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jueves, 5 de marzo de 2015

Entrevista Antonio Jesús Reyes 8 Pistas - La Inestimable Labor del Crítico de Música

Con Andrés Herrera "Pájaro" y el ilustrador Juan Miguel Moreno Yagüe



Por Dr. Charles 25/06/2014
Apareció en 8Pistas

En nuestro país existen grandes plumas en la crítica musical. Hace poco leía en el libro de Ignacio Juliá “Artículos y entrevistas (1982-2004)” que en uno de sus debates televisivos había tenido que escuchar la típica frase por parte de uno de los contertulios “la crítica rock está en vías de extinción, las nuevas generaciones de escribas han rebajado el listón profesional escribiendo reseñas y crónicas a cambio de discos y conciertos, son manifiestamente incapaces de elaborar un artículo de fondo“. Según el propio Ignacio este fue uno de los motivos por el que se decidió a terminar ese compendio de su propia obra en forma de libro, para mi gusto muy recomendable, aunque a veces peca un poco de egocéntrico.

Como profesional dedicado a esto durante años y padeciendo los males de esta profesión desde que tengo uso de razón, no tengo más que negar dicha frase. Me parece que ninguno de nosotros quiere eso y que hay grandísimos profesionales trabajando en activo, más o menos conocidos, pero que por desgracia se ven en la tesitura de asimilar una serie de condicionantes si quieren seguir curtiéndose como periodistas. Porque en una cosa sí que estoy de acuerdo con Ignacio Juliá, el creé en la inducción más que en la deducción. Por eso hoy os presentamos, con una sugerente entrevista, a una de esas plumas que nos deleitan cada día con sus palabras y que desgraciadamente, como suele ocurrir en este país, es mayoritariamente desconocido incluso para sus propios lectores: Antonio Jesús Reyes, director de Sólo en las Nubes, redactor en Achtung!,Distopía yDecireves, y coescritor de El Tormento del Erizo, su primera obra literaria.

8Pistas: Lo primero que nos interesaría saber es como llega alguien a convertirse en periodista musical. ¿Qué proceso vital necesita una persona para llegar a la conclusión de querer dedicar su vida a investigar y compartir su visión de esta maravillosa locura que es la música?

AJ: Tenía que ser esto y no otra cosa. Como entretenimiento principal siempre he tenido la música. Eso me llevó a leer críticas. Un paso más allá fue darme cuenta de que muchas parecían un tratado de física cuántica más que un relato de qué ocurrió y cómo, es decir, que me sentía frustrado cuando yo presenciaba esos eventos y lo que leía era una mera descripción fría y sosa. Desde siempre había fantaseado con escribir crónicas musicales y reseñas de álbumes, por eso siempre las había hecho mentalmente, de modo que cuando comencé a escribir, me di cuenta de que ya tenía tablas… De todos modos, yo no di el primer paso. Primero fue Decireves de México, luego Achtung Magazine de Galicia, quienes habiendo visto mi trabajo del blog de Solo en Las Nubes, me ofrecieron un espacio. He tenido suerte con ellos, y pienso que estoy apretando las teclas correctas… por ahora, porque hay que seguir aprendiendo siempre. Lo que hoy a mí me vale, quizá mañana ya no me satisfaga.

