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domingo, 30 de noviembre de 2014

Anna Calvi: “La belleza puede ser oscura a veces”

Anna Calvi
Territorios 2014
23/05/14
Apareció en AchtungRevista Distopia
Foto: Juan Antonio Gámez

El fenómeno que es Anna Calvi es grande, y ha impactado en los oídos del buen gusto como un rayo. Su sonido es familiar, pero original a la vez; su música parece salida de una película que David Lynch no ha dirigido con banda sonora de Ennio Morricone, y entre los músicos de la orquesta, P.J. Harvey o Dick Dale. Si a esto añadimos que es una consumadísima guitarrista y posee una voz prodigiosa, profunda y expresiva, nos enfrentamos a un tipo de música de tal envergadura que no es apta para corazones sensibles. La elegancia bella, tenebrosa y majestuosa de sus canciones no deja rincones para prosaísmos. A todo esto le unimos sus letras, que tratan de deseos, sentimientos reprimidos y seducción, todo ello rodeándolo de un halo misterio cautivador, podemos caer en el error de que se trata de una artista de culto de esas difíciles de coger el hilo. Sin embargo, su inteligencia reside en alternar temas fáciles al oído, como “Desire”, o expresionistas como “One Breath”, siempre sin pisar el borde de la música experimental, sin que ello la haga caer en ser gran amiga de las radiofórmulas.
Tal misterio encierra su música que merecía una cita llena de preguntas. 

La edición del festival Territorios de 2014 en Sevilla resultó ser el momento y el lugar ideal. Bajo el sol hispalense, un muy asertivo representante de pelo oxigenado nos pedía que no hiciéramos fotos durante la entrevista, que tuvo lugar en un hermoso huerto de naranjos del Monasterio de La Cartuja. Anna apareció con pasos lentos, vestida de su habitual rojo y negro, que ya forma parte de su imagen, desde la portada de su primer álbum. Con tranquilidad y susurrando respuestas nos explicó más acerca de su atemporal creación, que comenzó a lo grande con Anna Calvi (2011) y continuó con One Breath (2013).

Anna Calvi_JAG2574
Foto: Juan Antonio Gámez

Tu primer álbum llevaba como padrino a todo un visionario de la música Brian Eno. ¿Qué crees que vio en tu música?
Creo que le gustó lo romántico y la pasión que hay en ella, eso dijo. También dijo que mi música le parece “inteligente”, lo cual es todo un elogio.
Anna comenzó a tocar desde muy pequeña. Su primera composición, así nos contó, se llamó “Ziggy Stardust and the Rock from Mars” Así que la siguiente pregunta era obligada:

Has hecho versiones de David Bowie, “Lady Grinning Soul” y “Sound and Vision”…
Es uno de mis artistas favoritos. Escucho su música desde niña. Es uno de mis artistas favoritos como cantante, y es increíble como compositor.

Se suele citar una lista interminable de influencias en tu música. ¿Qué piensas de esto?
Se trata de encontrar una expresión, no de intentar sonar como otra gente. Mis influencias llegan hasta cierto punto, pero lo quiero crear es mi propia música.
Esto es un hecho indiscutible, Anna ha creado una voz propia rápida de reconocer más allá de vacías listas de influencias. Su manera de componer, tiene que ver mucho en ello

¿Sueles componer de una manera específica? ¿Qué es lo que te provoca el deseo de componer?
A veces me inspira algo de música que escucho de repente, o de una película… o algo inspirador que escucho de alguien. Otras veces cuando tengo tiempo y me apetece, me siento y me dedico a ello… Normalmente cojo la guitarra y grabo cantando y tocando, y de algún modo aparece un tema musical de forma natural, y luego voy dando forma.

¿Cuál podría ser una de las canciones con la que estés más satisfecha?
Bueno, eso depende, en realidad… Me encanta tocar “Love Won’t be Leaving” en directo. Es diferente cada vez que lo hago…

Tus dos álbumes son similares en sonido, aun teniendo a dos productores diferentes…
Supongo que se trata de una especial de continuación lógica.

¿De qué trata tu música?
Depende de la canción, aunque creo que se trata de crear una atmósfera en la que adentrarse de alguna manera para que la música te cuente la historia a través de la letra hasta transmitir una emoción sincera.

Has creado un sello de misterio en torno a tu creación que se refleja tu imagen, tu música y tus vídeos…
¿Misterio? Sí que lo hay. El misterio despierta la imaginación, y no hay nada mejor que mantenerla despierta.

“The Bridge”, el último tema de tu segundo disco es muy diferente a los demás que habías hecho hasta el momento.
Siempre quise componer una pieza coral. Escuchaba mucho en ese momento a Rachmaninov, y había visto unas imágenes de un puente derrumbándose, y pensé que era una imagen de gran belleza, aunque a la vez triste. La imagen encierra una metáfora cargada de intensidad.

