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martes, 30 de diciembre de 2014

Damon Albarn – Everyday Robots


Apareció en DECIREVES (diciembre 2014)


“Somos robots cotidianos con nuestros móviles
en el transcurso de llegar a casa
que parecen menhires
por ahí en soledad”.

 

 

Llamar a Everyday Robots de Damon Albarn uno de los mejores discos de este 2014 parece a estas alturas una obviedad. La crítica se ha rendido ante este álbum en solitario de aquel muchacho que apareció en la música con Blur, el primer o segundo grupo que se nombra al recordar aquella etiqueta llamada Britpop. Por si quedaban dudas de quién mandaba en Blur, Albarn salió por la puerta grande con Think Tank (2003), llevándose así su personal y tranquila voz a todo tipo de escenas, ópera, bandas sonoras, colaboraciones de todo tipo, y los aclamados Gorillaz y The Good, the Bad & the Queen. En realidad, en estos once años este no ha sido su primer trabajo en solitario. Democrazy (2003), un doble EP grabado en habitaciones de hotel durante la gira de Think Tank le precede. Paradójicamente, y teniendo en cuenta la génesis de Democrazy, Everyday Robots es para Albarn su grabación más personal. El álbum, melancólico pero sin dramatizar, lleva como tema, de alguna manera u otra, la vida del propio Albarn (“cada verso del disco ocurrió”), sus pensamientos acerca de la vida, incluyendo su infancia, el amor, y el contraste entre naturaleza y tecnología; la grabación está plagada de aparatos; móviles, DVDs, pantallas, CDs, televisiones pero también aparecen el sol y el mar, siendo, en realidad, su sonido una mezcla de los dos mundos; los sintetizadores priman, pero el sonido no es electrónico, está rodeado guitarras acústicas, y violines, de modo que el papel de Richard Russell (propietario de XL Recordings) prevalece más como coautor de los temas en esta grabación que como productor.

El tono es tranquilo, marcado por un modesto ritmo de trip-hop, adornado por samplers, que no llega a ser monótono; la melodía prima. Everyday Robots está compuesto por diez temas y dos interludios; la curiosa “Parakeet” y la más acorde al álbum, “Seven High”. También cuentan, y positivamente, tres temas adicionales, perdidos entre caras B y diferentes ediciones, que no chirriarían nada dentro del álbum, ”Electric Fences”, “Father’s Daughter’s Son” y “Empty Club”. De estos temas introspectivos (en el buen sentido), podríamos dar distinción a dos; la alegre “Mr. Tembo”, cuyo ritmo vivo y más destacado está dedicada a un elefante tanzanés huérfano. También al cierre del disco, “Heavy Seas of Love”, que lleva consigo el coro de The Leytonstone City Mission y la voz de, ni más ni menos que Brian Eno. Este es un cierre de álbum que alivia la desazón que sobrevuela sobre todas las canciones. 

Everyday Robots no significa un sonido radicalmente nuevo en la trayectoria de Albarn, su logro es ser una especie de síntesis velada de su trabajo como artista y su vida, sin decantarse en ninguna época creativa, con una línea sonora sin muchas alteraciones, que sin embargo, no hace del álbum una experiencia lineal, tal es el peso de la composición. Gracias a estos robots cotidianos, Albarn está viviendo otra cima en su carrera. No por menos, y para celebrar el éxito de ventas y crítica, ha añadido algunas de estas gemas a un repertorio que engloba toda su carrera en Live at the De De De Der, con nueva banda para la ocasión, The Heavy Seas. En este repertorio de oro, brilla con luz propia los temas de este álbum.

 

domingo, 30 de noviembre de 2014

Anna Calvi: “La belleza puede ser oscura a veces”

Anna Calvi
Territorios 2014
23/05/14
Apareció en AchtungRevista Distopia
Foto: Juan Antonio Gámez