¿Compensan las miles de horas frente al ordenador? ¿los cientos de horribles discos que habrás tenido que escuchar? ¿las decepciones casi continuas con los distintos estratos de la industria musical?
Sí que compensa cuando transmites algo, no mera información ni comentarios pretenciosos y ocurrencias que no tienen gracia. Cuando alguien me ha dicho “Es como si hubiera estado allí”, es que he hecho bien mi labor, y no es fácil, de hecho no deja de sorprenderme, porque me parece una tarea imposible. Evidentemente, tengo que modular mi entusiasmo cuando la actuación no es merecedora del público. Ocurre poco, pero lo hago notar de una manera u otra.
En cuanto a discos horribles, no recibo ninguno de ninguna discográfica. Sobre todo escribo acerca de artistas que ya conocía. Digamos que soy más de música regressive. Avanzo en el tiempo, pero a pasos pequeños, y esto sólo ocurre cuando veo una actuación de algún artista actual que de verdad me llega, como por ejemplo Marina Gallardo. Cuando me he visto en la obligación de ir a un festival de artistas actuales en el que apenas conocía a casi ninguno, me he tenido que poner bien las pilas antes, durante y después. Me he llevado muy gratas sorpresas, por supuesto.
Decepciones con ciertos estratos de la industria, sí. Hay una especie de pseudoseñorío en ciertas personas que no comprendo, porque en realidad, ellos son los que no comprenden que cuando un crítico va a un concierto, no nos engañemos, no significa que vaya a disfrutarlo como el que está al lado. Tienes que tomar notas, luego en casa rellenar lagunas mentales, grandes lagos, mares  y océanos para llegar a eso que en realidad quieres contar… Es un trabajo que requiere concentración y memoria, algo que en ciertas ambientes de celebración, es dificilísimo de cultivar.


Cuéntanos de qué se trata Solo en Las Nubes
El blog, que ya tiene cuatro años, surgió como manera de llenar el vacío que hay en español en internet acerca de Syd Barrett, miembro fundador y alma mater de los comienzos de Pink Floyd. Empecé colgando un par de curiosidades, pero muy pronto se volvió más y más serio, y empecé a publicar noticias y otros artículos de interés. Pese a su éxito, pasa el tiempo y sigue siendo el único en su género, lo cual más que reconfortar, preocupa. Además, hay una dejadez bastante grande por las discográficas y editoriales de promocionar sus productos en nuestro idioma, y se haría sin realizar ninguna pirueta costosísima. Lamentable.

¿Por qué Syd Barrett?
Su música es única. Pocos o ninguno de los músicos de su época se le parecen. Salió de la nada, prácticamente, y su rastro aún sigue sonando. Grupos como The Jesus and Mary Chain, MGMT, Sidonie o Los Planetas y muchísimos más, tienen un tinte de Syd Barrett marcado, ya sea en melodías oscuras o en las que son abiertamente de un tono alegre y/o infantil; Barrett parecía que no estaba interesado en medias tintas. Su carrera con y sin Pink Floyd, aunque brevísima, marcó un momento en la música hasta el día de hoy, cuya influencia ha ido in crescendo.

¿Cómo llegaste a colaborar en The Complete David Bowie?
Por casualidad vi este libro de Nicholas Pegg en una librería en Cambridge, y lo compré sin pensar. Es extensísimo, y no le sobra una sola página. Tuve una época en la que fue mi libro de sobremesa… más bien dos, porque decidí leerlo de nuevo, anotando alguna carencia que otra, corrigiendo… Tenía interés en verme con Nicholas en Londres y comentarle todas las cosas que yo veía que no encajaban del todo. Volví a Sevilla para instalarme de nuevo, y aun habiendo perdido la oportunidad de conocerle en persona, seguí con mi investigación privada, buscando resquicios en los que aportar algo significativo. Le mandé mis aportaciones, y le gustaron mucho. Lamentablemente, no siempre ha estado de acuerdo conmigo. Que él sea el autor del libro no le da siempre la razón. Frustrante y estimulante. Un orgullo, al fin y al cabo… que no ha acabado. El libro goza de prestigio y las nuevas ediciones se suceden.

¿En qué consiste tu colaboración?
Básicamente analizo la música, las letras y el material audiovisual, y busco conexiones dentro y fuera de su obra, desde influencias de otros músicos o en otros músicos, hasta en otras artes. Al igual que Syd Barrett, pero a su forma, Bowie tiene la mirada puesta en todos lados. El abanico que suena en su propia creación es una puerta a grandes, y no siempre famosos, artistas de varias disciplinas.