¿Llevan tus canciones un mensaje?
Quizá el de no tener miedo a sentir intensamente.

Dos de tus temas que interpretas, “Jezebel” and “The Devil”, hacen referencia al Diablo. ¿Qué significa para ti?
Me fascina la idea de estar fuera de control, y, supongo, que veo al Diablo como una especie de metáfora de esta experiencia; no confiar en ti mismo. Esto puede llegar a ser fascinante y aterrador, como una especie de álter ego.

¿Hasta qué punto es un condicionante que tus padres sean psicólogos?
Creo que esto me dio la fuerza para ser introspectiva y emocional y está claro que repercutió radicalmente en mi manera de expresarme en términos generales, incluyendo mi música.

¿Cómo podemos combinar tu música, tan introspectiva y profunda y llena de emoción, con tu vinculación con el mundo de la moda, que siempre ha estado visto como un entorno trivial?
Sentir elegancia y belleza no impide poder expresarte, no tiene una repercusión negativa. Para mí, subir al escenario es una especie de idilio; arreglarme, preparar mi cuerpo, la manera en que se me va a ver a la hora de esta pasión… Esto me ayuda a conseguirlo.

Un crítico ha dicho de ti que has nacido para “grabar un gran álbum conceptual algún día”.
Todos los álbumes son conceptuales; capturan un momento de la vida en la que estás sintiendo ciertas emociones en concreto, y es inevitable transmitirlas… pero no llegaría a pensar algo como…”voy a grabar un álbum conceptual sobre gatos”

Sobre tus actuaciones, se ha dicho que eres “intensa”, “seductora”, “sublime”. ¿Hay una intención detrás de todo esto?
No, todo es natural. Creo que funciona, hace que la gente sienta algo.

Con tantas buenas reseñas de tu música en estudio y en directo, ¿cómo llevas la modestia?
Con toda seguridad, no me considero infalible. Soy muy exigente conmigo misma. No sólo ha habido buenas opiniones, también ha habido malas. Lo correcto es dejarlo todo a un lado y ser tu propio juez.

Después de ir de gira tan intensamente, ¿sigues disfrutando de tus actuaciones? ¿Alguna que tengas un recuerdo especial?
Sí, me sigue encantando tocar en directo. Disfruto sobre todo cuando sientes que la audiencia está deseosa de ir a una especie de viaje contigo, y tú con ella, y ese momento está lleno de energía, y no siempre ocurre, pero cuando ocurre, es algo extraordinario. Me encanta tocar en París. Hace poco toqué dos noches en Le Trianon, que es un antiguo y hermoso teatro.

¿Alguna anécdota de tus actuaciones?
Lo más fuerte que me ha pasado en un escenario… Estaba tocando un solo de guitarra, e incliné la cabeza hacia atrás, tanto que caí sobre la batería… en mitad del solo…Tuve que seguir con el solo sobre el suelo, e intentar crear algo de aquello. En ese momento no me di cuenta, pero al salir del escenario, estaba llena de cortes y moratones. ¡Aquello fue muy de rock and roll!

En el escenario has aparecido vestida de cordobés y con traje de luces.
Sí, alguna vez. Me gustan los trajes, están llenos de energía y fuerza, y llenos de romanticismo. Me gusta jugar con qué es sentirse hombre y mujer a la vez. En cuanto al traje de luces, supongo que me inspiró en algún momento. La verdad es que no lo pensé demasiado. Simplemente me gustaba. No es que esté a favor de la tauromaquia, de hecho soy vegetariana.

Se dice de tu música que es como tus mirada, profunda, bella y oscura.
Es importante tener un algo… que inspire belleza en cualquier cosa que haces, y con esto no quiero decir belleza física. La belleza puede ser oscura a veces.

A las nueve y media de la noche, apareció el diminuto volcán de pasión listo para la erupción que es Anna Calvi en el escenario de Territorios, calzada con unas botas negras, una camisa roja y un abrigo largo, dispuesta a convertirse en una de las estrellas del festival. La de Twickenham se mostraba por primera vez al público hispalense. Comenzando con “Suzanne and I”, Anna demostró que los escenarios también son suyos, y que despliega más fuerza con gran soltura en él con sus introspectivas canciones. La banda compuesta por dos músicos (uno a la batería, otro al teclado y otros menesteres) que le acompañan también a las voces lo hacen a la perfección. “Eliza” le siguió con la misma intensidad y ganas. “Sing to Me” trajo un momento más tranquilo y profundo; sus temas, basados en algo más que en tensión y liberación cobran efecto en directo también entre ellos, haciendo de la actuación una experiencia completa. Su música, tan cerebral e instintiva cobra sentido allí, con Anna, como una especie de Jimi Hendrix (tal es su estilo tocando) que aprendió a componer como Jeff Buckley. En “Carry me Over” el micrófono le jugó una mala pasada enmudeciendo. Mientras se arreglaba, Anna acompañadísima de la banda improvisa “Misirlou” de Dick Dale and his Del-Tones. Parece que nada puede con ella allí arriba, que no sea un repertorio limitado por dos álbumes y el impío horario del festival. Tras “Desire” y la, en ese momento, contradictoria “Love Won’t be Leaving”, la británica se despide dejando al público satisfecho y con ganas de más.