El fenómeno que es Anna Calvi es grande, y ha impactado en los oídos del buen gusto como un rayo. Su sonido es familiar, pero original a la vez; su música parece salida de una película que David Lynch no ha dirigido con banda sonora de Ennio Morricone, y entre los músicos de la orquesta, P.J. Harvey o Dick Dale. Si a esto añadimos que es una consumadísima guitarrista y posee una voz prodigiosa, profunda y expresiva, nos enfrentamos a un tipo de música de tal envergadura que no es apta para corazones sensibles. La elegancia bella, tenebrosa y majestuosa de sus canciones no deja rincones para prosaísmos. A todo esto le unimos sus letras, que tratan de deseos, sentimientos reprimidos y seducción, todo ello rodeándolo de un halo misterio cautivador, podemos caer en el error de que se trata de una artista de culto de esas difíciles de coger el hilo. Sin embargo, su inteligencia reside en alternar temas fáciles al oído, como “Desire”, o expresionistas como “One Breath”, siempre sin pisar el borde de la música experimental, sin que ello la haga caer en ser gran amiga de las radiofórmulas.
Tal misterio encierra su música que merecía una cita llena de preguntas. 

La edición del festival Territorios de 2014 en Sevilla resultó ser el momento y el lugar ideal. Bajo el sol hispalense, un muy asertivo representante de pelo oxigenado nos pedía que no hiciéramos fotos durante la entrevista, que tuvo lugar en un hermoso huerto de naranjos del Monasterio de La Cartuja. Anna apareció con pasos lentos, vestida de su habitual rojo y negro, que ya forma parte de su imagen, desde la portada de su primer álbum. Con tranquilidad y susurrando respuestas nos explicó más acerca de su atemporal creación, que comenzó a lo grande con Anna Calvi (2011) y continuó con One Breath (2013).

Anna Calvi_JAG2574
Foto: Juan Antonio Gámez

Tu primer álbum llevaba como padrino a todo un visionario de la música Brian Eno. ¿Qué crees que vio en tu música?
Creo que le gustó lo romántico y la pasión que hay en ella, eso dijo. También dijo que mi música le parece “inteligente”, lo cual es todo un elogio.
Anna comenzó a tocar desde muy pequeña. Su primera composición, así nos contó, se llamó “Ziggy Stardust and the Rock from Mars” Así que la siguiente pregunta era obligada:

Has hecho versiones de David Bowie, “Lady Grinning Soul” y “Sound and Vision”…
Es uno de mis artistas favoritos. Escucho su música desde niña. Es uno de mis artistas favoritos como cantante, y es increíble como compositor.

Se suele citar una lista interminable de influencias en tu música. ¿Qué piensas de esto?
Se trata de encontrar una expresión, no de intentar sonar como otra gente. Mis influencias llegan hasta cierto punto, pero lo quiero crear es mi propia música.
Esto es un hecho indiscutible, Anna ha creado una voz propia rápida de reconocer más allá de vacías listas de influencias. Su manera de componer, tiene que ver mucho en ello

¿Sueles componer de una manera específica? ¿Qué es lo que te provoca el deseo de componer?
A veces me inspira algo de música que escucho de repente, o de una película… o algo inspirador que escucho de alguien. Otras veces cuando tengo tiempo y me apetece, me siento y me dedico a ello… Normalmente cojo la guitarra y grabo cantando y tocando, y de algún modo aparece un tema musical de forma natural, y luego voy dando forma.

¿Cuál podría ser una de las canciones con la que estés más satisfecha?
Bueno, eso depende, en realidad… Me encanta tocar “Love Won’t be Leaving” en directo. Es diferente cada vez que lo hago…

Tus dos álbumes son similares en sonido, aun teniendo a dos productores diferentes…
Supongo que se trata de una especial de continuación lógica.

¿De qué trata tu música?
Depende de la canción, aunque creo que se trata de crear una atmósfera en la que adentrarse de alguna manera para que la música te cuente la historia a través de la letra hasta transmitir una emoción sincera.

Has creado un sello de misterio en torno a tu creación que se refleja tu imagen, tu música y tus vídeos…
¿Misterio? Sí que lo hay. El misterio despierta la imaginación, y no hay nada mejor que mantenerla despierta.

“The Bridge”, el último tema de tu segundo disco es muy diferente a los demás que habías hecho hasta el momento.
Siempre quise componer una pieza coral. Escuchaba mucho en ese momento a Rachmaninov, y había visto unas imágenes de un puente derrumbándose, y pensé que era una imagen de gran belleza, aunque a la vez triste. La imagen encierra una metáfora cargada de intensidad.

¿Llevan tus canciones un mensaje?
Quizá el de no tener miedo a sentir intensamente.