¿Has tenido alguna relación personal con los componentes de Pink Floyd?
Mis dos años en Cambridge ocurrieron por casualidad. Tenía una novia inglesa y nos decidimos mudar a Inglaterra. Es una pena que ocurriera poco después de la muerte de Syd Barrett… Siempre por casualidad, llegué a conocer a personas de su círculo más íntimo, de él y de Pink Floyd, que al fin y al cabo eran el mismo círculo. En cuanto a Syd, sobre todo, conocí a su hermana, conocí a las mil novias que tuvo, conocí a su primer manager, y el batería de uno de sus primeros grupos, Those Without, casi llegó a ser mi suegro. Él, Stephen Pyle, tras su amago en la música en los sesenta, se dedicó a hacer escenarios para musicales que ya tienen estatus de leyenda (el musical de El Fantasma de la Ópera, por poner un ejemplo), y otros trabajos para los Rolling Stones, ACDC, U2… Aquel limón enorme de la gira de Popmart, lo hizo con sus manos. También conocí a Storm Thorgerson, que ha hecho portadas legendarias de un gran número de álbumes que todos tenemos en casa. Aquella fue una anécdota algo desangelada. Para cuando se me dio la oportunidad de conocer unos meses después a Mick Rock, se me habían pasado las ganas de conocer a otro posible Pitufo Gruñón de la industria de la música… ¡Error! Una gran persona y muy divertido, al parecer. De hecho, él mismo arrancó un poster de Syd de la pared de un bar y me lo dedicó. Cuando me llegó a las manos al día siguiente, no me lo creía; le bastó mi interés en Syd y en Bowie, a los que conoció en persona y fotografió para la posteridad.

¿Algún proyecto en mente?
Gracom está ultimando El Tormento del Erizo, una obra de prosa y verso de la que soy uno de los tres autores. Me intriga qué puede pasar con él. Lo que sí es seguro es que no debería dejar a nadie indiferente. Su primera edición se vendió bien, sin publicidad, pero dentro de un círculo muy pequeño. Esta vez, le daremos su merecido con la edición definitiva. No estoy seguro si voy a seguir creando literatura, y de hacerlo, no dependerá de cómo se reciba El Tormento del Erizo. Estoy esperando a arrancar de nuevo con un libro acerca de Syd Barrett, pero descarto que sea una biografía. La mejor y más completa biografía es Dark GLobe, de Julián Palacios, y más allá de esta, queda muy, muy poco nuevo que ver. Hacer un trabajo a la sombra de otro no es un reto, y tampoco una opción. Así que tengo en mente algo más original que ayude a comprender las canciones de Syd Barrett.

 

De entre los artistas que has entrevistado, ¿cuál te ha impactado más?
No es fácil de responder. Anna Calvi no fue fría en el trato, como me advirtieron, y aportó mucha información de hondo calado. También conseguí entrevistar a Ingrid Chávez, esta vez por internet, un sueño que tenía desde la adolescencia. Wim Mertens fue también emocionante, intenso… Lástima que la grabadora me jugara una malísima partida. Fran Torres, Ruido Pegajoso; me hizo muchísima ilusión, porque a pesar de que su álbum de debut del ‘99 era una gran promesa, jamás pensé que volvería catorce años de silencio después con el discazo que es Sonrisas Pegajosas… De escucha compulsiva.

Por hacernos una idea más profunda de tus gustos musicales. Tres clásicos internacionales y tres actuales, nacionales e internacionales:
Tres clásicos internacionales… Dejando a mis artistas más estudiados aparte, y casi el concepto de clásico… no paro de escuchar Dusk, de The The, Scott 4 de Scott Walker, y Sunflower de mis amadísimos Beach Boys. En cuanto a los actuales, One Breath de Anna Calvi , Happiness de Sebastien Schuller y The Rough And Rynge de Christian Kjellvander. En cuanto a los clásicos nacionales, Ante Todo Mucha Calma de Siniestro Total, Piedras de Duncan Dhu, y el que sea de Triana. En la Cama conAnntona, de Anntona, Un Dígito Binario Dudoso de Hidrogenesse, y Entretelas de Fon Román son buenísimos ejemplos de música actual con grandes ideas en España. Merecen una grandísima difusión.

