sábado, 15 de marzo de 2014

Suede en Razzmatazz 2013


Suede
Razzmatazz
Barcelona
05/11/13
Apareció en Achtung
Fotos: Antonio Jesús Reyes y Xiang Taoying


Después de siete años sin hacer nada juntos, estos músicos abanderados de aquella ecléctica etiqueta del Brit-pop realizaron una gira de grandes éxitos en 2010 que olía a despedida, y que, sin embargo dieron paso a visos de volver, como aquella declaración en la que Brett en la que afirmaba que volverían a grabar, pero que sólo saldría a la luz si resultaba ser realmente bueno. Así regresaron editando Bloodsports (2013) con el espíritu de las canciones del discazo que fue Coming Up (1996), y algo, no mucho, de Dog Man Star (1994). Así fue como estos músicos de la Pérfida Albión volvieron a la carga y no han parado en los últimos tres años.

Ya los vimos allí mismo en la Sala Razzmatazz, en la antes mencionada gira de regreso, así que volvíamos al mismo lugar para lo mismo pero con Bloodsports de por medio, que goza y con razón del beneplácito de la crítica, las listas de ventas, y como se vio y vivió allí, de los seguidores de la banda, los nuevos y los de siempre. La edad del público rondaría entre los cuarenta y los veintialgo, dejando patente que el legado de Suede y su nuevo disco han dejado huella. Entre ellos, y pegado a la barrera (the barrier!) un jovenzuelo lee un libro de David Bowie de la Editorial Los Juglares, publicado mucho antes de que existiera él o Suede, que ya hace tiempo que son algo más que descendientes del legado de cierta época de Bowie, o de los Smiths y demás. Nunca es mal momento para ilustrarse un poco. En la cortina del fondo del escenario estaba proyectado el nombre de la banda con colores que cambiaban según las portadas los de los álbumes que han publicado hasta la fecha. Desde los altavoces, de repente, y casi puntual, la intro de la banda, Rachmaninov, ni más ni menos, como en la gira de Head Music, y entonces aparece Suede de una vez. Lo normal es empezar un concierto con una canción para calentar motores, sin embargo, y no es la primera vez, Suede comienzan con una canción de Dog Man Star, lenta y hermosa y de crescendo lacerante que es “Still Life”, con un Brett Anderson dándolo todo, que sería la tónica del concierto. Con “Barriers”, primer single de Bloodsports, abre el desenfreno entre los presentes que llegaría con más del mismo álbum, como “It Starts and Ends with You” y legendarios como “Trash” y “Animal Nitrate”.

La cosa se puso seria luego, muy seria con “Sometimes I Feel I Float Away”, con Brett Anderson, la cara de Suede como no lo habíamos visto antes, interpretando (en ambos sentidos) de una manera magistral sintiendo la canción, sudando y temblando, reflejando la crisis interna del personaje de la canción. Gratísima sorpresa la de incluir “Killing of A Flash Boy”, una cara B de Dog Man Star, que fue uno de los puntos álgidos de la actuación. Y es que Suede en los noventa dio en muchas ocasiones muchas caras B mucho mejores que algunas incluidas en los álbumes, como una de las siguientes, “My Dark Star”, del enormísimo “Stay Together”. Otra sorpresa fue “Heroin”, escondida en las sesiones de Head Music (1999) e interpretada por primera vez en directo en el Razzmatazz en aquel momento. Este tema nos recordó a la carrera de Brett Anderson sin Suede. Con The Tears, el proyecto no acabó de cuajar contra todo pronóstico, y su carrera en solitario tampoco… en un claro ejemplo del lamentable síndrome que sufrió Bowie con Tin Machine, donde el nombre del intérprete importa más que sus canciones. Sin embargo, la esencia de Suede en directo es Brett, los demás músicos pasan a un segundo plano, un brillante segundo plano, pero es que Anderson no para en el escenario; salta, baila, gesticula, se acerca para tocar al público con la mano, hunde la cara en el público mientras canta, y sin dar tregua. “So Young” trajo consigo algo ya usual en el directo de Suede desde sus principios; al final de la canción, mientras el tempo se va haciendo más lento, el micrófono vuela al compás de la música, alrededor de Brett Anderson atándole con el cable, acabándose justo a la vez que la canción. No faltó “The Beautiful Ones”, amagando despedida, y “New Generation”, revelador título viendo a los presentes, que fue el único bis con el que Suede dijeron adiós, dejándonos satisfechos pero con ganas de más. Paradojas del rock, amigos.