Dos de tus temas que interpretas, “Jezebel” and “The Devil”, hacen referencia al Diablo. ¿Qué significa para ti?
Me fascina la idea de estar fuera de control, y, supongo, que veo al Diablo como una especie de metáfora de esta experiencia; no confiar en ti mismo. Esto puede llegar a ser fascinante y aterrador, como una especie de álter ego.

¿Hasta qué punto es un condicionante que tus padres sean psicólogos?
Creo que esto me dio la fuerza para ser introspectiva y emocional y está claro que repercutió radicalmente en mi manera de expresarme en términos generales, incluyendo mi música.

¿Cómo podemos combinar tu música, tan introspectiva y profunda y llena de emoción, con tu vinculación con el mundo de la moda, que siempre ha estado visto como un entorno trivial?
Sentir elegancia y belleza no impide poder expresarte, no tiene una repercusión negativa. Para mí, subir al escenario es una especie de idilio; arreglarme, preparar mi cuerpo, la manera en que se me va a ver a la hora de esta pasión… Esto me ayuda a conseguirlo.

Un crítico ha dicho de ti que has nacido para “grabar un gran álbum conceptual algún día”.
Todos los álbumes son conceptuales; capturan un momento de la vida en la que estás sintiendo ciertas emociones en concreto, y es inevitable transmitirlas… pero no llegaría a pensar algo como…”voy a grabar un álbum conceptual sobre gatos”

Sobre tus actuaciones, se ha dicho que eres “intensa”, “seductora”, “sublime”. ¿Hay una intención detrás de todo esto?
No, todo es natural. Creo que funciona, hace que la gente sienta algo.

Con tantas buenas reseñas de tu música en estudio y en directo, ¿cómo llevas la modestia?
Con toda seguridad, no me considero infalible. Soy muy exigente conmigo misma. No sólo ha habido buenas opiniones, también ha habido malas. Lo correcto es dejarlo todo a un lado y ser tu propio juez.

Después de ir de gira tan intensamente, ¿sigues disfrutando de tus actuaciones? ¿Alguna que tengas un recuerdo especial?
Sí, me sigue encantando tocar en directo. Disfruto sobre todo cuando sientes que la audiencia está deseosa de ir a una especie de viaje contigo, y tú con ella, y ese momento está lleno de energía, y no siempre ocurre, pero cuando ocurre, es algo extraordinario. Me encanta tocar en París. Hace poco toqué dos noches en Le Trianon, que es un antiguo y hermoso teatro.

¿Alguna anécdota de tus actuaciones?
Lo más fuerte que me ha pasado en un escenario… Estaba tocando un solo de guitarra, e incliné la cabeza hacia atrás, tanto que caí sobre la batería… en mitad del solo…Tuve que seguir con el solo sobre el suelo, e intentar crear algo de aquello. En ese momento no me di cuenta, pero al salir del escenario, estaba llena de cortes y moratones. ¡Aquello fue muy de rock and roll!

En el escenario has aparecido vestida de cordobés y con traje de luces.
Sí, alguna vez. Me gustan los trajes, están llenos de energía y fuerza, y llenos de romanticismo. Me gusta jugar con qué es sentirse hombre y mujer a la vez. En cuanto al traje de luces, supongo que me inspiró en algún momento. La verdad es que no lo pensé demasiado. Simplemente me gustaba. No es que esté a favor de la tauromaquia, de hecho soy vegetariana.

Se dice de tu música que es como tus mirada, profunda, bella y oscura.
Es importante tener un algo… que inspire belleza en cualquier cosa que haces, y con esto no quiero decir belleza física. La belleza puede ser oscura a veces.

A las nueve y media de la noche, apareció el diminuto volcán de pasión listo para la erupción que es Anna Calvi en el escenario de Territorios, calzada con unas botas negras, una camisa roja y un abrigo largo, dispuesta a convertirse en una de las estrellas del festival. La de Twickenham se mostraba por primera vez al público hispalense. Comenzando con “Suzanne and I”, Anna demostró que los escenarios también son suyos, y que despliega más fuerza con gran soltura en él con sus introspectivas canciones. La banda compuesta por dos músicos (uno a la batería, otro al teclado y otros menesteres) que le acompañan también a las voces lo hacen a la perfección. “Eliza” le siguió con la misma intensidad y ganas. “Sing to Me” trajo un momento más tranquilo y profundo; sus temas, basados en algo más que en tensión y liberación cobran efecto en directo también entre ellos, haciendo de la actuación una experiencia completa. Su música, tan cerebral e instintiva cobra sentido allí, con Anna, como una especie de Jimi Hendrix (tal es su estilo tocando) que aprendió a componer como Jeff Buckley. En “Carry me Over” el micrófono le jugó una mala pasada enmudeciendo. Mientras se arreglaba, Anna acompañadísima de la banda improvisa “Misirlou” de Dick Dale and his Del-Tones. Parece que nada puede con ella allí arriba, que no sea un repertorio limitado por dos álbumes y el impío horario del festival. Tras “Desire” y la, en ese momento, contradictoria “Love Won’t be Leaving”, la británica se despide dejando al público satisfecho y con ganas de más.