Así es como es Anna Calvi; aún con más prestigio que fama (lo cual le agrada, nos contó) demostró con una voz, la que escondía durante la entrevista entre susurros y risas tenues pero cálidas, que es una artista íntegra y honesta. Lo que nos traerá en el futuro en forma de sonido y sentimientos, nos contaba, ni ella lo sabe. Difícilmente nos dejará fríos, como aquella noche de mayo nos dejó.

sábado, 15 de marzo de 2014

Suede en Razzmatazz 2013


Suede
Razzmatazz
Barcelona
05/11/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes y Xiang Taoying


Después de siete años sin hacer nada juntos, estos músicos abanderados de aquella ecléctica etiqueta del Brit-pop realizaron una gira de grandes éxitos en 2010 que olía a despedida, y que, sin embargo dieron paso a visos de volver, como aquella declaración en la que Brett en la que afirmaba que volverían a grabar, pero que sólo saldría a la luz si resultaba ser realmente bueno. Así regresaron editando Bloodsports (2013) con el espíritu de las canciones del discazo que fue Coming Up (1996), y algo, no mucho, de Dog Man Star (1994). Así fue como estos músicos de la Pérfida Albión volvieron a la carga y no han parado en los últimos tres años.

Ya los vimos allí mismo en la Sala Razzmatazz, en la antes mencionada gira de regreso, así que volvíamos al mismo lugar para lo mismo pero con Bloodsports de por medio, que goza y con razón del beneplácito de la crítica, las listas de ventas, y como se vio y vivió allí, de los seguidores de la banda, los nuevos y los de siempre. La edad del público rondaría entre los cuarenta y los veintialgo, dejando patente que el legado de Suede y su nuevo disco han dejado huella. Entre ellos, y pegado a la barrera (the barrier!) un jovenzuelo lee un libro de David Bowie de la Editorial Los Juglares, publicado mucho antes de que existiera él o Suede, que ya hace tiempo que son algo más que descendientes del legado de cierta época de Bowie, o de los Smiths y demás. Nunca es mal momento para ilustrarse un poco. En la cortina del fondo del escenario estaba proyectado el nombre de la banda con colores que cambiaban según las portadas los de los álbumes que han publicado hasta la fecha. Desde los altavoces, de repente, y casi puntual, la intro de la banda, Rachmaninov, ni más ni menos, como en la gira de Head Music, y entonces aparece Suede de una vez. Lo normal es empezar un concierto con una canción para calentar motores, sin embargo, y no es la primera vez, Suede comienzan con una canción de Dog Man Star, lenta y hermosa y de crescendo lacerante que es “Still Life”, con un Brett Anderson dándolo todo, que sería la tónica del concierto. Con “Barriers”, primer single de Bloodsports, abre el desenfreno entre los presentes que llegaría con más del mismo álbum, como “It Starts and Ends with You” y legendarios como “Trash” y “Animal Nitrate”.

La cosa se puso seria luego, muy seria con “Sometimes I Feel I Float Away”, con Brett Anderson, la cara de Suede como no lo habíamos visto antes, interpretando (en ambos sentidos) de una manera magistral sintiendo la canción, sudando y temblando, reflejando la crisis interna del personaje de la canción. Gratísima sorpresa la de incluir “Killing of A Flash Boy”, una cara B de Dog Man Star, que fue uno de los puntos álgidos de la actuación. Y es que Suede en los noventa dio en muchas ocasiones muchas caras B mucho mejores que algunas incluidas en los álbumes, como una de las siguientes, “My Dark Star”, del enormísimo “Stay Together”. Otra sorpresa fue “Heroin”, escondida en las sesiones de Head Music (1999) e interpretada por primera vez en directo en el Razzmatazz en aquel momento. Este tema nos recordó a la carrera de Brett Anderson sin Suede. Con The Tears, el proyecto no acabó de cuajar contra todo pronóstico, y su carrera en solitario tampoco… en un claro ejemplo del lamentable síndrome que sufrió Bowie con Tin Machine, donde el nombre del intérprete importa más que sus canciones. Sin embargo, la esencia de Suede en directo es Brett, los demás músicos pasan a un segundo plano, un brillante segundo plano, pero es que Anderson no para en el escenario; salta, baila, gesticula, se acerca para tocar al público con la mano, hunde la cara en el público mientras canta, y sin dar tregua. “So Young” trajo consigo algo ya usual en el directo de Suede desde sus principios; al final de la canción, mientras el tempo se va haciendo más lento, el micrófono vuela al compás de la música, alrededor de Brett Anderson atándole con el cable, acabándose justo a la vez que la canción. No faltó “The Beautiful Ones”, amagando despedida, y “New Generation”, revelador título viendo a los presentes, que fue el único bis con el que Suede dijeron adiós, dejándonos satisfechos pero con ganas de más. Paradojas del rock, amigos.