El recital no fue un himno a la nostalgia de los noventa, sino la celebración de la continuidad de la vigencia de las canciones de antes, y las de ahora, y prueba irrefutable del estado de salud de la banda sobre las tablas. Que las canciones de decadencia urbana de primera clase continúen, y así de bien.

jueves, 13 de marzo de 2014

Pulp - Sheffield y Más Allá





Apareció en DECIREVES (Enero 2014)


Esta es la historia de una banda de Sheffield, la ciudad de la fábricas de hierro y acero, que llevó al estrellato una canción que trataba de ser gente corriente. A finales de los años setenta, y con la industria de la ciudad en declive, comenzó a un proceso de quince años que llevó al siempre líder, Jarvis Cocker desde mil fracasos hasta la fama. Todo empezó con Jarvis, a los catorce años, y con nombres como Arabicus, Arabicus Pulp, y al fin, Pulp, como homenaje a la película de 1972 con Michel Caine. En tres años, y con Jarvis y el guitarrista Russel Senior como núcleo del grupo, consiguieron un sueño hecho realidad, que era el de tocar para las sesiones del visionario de la música llamado John Peel. La actuación les aseguró una enorme fama local que se apagaría rápido. Aquello fue en 1981. Dos años más tarde  llegó It, primer álbum, que fue un trabajo acústico que sonaba como a un jovenzuelo Scott Walker cantando folk y desafinando de vez en cuando. Sin embargo, tiene un encanto amateur que atrae; mejores discos y mejor grabados hemos borrado de nuestras mentes para siempre. Para nada está exento de encanto este It, y temas como “Blue Girls” y “Boats and Trains” lo atestiguan.
 
Los siguientes años traerían mucha creatividad y originalidad, así como desgracias; un local entero peleándose durante un concierto, o Jarvis cayendo desde un tercer piso por intentar impresionar a una chica, por lo que tuvo que pasar dos meses en una silla de ruedas, eso sí, cumpliendo con sus actuaciones en directo. Y ahora, su suerte en Fire Records, con singles como "Little Girl (With Blue Eyes)”, no daba signos de que la suerte del grupo fuera a cambiar. Hete aquí que Freaks (1987) daba una de cal y otra de arena. La mitad bien podría haber entrado en It, sin embargo la otra mitad es oscura y sombría, como la bipolar “Anorexic Beauty” o “The Never-ending Story”. Y es que, claro, cuesta abajo y sin frenos, un grupo no puede intentar dejar buena impresión en una discoteca con una canción llamada alegórica “Death Goes to the Disco”.

¿A dónde nos encaminaría Separations? Grabado en 1989, en este punto, la banda ya había tenido mil encarnaciones, con Jarvis y Russel perennes, y hasta se había llegado a disolver por un breve espacio de tiempo. Con su Cara A más experimental, y su B orientada a las pistas de baile, Pulp nos dejaba con un trabajo menos psicótico que Freaks, pero igual de disfrutable. Además de “Countdown”, una apuesta muy comercial y brillante, Separations incluyó el single “My Legendary Girlfriend”, onírica, misteriosa y pop, y sus cerca de siete minutos que les llevó a ser single de la semana en NME. Buenas noticias al fin, de no ser porque el álbum de estos singles tardó tres años en ver la calle. También es el fin de una etapa; la esencia de los anteriores, su encanto estridente sin que mediara voluntad, desaparecería para bien o para mal. Esta cualidad casi inefable les pone en la lista de ser de los primeros en echar mano cuando tenemos etapas en las que nuestros artistas musicales preferidos nos están cansando.