¿Y el panorama musical en la Sevilla?

Sinceramente, están surgiendo bandas que es que quitan el sentí’o. Los News son destructores totalmente en directo, y su Automedication es un discazo como la copa de un pino. The Milky Way Express, impresionan en directo. No me canso de ir a verlos. Estamos viviendo una gran época de artistas de aquí, y de muchos y variados conciertos. Los tiempos han cambiado. Para no parar, vaya.

¿Qué canción estás escuchando ahora mismo?
“Guitar Solo 5” de Neil Young, de la BSO de Dead Man. La tengo en modo repeat… y justo antes, el BWV 645 de Bach. No sólo de rock vive el hombre.

martes, 30 de diciembre de 2014

David Bowie – Low “Una Nueva Carrera en una Nueva Ciudad”

Apareció en Decireves (Octubre 2014)



El chico de Brixton que oyó “la voz de Dios” en la de Little Richard, pasó del rugido mod al music hall pop de psicodelia florida, y luego a ser un Bob Dylan eléctrico y lisérgico que se tornó en músico cada vez más y más eléctrico hasta ser un ente del espacio exterior, un tal Ziggy Stardust (o un tal Aladdin Sane, al pasar por EEUU) para mutar a ser Halloween Jack, trovador rock que se convirtió en cantante de soul de ojos azules, que acabó siendo el delgado Duque Blanco, un superhombre ario sin emociones, y al fin y al cabo, un artista adicto a los pimientos rojos, la leche y la cocaína. La solución no debería haber pasado por marcharse a Europa para seguir creando, eso resultó ser como apagar fuego con gasolina, pero prendiendo unas llamas que el tiempo no ha extinguido. 

Château d'Hérouville

Era junio de 1976. El primer destino, un sitio conocido; Château d'Hérouville, una casa de campo cerca de París, lugar elegido tres años antes para que Bowie grabara el álbum de despedida de sus Arañas Marcianas, el disco de versiones Pin-Ups. El lugar era conocido por otros artistas como Gong, Elton John, Jethro Tull o Pink Floyd, y había leyendas acerca de la mansión, del fantasma de Chopin rondando sus pasillos, y quizá el de Van Gogh también, enterrado no muy lejos de sus muros. Pero había alguien más tangible con Bowie, otro espíritu  creativo muy vivo, un amigo del asfalto de nombre Iggy Pop, ya con su banda, The Stooges, ya cada vez más en el olvido. Iggy marca el momento cero de la creación de Low; The Idiot (1977) se grabó en el mismo lugar y casi con los mismos músicos. The Idiot resultó ser una colección de grandes canciones con las que experimentar usando la electrónica y buscando nuevos sonidos. La exploración acabó siendo uno de los discos más influyentes de las siguientes décadas, ineludible en la carrera de la iguana de Detroit. Para grabarlo, acabaron en Berlín, en los estudios Hansa, habiendo pasado antes por Múnich. Durante la grabación de The Idiot, también se trabajó en Low.


En ese mismo mes de agosto, Bowie contó con otro viejo conocido para comenzar la grabación de Low, Tony Visconti, el hombre que se negó a producir uno solo de los temas de su álbum de 1969, la mítica “Space Oddity”, pero que ya le había acompañado en muchos de sus discos más importantes. Para completar el cuadro, Brian Eno, el bicho más raro de Roxy Music, autor de discos de títulos insospechados como “Música Discreta” o “Música para Aeropuertos”, que también como Bowie, estaba interesado en los nuevos sonidos que emergían de una nueva Alemania, sonidos de una juventud que quería borrar el pasado de su país como si de una cinta magnética se tratara con la música de lo que se llegó a llamar Krautrock, de los que entre ellos estaban Neu, Tangerine Dream o Kraftwerk. De los once temas, ocho se grabaron allí en Francia en dos semanas y media bajo un título que acabaría siendo provisional, New Music: Night and Day, de ahí que el álbum esté dividido en dos partes; Cara A, rodeada de dos instrumentales, contiene canciones más al uso, aunque innovadoras, de letras rotas y repetitivas llena de angustia y deseo. La Cara B, temas instrumentales entre lo ambiental y el gregoriano, con palabras esparcidas, otras inventadas. No obstante, en Château d'Hérouville, los problemas se amontonaban. Algunos eran de naturaleza sobrenatural, otros más mundanos, como intoxicaciones alimentarias, discusiones con los dueños del lugar, y la que pronto sería ex esposa de Bowie buscando problemas. Buenos momentos, como acabar el día viendo Faulty Towers aliviaban pero no resolvían nada. Había que buscar otro lugar. 