El recital no fue un himno a la nostalgia de los noventa, sino la celebración de la continuidad de la vigencia de las canciones de antes, y las de ahora, y prueba irrefutable del estado de salud de la banda sobre las tablas. Que las canciones de decadencia urbana de primera clase continúen, y así de bien.

jueves, 13 de marzo de 2014

Pulp - Sheffield y Más Allá





Apareció en DECIREVES (Enero 2014)


Esta es la historia de una banda de Sheffield, la ciudad de la fábricas de hierro y acero, que llevó al estrellato una canción que trataba de ser gente corriente. A finales de los años setenta, y con la industria de la ciudad en declive, comenzó a un proceso de quince años que llevó al siempre líder, Jarvis Cocker desde mil fracasos hasta la fama. Todo empezó con Jarvis, a los catorce años, y con nombres como Arabicus, Arabicus Pulp, y al fin, Pulp, como homenaje a la película de 1972 con Michel Caine. En tres años, y con Jarvis y el guitarrista Russel Senior como núcleo del grupo, consiguieron un sueño hecho realidad, que era el de tocar para las sesiones del visionario de la música llamado John Peel. La actuación les aseguró una enorme fama local que se apagaría rápido. Aquello fue en 1981. Dos años más tarde  llegó It, primer álbum, que fue un trabajo acústico que sonaba como a un jovenzuelo Scott Walker cantando folk y desafinando de vez en cuando. Sin embargo, tiene un encanto amateur que atrae; mejores discos y mejor grabados hemos borrado de nuestras mentes para siempre. Para nada está exento de encanto este It, y temas como “Blue Girls” y “Boats and Trains” lo atestiguan.
 
Los siguientes años traerían mucha creatividad y originalidad, así como desgracias; un local entero peleándose durante un concierto, o Jarvis cayendo desde un tercer piso por intentar impresionar a una chica, por lo que tuvo que pasar dos meses en una silla de ruedas, eso sí, cumpliendo con sus actuaciones en directo. Y ahora, su suerte en Fire Records, con singles como "Little Girl (With Blue Eyes)”, no daba signos de que la suerte del grupo fuera a cambiar. Hete aquí que Freaks (1987) daba una de cal y otra de arena. La mitad bien podría haber entrado en It, sin embargo la otra mitad es oscura y sombría, como la bipolar “Anorexic Beauty” o “The Never-ending Story”. Y es que, claro, cuesta abajo y sin frenos, un grupo no puede intentar dejar buena impresión en una discoteca con una canción llamada alegórica “Death Goes to the Disco”.

¿A dónde nos encaminaría Separations? Grabado en 1989, en este punto, la banda ya había tenido mil encarnaciones, con Jarvis y Russel perennes, y hasta se había llegado a disolver por un breve espacio de tiempo. Con su Cara A más experimental, y su B orientada a las pistas de baile, Pulp nos dejaba con un trabajo menos psicótico que Freaks, pero igual de disfrutable. Además de “Countdown”, una apuesta muy comercial y brillante, Separations incluyó el single “My Legendary Girlfriend”, onírica, misteriosa y pop, y sus cerca de siete minutos que les llevó a ser single de la semana en NME. Buenas noticias al fin, de no ser porque el álbum de estos singles tardó tres años en ver la calle. También es el fin de una etapa; la esencia de los anteriores, su encanto estridente sin que mediara voluntad, desaparecería para bien o para mal. Esta cualidad casi inefable les pone en la lista de ser de los primeros en echar mano cuando tenemos etapas en las que nuestros artistas musicales preferidos nos están cansando.