Luego llegó aquello del Britpop (aún en bambalinas, era 1992), con Suede, Oasis, Supergrass, Elastica, Blur, con los setenta, los sesenta, los Smiths y los Stones Roses por bandera Union Jack. Pulp, sin embargo, estaban bien lejos de las influencias que eran más evidentes en los demás. ¿Quién se acordaba de, por ejemplo, Scott Walker? En este año, Fire Records hizo coincidir la aparición de aquel Separations con His ‘N’ Hers, el álbum con el que Pulp, ya en Gift Records, se subía al carro de aquel movimiento. Desde el primer al último tema, y gracias a la producción de Ed Buller, His ‘N’ Hers es su primer álbum lleno de confianza, dinamismo y brillantez palpables. Jarvis baja de los temas universales para tocar tierra con anécdotas e historias a las que, al menos en apariencia, se les huele algo de biográfico o autobiográfico. El voyerismo de “Babies”, la demolición personal de “Razzmatazz” y “Lipgloss” o la segunda persona del singular en “Do You Remember the First Time?” les acercan al público, al que parce que están componiendo su banda sonora vita.

Y Jarvis Cocker haciéndose un sex-symbol; largo, canijo, con gafas a lo Seguridad Social de Reino Unido de montura negra, negrísima y enormes lentes de alta graduación… Así es el mundo de la música, amigos. Éxito de ventas, crítica y público en los conciertos. Llegó el momento del single que se tornó himno de la clase trabajadora en mayo de 1995, es decir, “Common People”, el momento de ridiculizar a los snobs de la clase alta haciendo su estupidez evidente, y de cantarlo marcando historia en Glastonbury, donde sustituyeron a los Stone Roses, para lamento de pocos, que además no estaban atentos a cómo se le caían los pétalos a las rosas pétreas. “Common People” trata de una chica adinerada de Grecia que Jarvis conoció cuando estudiaba cine en Londres, siete años antes. La muchacha había decidido vivir en Hackney y “vivir como la gente corriente”:

Conocí a la chica de la canción hace mucho tiempo, cuando estudiaba en St. Martin's College, en una clase de escultura, durante la quincena en la que alumnos de distintas disciplinas exploran otras. Yo estudiaba cine, y ella había estado haciendo algo de pintura, y los dos decidimos hacer escultura durante dos semanas. No sé su nombre. Sería por 1988, así que retomar aquello fue como escribir Historia Antigua”. Jarvis en NME, 2013


Con el sarcasmo como arma, Jarvis ridiculiza la actitud de la chica dirigiéndose a ella, que no optaría por vivir todas las miserias que vive el ciudadano de a pie, y de hacerlo, siempre habría  un teléfono cerca para llamar a papaíto. El videoclip, con de gente corriente y no corriente en loops de cortos movimientos, tampoco tenía desperdicio. El título casa con el del álbum en el que se incluyó, Diferent Class (1995), de doble significado, es decir diferente, referido o no a la clase social. Dentro de esta especie de lucha (relativa) entre arriba y abajo está la anécdota ocurrida en la entrega de los Brit Awards. ¿A cuento de qué invitaron a Michael Jackson? Allí estaba él, autodenominado rey del pop, entunicado en plan mesías de nada, lavando su pedofilia con ecología. En plena actuación, un espontáneo saltó al escenario brevemente y bailó de manera cómica, discordante con toda la gloria de cartón que había allí montada. Era Jarvis, que así rompía la solemnidad vacua de la actuación del americano, que le costó pasar la noche en una comisaría. En primera persona, se explicaba así: 

"Lo que hice fue como protesta a la imagen que Michael Jackson tiene de sí mismo, como una especie de Jesucristo que tiene el poder de curar.”