Berlín
La siguiente parada fue de nuevo la temblorosa Berlín, aun con su muro de la vergüenza presente. Con una nueva adicción, la heroína, continuaba una nueva carrera en una nueva ciudad, en su lado este, un septiembre de  1976. Iggy Pop y Bowie se alojaron en el número 155 de Hauptstrasse. En los estudios Hansa, Bowie, Visconti y Eno estaban dispuestos a remezclar lo hecho y grabar temas nuevos, con la visión de conseguir un producto distintivo. Los tres creadores representaban tres factores decisivos en juego: Bowie y su declive físico, mental y social, Brian Eno con su impronta de sintetizadores y nuevas técnicas compositivas, y la experiencia de Visconti. Bowie buscaba crear sin compromiso alguno reflejar cómo se sentía, sin importarle si el éxito, cuenta Tony Visconti. Brian Eno traía consigo sus tarjetas de “Estrategias Oblicuas”, que sacadas al azar, daban instrucciones de cómo aproximarse a las canciones, obviando el estilo en el que habían forjado a la hora de componerlas. Estas tarjetas se entregaban a los músicos sin que los demás las vieran hasta acabar la sesión, dando a veces directrices diametralmente opuestas. Visconti como productor estaba más que preparado, y añadió más de una innovación a la grabación. Sin embargo, la huella creativa es de Bowie y Eno. No sólo se reunieron previamente para discutir cómo sería la grabación, en cuanto a la composición, prácticamente toda de Bowie, ambos comparten crédito en dos temas. Además, el sonido de Low es deudor del sonido y la idiosincrasia de  Eno, sólo hay que comprobar sus trabajos anteriores a este. El tiempo sigue sin darle la razón que no tiene a Visconti.


Los temas de Low son los siguientes:


“Speed of Life”

Es el instrumental que abre la Cara A. Quedó sin letra en el último momento. Comienza con un súbito fundido de entrada y un riff de guitarra acompañado de la distorsión descendiente de sintetizador. Adelanta el espíritu de esta cara del disco.


“Breaking Glass”

Uno de los temas más cortos de Bowie, casi se diría que es un extracto. La letra sale de las experiencias previas al divorcio de Bowie, y de sus experiencias cabalísticas.


“What in the World”

Adornada por la siniestra voz de Iggy pop de fondo, y aun siendo uno de los temas más optimistas, “What in the World” refleja el deseo de aislamiento enfrentado con el amor sin máscaras con nombre que sustituyan al de David Robert Jones. Junto a la siguiente canción, trata del bloqueo creativo de Bowie en esa época, problema al que Eno le supo dar la vuelta, volviendo de esta forma, así es Brian Eno, cualquier circunstancia en ventaja.


“Sound and Vision”

Lo que parece un tema instrumental como el que abría esta cara del disco, tras los coros de Bowie seguidos de los de Mary Hopkin (“Those were the Days”), esposa por aquel entonces de Visconti, se torna al minuto y medio en lo que fue, una canción poco usual, pero pop, que la hizo merecedora de ser el primer single de Low, aunque sólo número tres en la lista de ventas inglesas. Pasa el tiempo, y las cifras de ventas cada vez importan menos.


“Always Crashing in the Same Car”

Trata de cometer el mismo error una y otra vez, una metáfora salida de la vida real, con un Bowie buscando sustancias ilegales en el aparcamiento de un hotel.