Luego llegó aquello del Britpop (aún en bambalinas, era 1992), con Suede, Oasis, Supergrass, Elastica, Blur, con los setenta, los sesenta, los Smiths y los Stones Roses por bandera Union Jack. Pulp, sin embargo, estaban bien lejos de las influencias que eran más evidentes en los demás. ¿Quién se acordaba de, por ejemplo, Scott Walker? En este año, Fire Records hizo coincidir la aparición de aquel Separations con His ‘N’ Hers, el álbum con el que Pulp, ya en Gift Records, se subía al carro de aquel movimiento. Desde el primer al último tema, y gracias a la producción de Ed Buller, His ‘N’ Hers es su primer álbum lleno de confianza, dinamismo y brillantez palpables. Jarvis baja de los temas universales para tocar tierra con anécdotas e historias a las que, al menos en apariencia, se les huele algo de biográfico o autobiográfico. El voyerismo de “Babies”, la demolición personal de “Razzmatazz” y “Lipgloss” o la segunda persona del singular en “Do You Remember the First Time?” les acercan al público, al que parce que están componiendo su banda sonora vita.

Y Jarvis Cocker haciéndose un sex-symbol; largo, canijo, con gafas a lo Seguridad Social de Reino Unido de montura negra, negrísima y enormes lentes de alta graduación… Así es el mundo de la música, amigos. Éxito de ventas, crítica y público en los conciertos. Llegó el momento del single que se tornó himno de la clase trabajadora en mayo de 1995, es decir, “Common People”, el momento de ridiculizar a los snobs de la clase alta haciendo su estupidez evidente, y de cantarlo marcando historia en Glastonbury, donde sustituyeron a los Stone Roses, para lamento de pocos, que además no estaban atentos a cómo se le caían los pétalos a las rosas pétreas. “Common People” trata de una chica adinerada de Grecia que Jarvis conoció cuando estudiaba cine en Londres, siete años antes. La muchacha había decidido vivir en Hackney y “vivir como la gente corriente”:

Conocí a la chica de la canción hace mucho tiempo, cuando estudiaba en St. Martin's College, en una clase de escultura, durante la quincena en la que alumnos de distintas disciplinas exploran otras. Yo estudiaba cine, y ella había estado haciendo algo de pintura, y los dos decidimos hacer escultura durante dos semanas. No sé su nombre. Sería por 1988, así que retomar aquello fue como escribir Historia Antigua”. Jarvis en NME, 2013


Con el sarcasmo como arma, Jarvis ridiculiza la actitud de la chica dirigiéndose a ella, que no optaría por vivir todas las miserias que vive el ciudadano de a pie, y de hacerlo, siempre habría  un teléfono cerca para llamar a papaíto. El videoclip, con de gente corriente y no corriente en loops de cortos movimientos, tampoco tenía desperdicio. El título casa con el del álbum en el que se incluyó, Diferent Class (1995), de doble significado, es decir diferente, referido o no a la clase social. Dentro de esta especie de lucha (relativa) entre arriba y abajo está la anécdota ocurrida en la entrega de los Brit Awards. ¿A cuento de qué invitaron a Michael Jackson? Allí estaba él, autodenominado rey del pop, entunicado en plan mesías de nada, lavando su pedofilia con ecología. En plena actuación, un espontáneo saltó al escenario brevemente y bailó de manera cómica, discordante con toda la gloria de cartón que había allí montada. Era Jarvis, que así rompía la solemnidad vacua de la actuación del americano, que le costó pasar la noche en una comisaría. En primera persona, se explicaba así: 

"Lo que hice fue como protesta a la imagen que Michael Jackson tiene de sí mismo, como una especie de Jesucristo que tiene el poder de curar.”

Lejías a parte, el eco del éxito de Different Class llega hasta nuestros días, y es el más celebrado de Pulp, el más accesible, el más rápido, que no desmerece a temas como las preguntas de hondo calado de “Something Changed”, el llenapistas “Disco 2000” o el fetichismo de “Pencil Skirt”, de muy pocas dobleces.
La fiesta que fue el Britpop se acababa. Los músicos empezaron a separarse, a cambiar erróneamente o tenérselo creído al inflar los esquemas. En este contexto, en 1998 aparece This Is Hardcore, como si fuera el ruido de fondo de una resaca vital. Número uno en ventas, y éxito de críticas de nuevo (Different Class se quedó en el dos en muchas listas). Con más o menos tragedia o ironía, el disco trata de envejecer, los efectos de la droga, rupturas, pornografía, y al fin y al cabo, el precio de la fama. Esta “banda sonora de la guarida de un soltero” es enorme en composición y producción (algo inflada también, en momentos), pero diferente a su anterior. Disfrutarlo entendiendo de qué trata no es una labor fácil del todo. Sin duda el tema que da título al disco, junto con “Help the Aged”, la infravalorada “Sylvia” o “Like a Friend”,  tema que quedó para la película Great Expectations (que no es ni más ni menos que la descripción de esa relación en la que no te deberías haber metido) seguían dando la razón a Jarvis y los suyos. En este punto Russel Senior no estaba de acuerdo del todo, y dejó la banda.