Lejías a parte, el eco del éxito de Different Class llega hasta nuestros días, y es el más celebrado de Pulp, el más accesible, el más rápido, que no desmerece a temas como las preguntas de hondo calado de “Something Changed”, el llenapistas “Disco 2000” o el fetichismo de “Pencil Skirt”, de muy pocas dobleces.
La fiesta que fue el Britpop se acababa. Los músicos empezaron a separarse, a cambiar erróneamente o tenérselo creído al inflar los esquemas. En este contexto, en 1998 aparece This Is Hardcore, como si fuera el ruido de fondo de una resaca vital. Número uno en ventas, y éxito de críticas de nuevo (Different Class se quedó en el dos en muchas listas). Con más o menos tragedia o ironía, el disco trata de envejecer, los efectos de la droga, rupturas, pornografía, y al fin y al cabo, el precio de la fama. Esta “banda sonora de la guarida de un soltero” es enorme en composición y producción (algo inflada también, en momentos), pero diferente a su anterior. Disfrutarlo entendiendo de qué trata no es una labor fácil del todo. Sin duda el tema que da título al disco, junto con “Help the Aged”, la infravalorada “Sylvia” o “Like a Friend”,  tema que quedó para la película Great Expectations (que no es ni más ni menos que la descripción de esa relación en la que no te deberías haber metido) seguían dando la razón a Jarvis y los suyos. En este punto Russel Senior no estaba de acuerdo del todo, y dejó la banda.


Y luego, ocurrió lo que nadie esperaba. El esquivo Scott Walker accedió a producir un trabajo para Pulp que se llamaría We Love Life (2001). Contra todo pronóstico, ni de lejos llegó a las ventas de sus dos anteriores trabajos, y sin embargo la crítica lo sigue tratando bien, pese al cambio de sonido del grupo. Quizá olvidando de dónde viene el grupo, de cómo lo hemos endiosado, podremos disfrutarlo como merece de una vez por todas. “The Trees” no fue un buen single de presentación. Para cuando “Bad Cover Version”, con su mofa de las canciones tipo “Do They Know It’s Christmas” o “We Are The World” salió, ya era un poco tarde. Y la banda, habiendo tocado otra cima de creatividad y éxtasis con “Sunrise”, se separa.

Los dos álbumes en solitario de Jarvis (Jarvis y Further Complications, en 2006 y 2009) corrieron la misma suerte que We Love Life… Y llegó el regreso. Desde mayo de 2011, y hasta diciembre de 2012 Pulp recorrieron los escenarios de varios continentes. Acabaron la gira en la misma ciudad donde empezó este artículo (bueno, en realidad luego tocaron en Jamaica y Las Bahamas pocas semanas después) en una Sheffield cuya economía se encuentra en una mejor situación. Esperamos que el futuro incierto de la banda nos traiga más conciertos, y discos si es posible, con nuevas historias de esas que pueden ser la tuya y la mía.

sábado, 8 de marzo de 2014

Un Pingüino En Mi Ascensor - Rara Avis del Pop Español (Bourbon Café, Córdoba)


Bourbon Café
Córdoba
08/03/2013
Apareció en Achtung
 
Desde 1985, a la edad de veinte años, José Luis Moro se armó de “un órgano Yamaha de esos de mueble, como los que usan las marujas yanquis para tocar villancicos” y dedicarse a la música. Por el camino encontró a Mario Gil, teclista de Paraíso, Aviador Dro y La Mode. Así se fundó Un Pingüino En Mi Ascensor, rara avis del panorama pop español, y lo es por sus letras, irónicas, surrealistas de lo cotidiano, de pequeñas historias con grandes rimas. También por el formato musical y por la puesta en escena. Un Pingüino En Mi Ascensor (1987) y El Balneario (1988) ya traían debajo del brazo grandes clásicos (“Espiando A Mi Vecina”, “Atrapados En El Ascensor”, “Juegas Con Mi Corazón”, por nombrar algunos). Las canciones, tan, tan pegadizas sin que lleguen cansar, parecen tener como influencias WAQ, New Musik, The Cars, Ciento Bailando (que por breve tiempo fueron la banda de Un Pingüino), Alaska y Los Pegamoides, y en definitiva, todo lo que no sonara aburrido… o si sonaba, darle la vuelta. Tras Disfrutar Con Las DesgraciasAjenas (1989) y El Ama De Casa Estafada Por La Publicidad (1990) las entregas se irían separando en el tiempo. José Luis se iría adentrando profesionalmente en el mundo de la publicidad, y las entregas se irían haciendo intermitentes. De José Luis son spots que han quedado para siempre, y un Premio Ondas por esta labor. En 1999, Pingüimatic, un directo grabado en la Sala Sol de Madrid, indicaba la apuesta por el directo. Aquí encontramos el porqué de la vuelta de José Luis:

“Ha llegado el momento de explicar qué coño hago yo aquí… Yo vivía tan tranquilo en mi retiro espiritual, pero contemplé el siniestro panorama musical que nos rodeaba. Primero fueron los cantautores… luego vinieron los grupos de matrimonios que cantan sevillanas… cuando parecía que ya no había nada peor, llegaron los gaiteros”

La sorpresa en 2004 fue Piromanía, y más y más conciertos en salas grandes, medianas y pequeñas siempre con gran éxito. En esta entrega, más visiones entre bromas y no bromas de la vida diaria, como “Eres Más Complicada Que Armar Un Mueble De Ikea”.

Con un perfil así, estaba claro que no quedaba más remedio que hacer las maletas y viajar a donde fuera a ver qué se cuece en el directo del dúo. En la fría noche del ocho de marzo, El Bourbon Café, en Córdoba, (un escenario del gusto de muchos grandes artistas últimamente) parecía ser el destino para desfogar la melancolía de los años ochenta. Claro, que resultó ser algo más. Para empezar, el VJ nos obsequió con una larga selección de la época, provocando una preocupante mirada al actual panorama de la música española que sale en los medios.

Con tres teclados, ritmos programados y Mario a veces a la guitarra, nada más y nada menos, el público ya estaba en el bote desde la primera canción. El recital fue una mezcla de grandes clásicos, (“Tú Me Induces Al Mal”, “Camp”, “Arzobispo Makarios”, “Mi Café”, “El Sangriento Final De Bobby Johnson” y la imprescindible e inevitable “Atrapados en el ascensor”) y versiones locas como “Me Han Sodomizao” (“In The Army Now” de Status Quo”), “Otro Brick De Don Simón” (“Another Brick In The Wall” de Pink Floyd) o la sorna de “Urdangarín” (“Rasputín” de Boney M)… y “Foie gras” (“Voyage, Voyage” de Desireless). También temas nuevos e inéditos como “Peta Zetas”, para los que se repartieron paquetitos del producto por el público para cantar el estribillo. Hechos como éste, habrán provocado que más de uno equivocadamente hayan dicho de ellos que son cómicos musicales, ninguneando sin razón las excelentísimas composiciones que allí escuchamos con una audiencia que se conocía las canciones y las cantaba o vociferaba con energía eufórica. Mario alucinaba con alguien que en un extremo del público se sabía absolutamente todas.

El recital fue una fiesta que reflejaba el espíritu publicitario; para vender un producto, no hace falta una película, con un anuncio basta, y para una buena canción no hacen falta veinte músicos en el escenario y cuarenta instrumentos y mil luces de colores. La nostalgia de los ochenta se tornó en celebración de una época pasada, y del momento en el que estábamos. De verdad que Un Pingüino En Mi Ascensor despierta pasiones, y provoca sonrisas y risas en sus letras, junto con los comentarios de Mario, y de José Luis que roza o se revuelca en la verborrea, en un tono pseudosolemne, casi arengas, entre canción y canción.
Y La despedida se hizo de rogar tras dos bises (algo a lo que José Luis le gusta parodiar) y el final con “En La Variedad Está La Diversión”, cuyo estribillo reflejaría el espíritu de los congregados allí:

“Y lo pasé bien, Y me gustó un montón
Porque en la variedad está la diversión”

Y digo reflejaría, porque en realidad es un encomio de las relaciones sexuales con cualquier cosa que se mueva o no. Bandas nuevas y no tan nuevas han de tener a nuestro pingüino en mente. Manos De Topo, Hidrogenesse, Los Punsetes, Los Ganglios, todos comparten un humor socarrón, surreal y descarado que les hace deudores de una visión alternativa e irónica del mundo y de la música misma.