“Be my Wife”

Para Bowie, esto es una petición de matrimonio a “cualquier persona”, para otros, una última manera de revivir su matrimonio. En cualquier caso, en lugar de una canción emotiva, Bowie la interpreta, también en su videoclip, de una manera deshumanizada, en contraste con la letra, que trata de echar 
raíces después de mucho tiempo de soledad y viajar de un lado para otro. Pura ironía.


“A New Career in a New Town”

Aunque instrumental, su título y el optimismo que refleja hace pensar en que es autobiográfico, expresando nuevos y mejores tiempos en Europa con los sintetizadores de Eno, y Bowie a la armónica.


“Warszawa”

Es el tema que abre la Cara B, la nocturna, de Low. En ausencia de Bowie por su otro divorcio, con su anterior representante, Eno se quedó en Château d'Hérouville preparando la base de “Warszawa”. Sólo tenía una instrucción, crear algo “muy emotivo, de ambiente religioso”, y Eno lo hizo a partir de cuatro notas que el hijo de Tony Visconti, de cuatro años, tocaba jugueteando con un piano del estudio sin parar. Bowie intentaba expresar así el lóbrego paisaje de Polonia, aún tocada por la guerra, que pudo ver desde el tren y a pie por el distrito de Żoliborz de Varsovia. El primer nombre que Joy Division tuvo, era un homenaje a esta canción.


Art Decade"

Uno de los temas en los que más se nota la impronta de Brian Eno, que lo salvó de ser sólo una maqueta. Deudor de “By the Riverside” de los alemanes Harmonia y Eno, los diez segundos de percusión dan paso a una melodía bien marcada. Es, de nuevo, la reacción de Bowie ante ciertos lugares. De este modo, "Art Decade" expresa la decadencia del Berlín occidental, de su arte y su cultura.


Weeping Wall"

Inspirado por la aflicción que suponía ver el Muro de Berlín. El instrumental tiene como base un vibráfono y un xilófono. La música se va acumulando, al modo minimalista.


“Subterraneans”

Tiene su origen en la banda sonora de El Hombre que Cayó en la Tierra, que Bowie había protagonizado recientemente. Por cuestiones de tiempo, se prescindió de Bowie para crear la música de la película, habiendo este comenzado a trabajar en los temas. En Low, supone la contrapartida a “Art Decade”; representa el lado oriental de Berlín, la gente que quedó allí después de que se construyera el muro, con “La ligera melodía de los saxofones representando aquello que una vez fue”.



Estas son las canciones de un álbum que no tenía visos de aparecer. Los pasos firmes de sus creadores no tenían una intención clara de publicarlo a menos que estuvieran todos plenamente satisfechos. Desde la discográfica hubo sobornos y zancadillas. Sin embargo, en enero de 1977 las grabaciones aparecieron finalmente bajo el título de Low. En su portada, aparece Bowie caracterizado aún de Thomas Jerome Newton, el extraterrestre de El Hombre que Cayó en la Tierra. La portada esconde un juego de palabras. Bowie aparece de perfil, con el título sobre su cabeza; “low profile” en inglés significa pasar desapercibido. De hecho, el álbum fue su trabajo menos comercial hasta el momento, y además no trajo consigo gira de Bowie, que sí salió con Iggy Pop a los teclados para presentar The Idiot. De todos modos Bowie era consciente de la importancia de Low en su carrera y en su vida; Low le ofreció “todo un mundo de alivio, un mundo del que quería ser parte. Brillaba con una espiritualidad pura que no había estado presente en mi música durante un tiempo. De hecho, me había obsesionado con la oscuridad”. El eco de este sentimiento lo expresaría así en 2001: “Percibo optimismo a través del velo de la desesperación de Low. Puedo escucharme en él luchando por recuperarme”.


Low se convirtió en un triunfo creativo y comercial. Llegó al número dos en Inglaterra y al once en EEUU pese a un aluvión de críticas desfavorables, que no supieron asimilar esta mezcla de pop, electrónica y minimalismo. Low supone una de las grandes contribuciones de Bowie a la evolución musical, mirando hacia atrás para avanzar arriesgándolo todo. El legado de Low influyó, y mucho, en las bandas electrónicas de los años venideros.