Y luego, ocurrió lo que nadie esperaba. El esquivo Scott Walker accedió a producir un trabajo para Pulp que se llamaría We Love Life (2001). Contra todo pronóstico, ni de lejos llegó a las ventas de sus dos anteriores trabajos, y sin embargo la crítica lo sigue tratando bien, pese al cambio de sonido del grupo. Quizá olvidando de dónde viene el grupo, de cómo lo hemos endiosado, podremos disfrutarlo como merece de una vez por todas. “The Trees” no fue un buen single de presentación. Para cuando “Bad Cover Version”, con su mofa de las canciones tipo “Do They Know It’s Christmas” o “We Are The World” salió, ya era un poco tarde. Y la banda, habiendo tocado otra cima de creatividad y éxtasis con “Sunrise”, se separa.

Los dos álbumes en solitario de Jarvis (Jarvis y Further Complications, en 2006 y 2009) corrieron la misma suerte que We Love Life… Y llegó el regreso. Desde mayo de 2011, y hasta diciembre de 2012 Pulp recorrieron los escenarios de varios continentes. Acabaron la gira en la misma ciudad donde empezó este artículo (bueno, en realidad luego tocaron en Jamaica y Las Bahamas pocas semanas después) en una Sheffield cuya economía se encuentra en una mejor situación. Esperamos que el futuro incierto de la banda nos traiga más conciertos, y discos si es posible, con nuevas historias de esas que pueden ser la tuya y la mía.

martes, 31 de diciembre de 2013

Kraftwerk en Sonar 2013

Kraftwerk en Sonar 2013
Fira de Barcelona
Barcelona
14/03/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes
 

De nuevo en movimiento a tierras lejanas de punta a punta de la península, nos asaltan preguntas de hondo calado como la de que si Barcelona és bona si sona el Sonar. Tras el trance del vuelo, en el aeropuerto los conos de señalización nos recuerdan nuestra misión allí; ver cómo han evolucionado dos generaciones de la música electrónica. Kraftwerk y Pet Shop Boys actúan el vigésimo aniversario del festival de música electrónica. Conos adornaban las primeras dos portadas de Kraftwerk, y los surrealistas Pet Shop Boys, los llevaban en la cabeza, allá por los noventa, cuando decían se autodenominaban la alternativa al Britpop.
Claro que hubo más actuaciones y evento en los tres días que duró el festival, como Skrillex, Bauer, MajorLazer, o Beardy Man, Darkstar (presentando Gold) y mucho DJ. ¿Crisis? Las entradas no eran para todos los bolsillos que no fueran extranjeros, se dice,y es que claro, poderoso caballero es Don IVA.

La organización funcionó, y no fue del todo difícil llegar al escenario donde los padres del techno iban a actuar. Lo de padres ya va siendo una etiqueta que se la lleva el tiempo. Tantas están siendo las reencarnaciones del género que crearon, que bisabuelos estaría más correcto. Stockhausens aparte, Kraftwerk plantaron el ABC de lo que vendría después. No era la primera vez que iban al Sonar de Barcelona. En 1998 actuaron allí, con sus robots bajo el brazo. ¿Los traerían esta vez? Mientras caminábamos dentro ya del recinto, uno de tres señores bien gordotes con cajas enromes nos paró haciendo una señal con la mano y de una de estas cajas nos hizo entrega de unas gafas de tres dimensiones… ya lo habíamos olvidado. En la oscuridad del lugar del concierto y ya bajo techo, llegamos a la primera fila para retroceder… mejor así, había que ver la pantalla completa, no a los miembros del grupo… esto no era un concierto de Led Zeppellin, la acción estaba también fuera de los cuatro atriles de Kraftwerk que iban apareciendo; estábamos a punto de presenciar “Kraftwerk 3D”. De estos atriles de ciencia-ficción, sólo uno sería para uno de los fundadores de la banda, Ralf Hütter. Junto a Florian Schneider, que dejó Kraftwerk en 2008, Hütter llevó a la banda desde sus inicios en el Krautrock en 1970 (meinGott!), con la inestimable ayuda de Karl Bartos, desde 1975 a 1986, un apoyo que aún no ha sido valorado debidamente. Karl dejó la banda tras The Mix (¡sin que en los créditos se le mencionara!), con un legado en la banda más que notable.