domingo, 9 de febrero de 2014

Karl Bartos - Off The Record, Memorias de un Joven Robot

Apareció en Achtung

Repasando la obra de Karl Bartos con respecto a su trabajo en Kraftwerk, nos pueden dar vértigo las conclusiones a las que podemos llegar. Antes de la llegada del músico de Berchtesgaden, Hütter y Schneider, fundadores de la banda, habían publicado cuatro grandes discos jamás vueltos a editar oficialmente con los que consiguieron fama en el circuito de música experimental, dentro de la emergente etiqueta del Krautrock. Bien es cierto que Autobahn (1974), aún sin Bartos como integrantedel grupo, dio a los alemanes un éxito internacional más allá del atlántico. Sin embargo, la carrera de los muchachos de Düsseldorf iba cuesta abajo en lo referente a ventas; aunque sus dos siguientes álbumes, Radioactivity (1975) y Trans-Europe Express (1977), tienen su sitio en las cimas de la creatividad de la música electrónica y no electrónica, la banda estaba desapareciendo en las listas. Tras éste último, los alemanes, dejaron a Karl Bartos (que junto con Wolfgang Flür estaba se encargaba sólo de la percusión electrónica) ayudar en las actividades compositivas, dando un nuevo giro al sonido de la banda. Los temas que dejó en las cintas magnéticas del estudio Kling Klang conformaron géneros como el techno-pop, el synth pop y el electropop, dejando el Krautrock definitivamente atrás. Entre estos temas están ni más ni menos que “The Robots”, “Metropolis”, “Neon Lights”, “Numbers”, “Pocket Calculator”, “Home Computer”, “Tour de France”, “Musique Non Stop” y “The Telephone Call”. Depeche Mode, The Human League, Eurythmics, Moroder, Hidrogenesse, Daft Punk, Air y la escena electrónica de baile son sólo unos pocos herederos de los Kraftwerk de la época de Bartos. Así que de un artista de este calibre estamos hablando. Tras publicar el gran acierto que fue The Mix en 1991 (cuyo título debería haber sido The Remake, porque son clásicos rehechos), Bartos dejó la banda, incapaz de aguantar lo dolorosamente lento que se convirtió el proceso de crear con ellos.


En definitiva, ¿qué senda ha seguido Kraftwerk sin Bartos? Con Hütter y Schneider de nuevo frente a las labores compositivas (lo que los críticos no deberían llamar “los líderes de Kraftwerk”, sino sus dueños) la banda se dedicó a seguir dando conciertos y a publicar con enorme lentitud temas indignos de ellos como “Expo 2000”, y el soporífero álbum Tour De France Soundtracks, en la que mancillan el maravilloso “Tour de France” coescrito por Bartos, en 1982. Ahora, la máquina acabó comiéndose al humano, y lo que eran melodías de una frialdad hermosa, se quedaron en pura percusión incesante. Lamentable declive, difícilmente entretenido.
¿Y qué fue de Bartos sin Kraftwerk? Desde que Bartos dejó el grupo (sin que se le diera crédito por su trabajo en The Mix) se adentró en varios proyectos más cercanos al pop rodeado o rodeando a grandes colaboradores, para más tarde volver a la senda electrónica pura y dura con Communication (2003), que nos devolvió a la máquina humana con ritmos, melodías y voces robotizadas. 

Ahora, Bartos nos presenta un disco más que notable llamado Off The Record, que no es un producto nuevo al cien por cien, ya que ha hecho uso de las anotaciones y grabaciones de sus composiciones que abarcan varias décadas, con las que consiguió un diario musical escrito y grabado. Bartos no recibió bien al principio la sugerencia por parte de la discográfica de usar este diario, no obstante, cuenta el músico, le ha dado satisfacciones tales como la oportunidad de “producir al joven Bartos” y, pensamos más de uno, de obtener el que quizá sea su mejor álbum. El proceso empezó llevando todo tipo de grabaciones desde diversos formatos al ordenador, y una vez con estos souvenirs sonoros al alcance en modo digital, Bartos comenzó a completar, componer y producir.