Tantos aciertos a pesar de tantas vicisitudes hicieron que la historia, el sonido y las colaboraciones de la época de Low continuaran esparcidas en el tiempo. Casi inmediatamente, produjo y compuso de nuevo para un segundo álbum con Iggy Pop, otro enorme acierto de gran calado llamado Lust for Life (1977), cien por cien Berlinés. Bowie dio nueva vida a temas de los dos discos que compuso y grabó con Iggy en varias ocasiones, y hasta llegó a revivir la banda con la que  se grabó Lust for Life para crear a los infravalorados Tin Machine. Los dos siguientes álbumes de Bowie, “Heroes” y Lodger (1977 y 1979), se grabaron de nuevo con Brian Eno y Tony Visconti, formando lo que se llamaría Trilogía Berlinesa… no tan berlinesa; el primero sí se creó íntegramente en Berlín, el segundo entre Suiza y Nueva York. Sobre todo “Heroes” sigue la senda de Low, y su influencia y permanencia es igual de grande. Los ecos del episodio experimental con Brian Eno todavía continuarían en Scary Monsters and Super Creeps (1980), de nuevo con Visconti, pero sin Eno. No fue hasta 1991 cuando una reedición en CD destapó por primera vez dos temas de Low, la lúgubre “All Saints”, y la que podría haber sido la coda ideal al álbum, “Some Are”. Bowie y Eno volvieron a grabar juntos creando el oscuro y fragmentario diario del detective Nathan Adler, 1.Outside (1995). Por ironías de la vida, una de las primeras influencias de Brian Eno, Philip Glass, grabó un álbum construyendo una sinfonía en su idioma con tres de los títulos de las sesiones de Low, Symphony No. 1 "Low", y más adelante, seis de “Heroes”, Symphony No. 4 "Heroes". Las colaboraciones con Visconti se retomaron tras veintidós años con Heathen (2002), Reality (2003) y The Next Day (2013), y este mismo mes, como adelanto a un recopilatorio se ha publicado "Sue (Or In A Season Of Crime)". En 2013 también, una agradabilísima sorpresa llegó con un anuncio de telefonía móvil en forma de una suave remezcla de “Sound and Vision”, que dejaba atrás la instrumentación original en favor de solamente un piano y reteniendo las voces de Mary Hopkin y Bowie grabadas en aquel 1976.


Esta es la huella de Low, una, pero no una más de las de Bowie. No está mal para un muchacho que Brixton que acababa de cumplir los treinta. Muchos no han conseguido ni la mitad con una carrera de décadas en la música. Y a Bowie aún le han de quedar barajas y barajas de ases en la manga…



DAVID BOWIE

"Berlín me aporta algo que Londres o Los Angeles no son capaces de darme”

“Berlín tiene la extraña habilidad de hacerte escribir solamente acerca de cosas importantes. Lo demás ni lo mencionas, quedas en silencio, y no escribes nada... y al final creas Low

“Usamos una banda de R&B. Desde Stationtostation, la hibridación de R&B y la electrónica había sido una meta para mí. De hecho, según una entrevista a Brian Eno en los setenta, esto fue lo que le llevó a trabajar conmigo”.

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BRIAN ENO

"Sabía que le gustaba mucho Another Green World  y debió darse cuenta de que había dos Corrientes paralelas de trabajo funcionando a la vez en lo que hacía, y cuando encuentras a alguien con las mismas cuestiones, no tienes más remedio que hacerte ganarte su amistad sin esfuerzo”.



TONY VISCONTI
“David lo dejó claro muchas veces desde entonces, y por supuesto, mi nombre aparece como coproductor junto al suyo. No me explico cómo los periodistas siguen cometiendo el mismo error. Si me pongo a pensar, no recuerdo que Brian lo haya aclarado”.


IGGY POP

 “Simplemente nos encantaba la idea de estar en Berlín. Era una zona de guerra, tierra de nadie”.