De repente, nos acordamos de que en el mismo festival estaba en cartel Atom TM (Uwe Schmidt), creador del Señor Coconut, que llevó las canciones de Kraftwerk a los ritmos latinos, y de repente, una ovación que fue grandísima en el recinto abarrotado de la Ciudad Condal suena al ver entrar a los nuevos Kraftwerk, enfundados en una especie de traje de ciclista en plan Tron. El concierto comenzaba con el ritmo de “The Robots” ralentizado, y con la audiencia ya metida en el bolsillo durante dos horas. El escepticismo del 3D pasó rápido; en la pantalla aparecían los robots (perdón, androides) de The Man- Machine moviéndose impasiblemente haciendo del efecto 3D un éxito. Cuando uno de ellos, el más próximo a la cámara se gira, fue como si un gran brazo se moviera por encima del público. Estamos frente a un grupo y unas canciones tan influyentes como las que más, presentando sus clásicos, y con un formato de miedo. Los temas que siguieron eran como para quitar el hipo, y cada uno de ellos bien acompañado por sus correspondientes imágenes en 3D… Mirar hacia atrás era un poema; miles de caras con gafas de cartón blancas mirando el espectáculo.

En el repertorio hubo mucho de canciones que Hütter y Schneider compusieron con Bartos, y fueron las mejor recibidas, como “The Model”, “Numbers”, “The Man-Machine”, o “Space Lab”, en la que la pantalla 3D hizo del lugar una nave espacial con vistas al planeta tierra. “Vitamin”, de Tour De France Soundtracks (2003), el último álbum de Kraftwerk hasta la fecha, tuvo una gran recepción del público a las palmas. Hubo momentos intensos como en “Radioactivity”; desde su nueva versión en TheMix ,nombra centrales nucleares en las que se produjeron accidentes. Ahora sustituyen en uno de los versos “Hiroshima” por “Fukushima”. Lo que fue un homenaje a la ciencia, se torna denuncia o advertencia. Otro gran momento fue el solemne comienzo de “Trans-Europe Express”, y el imprescindible “Autobahn”, primer éxito del grupo en 1974; en la pantalla gigante, se recreaba la portada del álbum con aquellos viejos autos en movimiento por la autopista visto desde numerosos ángulos. También hubo un momento extraño, el de “Music Non-Stop”, en el que la audiencia (de la que se esperaba más movimiento, todo sea dicho) cantaba“boing boom tschak! boing boom tschak! Peng!”, que aparecía en imágenes. ¿Será éste el Wop-bop-a-loom-a-blop-bam-boom del techno? En la pantalla, imágenes del videoclip, con honores sólo a Schneider… ¿¡Quién se acuerda ya ni siquiera de Wolfgang Flür!? Con “Expo 2000”/”Planet Of Visions” acaba la actuación, y los nuevos miembros dejan tras un solo sintético el escenario uno a uno, saludando al público desde la esquina derecha. Hütter termina el suyo y deja el escenario con una sonrisa, y donde los demás se despidieron, levanta la mano, hace una reverencia y da las gracias.

Las actuaciones de Kraftwerk significan el éxito de The Mix (1992); al quedar la obra del grupo perfecta e impoluta, pero enmarcada en una época, era necesario volver a crearlas saliendo airosamente o triunfalmente llevándolos a un nuevo tiempo. Tal hazaña, tal atrevimiento se demostró en 1992, y en las posteriores giras, siendo testigo el directo Minimum Maximum (2005) hasta llegar a la que nos ha dado la posibilidad de verlos en Sonar, donde dudamos que algún artista ignore que todo lo que hace ya había sido señalado de lejos o de cerca por estos alemanes.

Buenas noticias sin confirmar: Hütter ha anunciado que sus primeros álbumes de Krautrock, los tres anteriores a Autobahn (Kraftwerk 1, Kraftwerk 2 y RalfUndFlorian), van a ser reeditados, eso sí, con décadas de retraso, tras haber renegado de ellos. Y otra noticia más del mismo Hütter, que después de haber presentado “1 2 3 5 5 6 7 8” (es decir, sus álbumes oficiales), es hora de crear el 9. Esperamos que se confirme, y que abandonen la senda que marcó Tour De France Soundtracks, es decir, que haya más melodía y menos ritmo, como cuando Bartos estaba con ellos, innovando y diseñando el camino para gente como Depeche Mode, OMD, Eurythmics, New Order, David Bowie, Duran Duran, Moby, Prodigy o Pet Shop Boys, a los que veinticuatro horas después veríamos… pero eso es otra historia… Una vez de vuelta, en uno de los periódicos, se anunciaba con una foto enorme un concierto de Alejandro Sanz, y en la página siguiente, una instantánea de los alemanes… coyuntura y estructura.

miércoles, 1 de mayo de 2013

The Beach Boys - Para Esto Tesla Inventó La Radio (Álbum - That's Why God Made The Radio)


