, Hecker es un dandy del siglo XXI, y se mueve entre lo divino y lo humano, entre lo narcisista y el exceso de modestia, entre la decadencia, la elegancia de su edén particular, y queda patente tanto en sus canciones como con su presencia y sus palabras. En el escenario, y como reflejo de su carácter sensible e irónico, leyó durante una media hora extractos de The Rise and Fall of Maximilian Hecker, arrancando tanto silencios profundos como risas. El libro, algo más que una autobiografía en planteamiento, contenido y forma, explora los dudosos beneficios de la fama, los rigores del mundo de la música, sus exigencias y la autoexigencia del autor con su creación, y todo ello enmarañado en una montaña rusa, la de sus sentimientos.

MH - No se trata de un título irónico. El libro no trata de altibajos en mi carrera, sino interiores. El ascenso, el momento de despertar, ocurrió en Taipei, en el verano de 2006, cuando al enamorarme de una cantante taiwanesa mi visión del mundo y mi forma de ser parecieron cambiar. Por primera vez en mi vida [Hecker tendría unos veintinueve años] tuve la sensación de haber madurado. Desgraciadamente, consideré a aquella mujer la causa de todo sin entender que lo que sentía en mí era parte de mi ser. Así que cuando ella puso fin a nuestro amor, rápidamente volví a ser el inmaduro de antes. La “caída” trata de mi obsesión con volver a encontrar la puerta de ese “paraíso interior perdido”.


La actuación fue intensa, inspiradora y emocionante, y muy superior a más de una grabación oficial y no oficial. Al piano principalmente, y a la guitarra acústica, el artista desgranó, básicamente, uno a uno los temas de Spellbound Scenes of My Cure. Entre algunas de las canciones desaparecía para dejar como protagonista a la proyección en una pantalla del escenario, de  pequeños cortos para ilustrar las canciones y la narración de la acción interior que relata en su último álbum. No faltó el humor fino, la ironía, y brillaron sobre todo “Gangnam Misery”, quizá el mejor de sus últimos temas, “Kastrup” y el cierre con “I’ll be a Mountain, I’ll be a Virgin”. Tras la actuación, Hecker firmó discos y libros, dirigiéndose a los asistentes muy amable y educadamente. Mientras, en la elegante y oscura sala de fumadores, los peces gordos de la discográfica Kitty-Yo murmuraban entre caladas y sorbos, poniendo precio a lo que no lo tiene. 

Ya fuera, hacía incluso más frío que antes, pero dentro de nosotros quedaba un sentimiento intenso, bello, agridulce pero cálido. No está mal para quien se considera una “disléxica estrella del pop”, ¿no? Ni media fecha para verle en directo en España de nuevo. Si ya nos parecía buena idea visitar Berlín para conocer y escuchar a Hecker en directo, ya tenemos otra razón. A la mañana siguiente y sin razón alguna, nos acordamos de “Help Me”.

martes, 30 de diciembre de 2014

David Bowie – Low “Una Nueva Carrera en una Nueva Ciudad”

Apareció en Decireves (Octubre 2014)



El chico de Brixton que oyó “la voz de Dios” en la de Little Richard, pasó del rugido mod al music hall pop de psicodelia florida, y luego a ser un Bob Dylan eléctrico y lisérgico que se tornó en músico cada vez más y más eléctrico hasta ser un ente del espacio exterior, un tal Ziggy Stardust (o un tal Aladdin Sane, al pasar por EEUU) para mutar a ser Halloween Jack, trovador rock que se convirtió en cantante de soul de ojos azules, que acabó siendo el delgado Duque Blanco, un superhombre ario sin emociones, y al fin y al cabo, un artista adicto a los pimientos rojos, la leche y la cocaína. La solución no debería haber pasado por marcharse a Europa para seguir creando, eso resultó ser como apagar fuego con gasolina, pero prendiendo unas llamas que el tiempo no ha extinguido. 

Château d'Hérouville

Era junio de 1976. El primer destino, un sitio conocido; Château d'Hérouville, una casa de campo cerca de París, lugar elegido tres años antes para que Bowie grabara el álbum de despedida de sus Arañas Marcianas, el disco de versiones Pin-Ups. El lugar era conocido por otros artistas como Gong, Elton John, Jethro Tull o Pink Floyd, y había leyendas acerca de la mansión, del fantasma de Chopin rondando sus pasillos, y quizá el de Van Gogh también, enterrado no muy lejos de sus muros. Pero había alguien más tangible con Bowie, otro espíritu  creativo muy vivo, un amigo del asfalto de nombre Iggy Pop, ya con su banda, The Stooges, ya cada vez más en el olvido. Iggy marca el momento cero de la creación de Low; The Idiot (1977) se grabó en el mismo lugar y casi con los mismos músicos. The Idiot resultó ser una colección de grandes canciones con las que experimentar usando la electrónica y buscando nuevos sonidos. La exploración acabó siendo uno de los discos más influyentes de las siguientes décadas, ineludible en la carrera de la iguana de Detroit. Para grabarlo, acabaron en Berlín, en los estudios Hansa, habiendo pasado antes por Múnich. Durante la grabación de The Idiot, también se trabajó en Low.