Así es como es Anna Calvi; aún con más prestigio que fama (lo cual le agrada, nos contó) demostró con una voz, la que escondía durante la entrevista entre susurros y risas tenues pero cálidas, que es una artista íntegra y honesta. Lo que nos traerá en el futuro en forma de sonido y sentimientos, nos contaba, ni ella lo sabe. Difícilmente nos dejará fríos, como aquella noche de mayo nos dejó.

viernes, 20 de junio de 2014

Karl Bartos en Hamburgo - Cerrando el Círculo

Karl Bartos
Grüespan
Hamburgo
31/01/14
Apareció en Achtung
Fotos: Stefan Malzkorns y Antonio Jesús Reyes


 Lejos de ser una ciudad decadente y meramente portuaria, a Hamburgo la adornan miles de modernidades. Allí mismo nos dirigimos para cerrar el círculo que comenzó con el lanzamiento en marzo del año pasado de Off The Record de Karl Bartos y la actuación en el Sonar de Kraftwerk en junio en Barcelona. Recapitulando, Kraftwerk nació como un grupo de rock progresivo electrónico y alemán, es decir, Krautrock. Tras tres álbumes aún inéditos, el éxito de Autobahn (1974) fue enorme y transatlántico. La calidad y el eco de Radioactivity (1975) y Trans Europe Express (1977) aún resuenan, sin embargo lo que quedaba por llegar no fueron en absoluto obras menores. Los fundadores Florian Schneider y Ralf Hütter decidieron escuchar lo que tenía que decir Karl Bartos en materia compositiva. Así pasó Bartos de encargarse (junto con Wolfgang Flür) de la mera percusión electrónica a también firmar las canciones de Kraftwerk. Esto supuso que quedara la impronta de Herr Karl en la mitad de los álbumes, es decir, en más de la mitad de los temas más recordados de la banda incluidos en The Man-Machine (1978), Computer World (1981), el single Tour de France (1983), Electric Café (1986) y los remakes de The Mix (1991). Esto significa que la banda le debe muchísimo del premio Grammy a toda la carrera que en este mismo mes de enero se le ha concedido. ¿Qué ocurrió cuando Bartos dejó Kraftwerk por no aguantar la lentitud (o excesivo cuidado) del trabajo? Kraftwerk tardó doce años en publicar un álbum, el aburrido Tour de France Soundtracks (2003) que siguiendo la misma senda del single Expo 2000 (1999) confirmaba que la magia había desaparecido casi por completo. Bartos, mientras tanto, ha estado explorando el techno-pop (del que fue uno de los padres) y el pop con acierto, siempre en movimiento, y sin aburrir, bajo el nombre de Electric Music, Electronic y el suyo propio, rodeado de lo mejorcito del pop. Sus dos últimos trabajos son Communication (2003), que aunque algo lineal no está exento de grandes momentos, y Off the Record (2013) que nos pilló por sorpresa. Karl recopiló grabaciones que procedían décadas anteriores y que no llegó a usar en su momento para así crear una obra de ellas, es decir un gran álbum.