El álbum empieza fuerte con un monumental tributo al símbolo de la Exposición Universal de 1958 en Bruselas, “Atomium”, y en las anotaciones de Bartos, nombres como “El Rito De La Primavera” de Stravinsky, Witold Lutoslawski y Bernard Herrman. “Atomium”. La melodía de “International Velvet” (Otra modelo en una canción de Bartos) viene de un ensayo de Kraftwerk en el Hammersmith Odeon en 1981. Suena a “Kelly Watch The Stars” de Air, pero Air suena a Kraftwerk muchísimas veces por los cuatro costados. El tema más comercial podría ser “Without A Trace Of Emotion”, en la que explora su agridulce sentimiento de estar unido de por vida a la imagen de la portada de The Man Machine de Kraftwerk. Ahora con la de Off The Record estará unido también más a la de Computer World, con él en la portada con rasgos de supermarioneta de los Thunderbirds. “The Binary Code”, de principios de los noventa, es un breve experimento sonoro de evocar de manera sonora el vuelo de una bandada de aves, con Debussy en mente. “Musica Ex Machina” tiene su origen a principios de los ochenta. Ya en los noventa, su base fue usada en dos de los proyectos de Bartos bajo el nombre de Elektric Music y Electronic, banda en la que brevemente cohabitó con Johnny Marr y Bernard Sumner. “The Tuning Of The World” tiene como inspiración a Dios, la muerte, el arte y el amor y a Laurie Anderson. Un emotivo tema que haría las delicias de Isaac Asimov, con Bartos poniendo voz a una máquina que canta y suspira que “ojalá pudiera creer en Dios / la vida sería un lugar seguro / construiría mi hogar en terreno firme. / Es difícil comprender / por qué unos creen y otros no./ ¿Quién es el que afina el mundo?”. “Instant Bayreuth”, que tiene su origen en 1970, tiene como objetivo, que consigue, el de recrear el sonido y espíritu de Wagner de manera electrónica. “Vox Humana”, sin estar carente de interés, quizá sea el punto débil de Off The Record. Se trata de un collage de ritmos e idiomas cuyo mensaje es “La voz humana es el instrumento músical más expresivo”. “Rhythmus” nos devuelve al “Numbers” de Computer World de Kraftwerk, aderezado con un polymoog. Y como antesala del último y pegadizo tema, “Hausmusik” (del que cuenta Bartos que a un miembro de Kraftwerk le sonaba a Mozart) está “Silence”, seis segundos de música ambiental.

Volver atrás y retomar el trabajo dejado a un lado puede ser una falta de imaginación por no saber cómo seguir adelante. Si esto es así en el caso de Karl Bartos, nos da exactamente igual, porque su naturaleza hace Off The Record una obra ecléctica y por la del compositor, excitante, y no sólo para los fans de Kraftwerk. Off The Record se sostiene por sí mismo y por su herencia recibida. Los riffs, acordes, ritmos y demás anotaciones sonoras dejadas atrás bien merecían una segunda oportunidad, que provoca echar de menos a los Kraftwerk de Bartos, es decir, cuando tenían canciones palpables y no aburrían como ahora, afrontémoslo. Por eso, Con Karl preparando nueva gira, recibimos con curiosidad, pero no con esperanza, los rumores de nuevo álbum de Kraftwerk sin nuestro robot favorito… eso sí, no faltaremos al Sonar de Barcelona a verles en directo tocar sus canciones de siempre.

jueves, 30 de enero de 2014

Christian Kjellvander, reflejo del momento

Christian Kjellvander
Sala Cero
Sevilla
30/01/2013
Fotografías: Juan Antonio Gámez
 