En ese mismo mes de agosto, Bowie contó con otro viejo conocido para comenzar la grabación de Low, Tony Visconti, el hombre que se negó a producir uno solo de los temas de su álbum de 1969, la mítica “Space Oddity”, pero que ya le había acompañado en muchos de sus discos más importantes. Para completar el cuadro, Brian Eno, el bicho más raro de Roxy Music, autor de discos de títulos insospechados como “Música Discreta” o “Música para Aeropuertos”, que también como Bowie, estaba interesado en los nuevos sonidos que emergían de una nueva Alemania, sonidos de una juventud que quería borrar el pasado de su país como si de una cinta magnética se tratara con la música de lo que se llegó a llamar Krautrock, de los que entre ellos estaban Neu, Tangerine Dream o Kraftwerk. De los once temas, ocho se grabaron allí en Francia en dos semanas y media bajo un título que acabaría siendo provisional, New Music: Night and Day, de ahí que el álbum esté dividido en dos partes; Cara A, rodeada de dos instrumentales, contiene canciones más al uso, aunque innovadoras, de letras rotas y repetitivas llena de angustia y deseo. La Cara B, temas instrumentales entre lo ambiental y el gregoriano, con palabras esparcidas, otras inventadas. No obstante, en Château d'Hérouville, los problemas se amontonaban. Algunos eran de naturaleza sobrenatural, otros más mundanos, como intoxicaciones alimentarias, discusiones con los dueños del lugar, y la que pronto sería ex esposa de Bowie buscando problemas. Buenos momentos, como acabar el día viendo Faulty Towers aliviaban pero no resolvían nada. Había que buscar otro lugar. 

Berlín
La siguiente parada fue de nuevo la temblorosa Berlín, aun con su muro de la vergüenza presente. Con una nueva adicción, la heroína, continuaba una nueva carrera en una nueva ciudad, en su lado este, un septiembre de  1976. Iggy Pop y Bowie se alojaron en el número 155 de Hauptstrasse. En los estudios Hansa, Bowie, Visconti y Eno estaban dispuestos a remezclar lo hecho y grabar temas nuevos, con la visión de conseguir un producto distintivo. Los tres creadores representaban tres factores decisivos en juego: Bowie y su declive físico, mental y social, Brian Eno con su impronta de sintetizadores y nuevas técnicas compositivas, y la experiencia de Visconti. Bowie buscaba crear sin compromiso alguno reflejar cómo se sentía, sin importarle si el éxito, cuenta Tony Visconti. Brian Eno traía consigo sus tarjetas de “Estrategias Oblicuas”, que sacadas al azar, daban instrucciones de cómo aproximarse a las canciones, obviando el estilo en el que habían forjado a la hora de componerlas. Estas tarjetas se entregaban a los músicos sin que los demás las vieran hasta acabar la sesión, dando a veces directrices diametralmente opuestas. Visconti como productor estaba más que preparado, y añadió más de una innovación a la grabación. Sin embargo, la huella creativa es de Bowie y Eno. No sólo se reunieron previamente para discutir cómo sería la grabación, en cuanto a la composición, prácticamente toda de Bowie, ambos comparten crédito en dos temas. Además, el sonido de Low es deudor del sonido y la idiosincrasia de  Eno, sólo hay que comprobar sus trabajos anteriores a este. El tiempo sigue sin darle la razón que no tiene a Visconti.


Los temas de Low son los siguientes:


“Speed of Life”

Es el instrumental que abre la Cara A. Quedó sin letra en el último momento. Comienza con un súbito fundido de entrada y un riff de guitarra acompañado de la distorsión descendiente de sintetizador. Adelanta el espíritu de esta cara del disco.


“Breaking Glass”

Uno de los temas más cortos de Bowie, casi se diría que es un extracto. La letra sale de las experiencias previas al divorcio de Bowie, y de sus experiencias cabalísticas.