Quienes dudaban de la calidad de un nuevo e improbable álbum de los Beach Boys, no contaban con que es la banda de Brian Wilson, y no se habían dado cuenta de que la encarnación de la banda con Mike Love era una parodia, y prueba de ello fueron los últimos discos con los que se despidió el grupo en aquellos años. No sería justo que el mundo de la música se hubiera quedado con un adiós tan amargo. Por otro lado, tal improbabilidad no parece tener en cuenta que ninguno de sus miembros ha estado inactivo en ningún momento, ya sea en directo y/o en estudio.
Es lo máximo en décadas que estamos delante de un disco de los Beach Boys, y además con fuerzas y motivaciones renovadas. La banda cumple cincuenta años desde que firmó con Capitol. Para tal cumpleaños, Brian vuelve como compositor principal y productor con nuevas canciones, y vuelve el guitarrista David Marks, que participó en los primeros cuatro álbumes de la banda. La  ausencia de las voces deslumbrantes los fallecidos Carl y Dennis Wilson están ahora ocupadas por otras de sonido similar, no por menos, como afirmó Dennis, Brian Wilson es los Beach Boys, y los demás, sus mensajeros, aunque de otra manera menos suave.
That’s Why God Made The Radio es una vuelta al sonido de la banda desde Today y Summer Days and Summer Nights (ambos de 1965) hasta llegar a Sunflower (1970). Centrándose en melodías y ritmos sin durezas ni aspavientos, haciendo del álbum un trabajo sin sobresaltos pero repleto de vitalidad y energía, con una segunda mitad más emotiva y más tranquila, deudora, pero muy de lejos, del legendario Pet Sounds (1966), y de algo de lo salvable de los años ochenta. En resumen, tiene toda la temática anterior de los Beach Boys, es decir, sol, playas, surf, verano, coches, romances, vacaciones, pero también y en contraste (o como complemento) un intimismo en el que refleja al individuo expuesto al mundo, temas que ya son familiares en su carrera, pero que sin embargo no rechinan ni suenan a trillado, que lo acerca a That Lucky Old Sun (2004) de Brian en solitario, un hecho que sólo puede ser más que positivo. Esta cualidad de volver a lo mismo de distinta manera es lo que junto a las enormes melodías y los excelentes arreglos dan a That’s Why God Made The Radio un merito enorme, y hacen de él un disco merecedor de unos artistas de la talla de Brian Wilson y sus muchachos.




El álbum comienza con una pieza instrumental breve llamada “Think About The Days junto a las voces de esta nueva rencarnación de los californianos, anticipando la segunda parte del CD y la grandeza de los arreglos vocales de Brian. Entonces, llega el single que, aunque a alguno no convenció a la primera, enganchó del todo a la segunda That’s Why God Made The Radio y que nos tiene encandilados desde abril. “Isn’t It Time? nos trae un sonido más de radiofórmula, que recuerda de lejos a “Kokomo” (1988), pero en el buen sentido, y ya está sonando como segundo sencillo. “Spring Vacation” es junto a su siguiente “The Private Life Of Bill And Sue” dos temas con gancho, siendo este último nuevo en el las tramas musicales de la banda, ya que cuenta de manera irónica el interés por la desaparición en circunstancias desconocidas de una pareja de un reality show. “Shelter” nos devuelve la gloria de los falsetes tal y como los construye Brian Wilson. “Daybreak” aunque agradable, puede ser el único punto flojo del álbum, y es que está claro que Mike Love no es la mitad creativa de Brian Wilson, y esta es la prueba. De hecho, ningún colaborador de Brian ha podido ni igualarle, y Mike Love, que interpreta el tema de forma suave y elegante, no es una excepción. “Strange World”, el tema más cercano a las canciones más contundentes de Pet Sounds, abre la parte intimista del álbum. “From There To Back Again” simple, directo con Alan Jardine, como si no hubiesen pasado años por su voz a dúo con Brian. Pacific Coast Highway es una pieza de minuto y medio lenta y conmovedora, que con valor por sí misma sirve como entrada a “Summer’s Gone”, el final del verano retratado de manera tan bella como triste.
En resumidas cuentas, That’s Why God Made The Radio pese y gracias a la edad de los Beach Boys, es un triunfo como álbum en sí, y dentro de la carrera de la banda. Si ésta es la última entrega de la banda, al menos será un trabajo a la altura de ellos, después del naufragio lento a final de los ochenta y los noventa, no exento de perlas, escondidas en el fondo. Si fuera el último trabajo de los californianos, sería un broche de oro, pero los rumores de un próximo trabajo se siguen encendiendo con el éxito de ventas y la gira. Por algo será.