Demasiadas preguntas y grandes canciones en solitario y con Kraftwerk como para rechazar la tentación de viajar y ver en directo a uno de estos, digamos, Beatles electrónicos. La cita fue en Grüenspan, un local ni grande ni pequeño, elegante, moderno y de muy buena acústica. Andando hacia el lugar de la actuación, algunas fachadas de neón nos eran muy familiares. Averiguaríamos el porqué durante la actuación. Una vez en Grüenspan, a pocos minutos de la actuación y desde la primera fila, percibimos que el rango de edades era bastante grande, si bien un gran número rondaba los cuarenta. Junto al escenario, una adolescente de, como mucho, veinte años, esperaba pasárselo en grande. El fondo del escenario, tres enormes pantallas juntas proyectarían atractivas imágenes (en 2D) de temática afín a las canciones, pero antes, y con sonidos electrónicos de fondo, sólo reflejaban sobre un fondo verde interferencias de otros tiempos. El recital comenzó con la llegada de Mathias Black a la izquierda del escenario, luego Robert Baumanns a la derecha. Saludando entró Herr Karl arrancando con la fuerza de “Numbers”/”Computer World” de Kraftwerk. Un comienzo contundente al que le acompañaron dos temas de su obra en solitario, “The Camera” y “I’m the Message”, enormes sucesores de “The Robots” (Los arreglos de este último tema arrancaron una gran ovación entre el público) La celebérrima “The Model” y “Trans-Europe Express” también se hicieron oír, siendo este último tema el único que no estaba firmado por Bartos de todo el recital. Durante “The Model” además de modelos femeninas de tiempos pasados, aparecieron Karl y Wolfgang Flür a la percusión, de jóvenes, sin rastro de Florian y Ralf, mismo tipo de omisión que hacen estos en sus proyecciones. En cuanto al sonido, y al igual que en los conciertos de Kraftwerk de hoy en día, es difícil saber qué está pregrabado y qué no. En este caso, la balanza se inclina a favor de nuestro protagonista de esta noche. Los temas pretéritos se sucedieron, y no fue hasta el undécimo, “Atomium”, cuando Herr Bartos comenzó a mostrar los nuevos temas, los de su flamante Off the Record. Le siguió la fascinante “Nachtfahrt”, la llamada directa a la pista de baile de “Musica Ex Machina” y el techno-pop perfecto de “Without a Trace of Emotion” cuyo videoclip se proyectó tras los tres protagonistas de la noche… y en cuyas imágenes se ven unos edificios familiares y luces de neón, que son ni más ni menos que las de la avenida perpendicular a la calle donde nos encontrábamos, Reeperbahn, en Sankt Pauli, parte del barrio rojo de Hamburgo. Tras esta canción que refleja la agridulce fama de Herr Karl, el quinto tema de Off the Record fue, “Rhythmus”, luego “Life” para el que Bartos dejó los teclados y demás aparatos y se fue al extremo derecho a cantar, esta vez ya sin máculas ni voces robotoides acompañándole. “Life” era una de las apuestas de pop con sintetizadores de Electric Music, una apuesta que ganó en estudio y allí mismo en el Grüenspan.

Quizá la cresta de la ola de la noche fueron los tres temas siguientes, “Computer Love” junto a “Pocket Calculator” y “Tour de France”. Nuestra adolescente de primera fila así lo atestiguaba con euforia. Tres temas de Communication (2003), “Interview”, la warholiana “15 Minutes of Fame” y la robótica “Ultraviolet” parecían cerrar el concierto. La vuelta de nuestro trío electrónico de la noche fue “Neon Lights”, del gran The Man Machine (1978). No fue suficiente y los músicos volvieron para despedirse del Grüenspan con “TV”, de la encarnación de Bartos como Electric Music, una canción y/o título que bien podría haber entrado en Computer World, y que por su calidad y temática, es un agujero negro en la discografía de la banda. Los asistentes pudieron acabar la noche llevándose un autógrafo y estrechando la mano de uno de los músicos que desde los años setenta ha puesto banda sonora al futuro que nos alcanza y pavimentado el camino de la música electrónica. Kraftwerk y Bartos perdieron con la salida de este del grupo; se centran en dar conciertos por todo el mundo, pero una vez en estudio su rendimiento es escaso en número e interés. Su música ha perdido la melodía y el encanto. Por otro lado Bartos está eclipsado por las canciones y el nombre de aquella, su primera banda. Sin embargo esto no es una tragedia. En caso de elegir uno u otro, elijamos los dos.

Saliendo del Grüenspan, nos informan de que justo al lado hay un club llamado Indra. Allí, unos imberbes de Liverpool comenzaron a tocar profesionalmente por primera vez en agosto de 1960. Este mismo grupo en este mismo enero también han sido galardonados con el mismo premio en la misma ceremonia que Kraftwerk. Hamburgo bien merece más de una noche.