“What in the World”

Adornada por la siniestra voz de Iggy pop de fondo, y aun siendo uno de los temas más optimistas, “What in the World” refleja el deseo de aislamiento enfrentado con el amor sin máscaras con nombre que sustituyan al de David Robert Jones. Junto a la siguiente canción, trata del bloqueo creativo de Bowie en esa época, problema al que Eno le supo dar la vuelta, volviendo de esta forma, así es Brian Eno, cualquier circunstancia en ventaja.


“Sound and Vision”

Lo que parece un tema instrumental como el que abría esta cara del disco, tras los coros de Bowie seguidos de los de Mary Hopkin (“Those were the Days”), esposa por aquel entonces de Visconti, se torna al minuto y medio en lo que fue, una canción poco usual, pero pop, que la hizo merecedora de ser el primer single de Low, aunque sólo número tres en la lista de ventas inglesas. Pasa el tiempo, y las cifras de ventas cada vez importan menos.


“Always Crashing in the Same Car”

Trata de cometer el mismo error una y otra vez, una metáfora salida de la vida real, con un Bowie buscando sustancias ilegales en el aparcamiento de un hotel.


“Be my Wife”

Para Bowie, esto es una petición de matrimonio a “cualquier persona”, para otros, una última manera de revivir su matrimonio. En cualquier caso, en lugar de una canción emotiva, Bowie la interpreta, también en su videoclip, de una manera deshumanizada, en contraste con la letra, que trata de echar 
raíces después de mucho tiempo de soledad y viajar de un lado para otro. Pura ironía.


“A New Career in a New Town”

Aunque instrumental, su título y el optimismo que refleja hace pensar en que es autobiográfico, expresando nuevos y mejores tiempos en Europa con los sintetizadores de Eno, y Bowie a la armónica.


“Warszawa”

Es el tema que abre la Cara B, la nocturna, de Low. En ausencia de Bowie por su otro divorcio, con su anterior representante, Eno se quedó en Château d'Hérouville preparando la base de “Warszawa”. Sólo tenía una instrucción, crear algo “muy emotivo, de ambiente religioso”, y Eno lo hizo a partir de cuatro notas que el hijo de Tony Visconti, de cuatro años, tocaba jugueteando con un piano del estudio sin parar. Bowie intentaba expresar así el lóbrego paisaje de Polonia, aún tocada por la guerra, que pudo ver desde el tren y a pie por el distrito de Żoliborz de Varsovia. El primer nombre que Joy Division tuvo, era un homenaje a esta canción.


Art Decade"

Uno de los temas en los que más se nota la impronta de Brian Eno, que lo salvó de ser sólo una maqueta. Deudor de “By the Riverside” de los alemanes Harmonia y Eno, los diez segundos de percusión dan paso a una melodía bien marcada. Es, de nuevo, la reacción de Bowie ante ciertos lugares. De este modo, "Art Decade" expresa la decadencia del Berlín occidental, de su arte y su cultura.


Weeping Wall"

Inspirado por la aflicción que suponía ver el Muro de Berlín. El instrumental tiene como base un vibráfono y un xilófono. La música se va acumulando, al modo minimalista.


“Subterraneans”

Tiene su origen en la banda sonora de El Hombre que Cayó en la Tierra, que Bowie había protagonizado recientemente. Por cuestiones de tiempo, se prescindió de Bowie para crear la música de la película, habiendo este comenzado a trabajar en los temas. En Low, supone la contrapartida a “Art Decade”; representa el lado oriental de Berlín, la gente que quedó allí después de que se construyera el muro, con “La ligera melodía de los saxofones representando aquello que una vez fue”.



Estas son las canciones de un álbum que no tenía visos de aparecer. Los pasos firmes de sus creadores no tenían una intención clara de publicarlo a menos que estuvieran todos plenamente satisfechos. Desde la discográfica hubo sobornos y zancadillas. Sin embargo, en enero de 1977 las grabaciones aparecieron finalmente bajo el título de Low. En su portada, aparece Bowie caracterizado aún de Thomas Jerome Newton, el extraterrestre de El Hombre que Cayó en la Tierra. La portada esconde un juego de palabras. Bowie aparece de perfil, con el título sobre su cabeza; “low profile” en inglés significa pasar desapercibido. De hecho, el álbum fue su trabajo menos comercial hasta el momento, y además no trajo consigo gira de Bowie, que sí salió con Iggy Pop a los teclados para presentar The Idiot. De todos modos Bowie era consciente de la importancia de Low en su carrera y en su vida; Low le ofreció “todo un mundo de alivio, un mundo del que quería ser parte. Brillaba con una espiritualidad pura que no había estado presente en mi música durante un tiempo. De hecho, me había obsesionado con la oscuridad”. El eco de este sentimiento lo expresaría así en 2001: “Percibo optimismo a través del velo de la desesperación de Low. Puedo escucharme en él luchando por recuperarme”.


Low se convirtió en un triunfo creativo y comercial. Llegó al número dos en Inglaterra y al once en EEUU pese a un aluvión de críticas desfavorables, que no supieron asimilar esta mezcla de pop, electrónica y minimalismo. Low supone una de las grandes contribuciones de Bowie a la evolución musical, mirando hacia atrás para avanzar arriesgándolo todo. El legado de Low influyó, y mucho, en las bandas electrónicas de los años venideros.


Tantos aciertos a pesar de tantas vicisitudes hicieron que la historia, el sonido y las colaboraciones de la época de Low continuaran esparcidas en el tiempo. Casi inmediatamente, produjo y compuso de nuevo para un segundo álbum con Iggy Pop, otro enorme acierto de gran calado llamado Lust for Life (1977), cien por cien Berlinés. Bowie dio nueva vida a temas de los dos discos que compuso y grabó con Iggy en varias ocasiones, y hasta llegó a revivir la banda con la que  se grabó Lust for Life para crear a los infravalorados Tin Machine. Los dos siguientes álbumes de Bowie, “Heroes” y Lodger (1977 y 1979), se grabaron de nuevo con Brian Eno y Tony Visconti, formando lo que se llamaría Trilogía Berlinesa… no tan berlinesa; el primero sí se creó íntegramente en Berlín, el segundo entre Suiza y Nueva York. Sobre todo “Heroes” sigue la senda de Low, y su influencia y permanencia es igual de grande. Los ecos del episodio experimental con Brian Eno todavía continuarían en Scary Monsters and Super Creeps (1980), de nuevo con Visconti, pero sin Eno. No fue hasta 1991 cuando una reedición en CD destapó por primera vez dos temas de Low, la lúgubre “All Saints”, y la que podría haber sido la coda ideal al álbum, “Some Are”. Bowie y Eno volvieron a grabar juntos creando el oscuro y fragmentario diario del detective Nathan Adler, 1.Outside (1995). Por ironías de la vida, una de las primeras influencias de Brian Eno, Philip Glass, grabó un álbum construyendo una sinfonía en su idioma con tres de los títulos de las sesiones de Low, Symphony No. 1 "Low", y más adelante, seis de “Heroes”, Symphony No. 4 "Heroes". Las colaboraciones con Visconti se retomaron tras veintidós años con Heathen (2002), Reality (2003) y The Next Day (2013), y este mismo mes, como adelanto a un recopilatorio se ha publicado "Sue (Or In A Season Of Crime)". En 2013 también, una agradabilísima sorpresa llegó con un anuncio de telefonía móvil en forma de una suave remezcla de “Sound and Vision”, que dejaba atrás la instrumentación original en favor de solamente un piano y reteniendo las voces de Mary Hopkin y Bowie grabadas en aquel 1976.


Esta es la huella de Low, una, pero no una más de las de Bowie. No está mal para un muchacho que Brixton que acababa de cumplir los treinta. Muchos no han conseguido ni la mitad con una carrera de décadas en la música. Y a Bowie aún le han de quedar barajas y barajas de ases en la manga…



DAVID BOWIE

"Berlín me aporta algo que Londres o Los Angeles no son capaces de darme”

“Berlín tiene la extraña habilidad de hacerte escribir solamente acerca de cosas importantes. Lo demás ni lo mencionas, quedas en silencio, y no escribes nada... y al final creas Low

“Usamos una banda de R&B. Desde Stationtostation, la hibridación de R&B y la electrónica había sido una meta para mí. De hecho, según una entrevista a Brian Eno en los setenta, esto fue lo que le llevó a trabajar conmigo”.

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BRIAN ENO

"Sabía que le gustaba mucho Another Green World  y debió darse cuenta de que había dos Corrientes paralelas de trabajo funcionando a la vez en lo que hacía, y cuando encuentras a alguien con las mismas cuestiones, no tienes más remedio que hacerte ganarte su amistad sin esfuerzo”.



TONY VISCONTI
“David lo dejó claro muchas veces desde entonces, y por supuesto, mi nombre aparece como coproductor junto al suyo. No me explico cómo los periodistas siguen cometiendo el mismo error. Si me pongo a pensar, no recuerdo que Brian lo haya aclarado”.


IGGY POP

 “Simplemente nos encantaba la idea de estar en Berlín. Era una zona de guerra, tierra de nadie”.