CHRISTIAN-KJELLVANDER-musica-discos-revista-achtung

La noche del 30 de enero prometía y mucho. Ni siquiera el interesantísimo (no para todos) partido que ponían en televisión pudo evitar que la conocida Sala Cero, dedicada al teatro sobre todo, se llenara casi por completo para ver a un sueco que canta folk americano mejor que muchos americanos. Todo gracias a Green Ufos, la distribuidora de música independiente que lleva más de una década trayéndonos música de primera y organizando eventos de grandes artistas conocidos y/o aún por conocer. Green Ufos conmenzó en Alcalá de Guadaira, dedicándose a la venta por correo y organizando conciertos. El Ovni Verde creció y fueron llegando más sellos, convirtiéndose en una de las distribuidoras independientes más importantes del país. Y a Sevilla (e Isla Cristina) las tiene bien mimadas con su South Pop.

Christian Kjellvander es bien digno de Green Ufos, por eso no es la primera vez que pisa Sevilla. En activo desde 1995 con The Loosegoats, luego con Songs of Soil, en 2002 empezó una carrera con pocos discos, pero grandes. Su último parece ser el más brillante. Se llama The Rough And Rynge (2010), y fue grabado en cinco días en un granero que él mismo reconstruyó en Suecia, cuyo nombre es Rynge Castle. Christian, como si le hiciera falta, se justifica de este modo:

“Con la tecnología de hoy en día, cualquiera puede grabar como Los Beatles. Lo difícil es hacerlo como The Velvet Underground.Los discos no son, ni deben ser, ni más ni menos que reflejo del momento”.

Dos referencias musicales contrastadas, y que nada tuvieron que ver con lo que los no futboleros disfrutamos en la Sala Cero. Christian Kjellvander llevó a cabo una sobria y exquisita interpretación de los temas de sus discos con una guitarra, pocos pedales y poca luz. Y no hacía falta más. La voz grave y suave del sueco vibró e hizo vibrar con sus letras, evocadoras, esclarecedoras, bellas hasta el dolor en algunos momentos. Rara es la combinación del sonido de Kjellvander, que es capaz de unir folk, country con cierta sensibilidad pop que no suena a uno de esos prosaicos cantantes americanos barbicanos o de esos otros de pantalón bien ajustado que a media canción ya te tienen aburrido.
Ataviado como si hubiera salido de Rynge Castle, Kjevallender, que llegó a telonear a The Cardigans deslumbró con letras como la de “No Heaven”:

“El cielo no existe
Sólo más autopistas y hombres solitarios.
No existe el paraíso
sólo días y noches buenas”

El barítono empezó a refulgir con “Trasanlantic”, que abre The Rough And Rynge, acercándose al final a los pedales, añadiendo electricidad al momento. También entraron en el repertorio temas de The Loosegoats, como “Drift From The Tracks”, y su evocador comienzo “Hay una luz al final del lago…”, dándole algo de más movimiento al repertorio, en contraste con la siguiente, “Until The Mourning Comes”, de una belleza robusta y delicada, como la voz de Kjellvander. “Drunken Hands” parecía marcar el final del repertorio del sueco. No fue así. “Long Distance Runner” cerró una noche de mayúsculas.
Saliendo de la sala, CDs del artista bien servidos por los chicos de Green Ufos situados junto al bar. Cuando un recital merece la pena, no hay nada como, a pesar de los pesares de los tiempos que nos hacen vivir, comprar algo, y encima a buen precio. Kjellvander aparece de repente bebiendo lentamente en la barra en la barra mientras. Sonríe y firma amablemente dedicatorias. A la salida unas chicas: “Se creerá que somos unas locas” a lo que otra le contesta “Normal, si la última vez que le vimos en concierto le seguimos por toda la ciudad”.
Una vez en casa, la atenta escucha del disco. Da gusto un álbum así, sin que abrume la producción. Es todo un ejemplo de sencillez y sentimiento sin sentimentalismo barato, sin recurrir a temas desgastados. También el intimismo del directo que acabábamos de escuchar está plasmado en The Rough And Rynge. Es un álbum especial, de esos de los que gusta escuchar en la soledad de la penumbra del salón, en absoluta tranquilidad, sintiendo las agridulces carreteras de Norteamérica en los surcos del disco.
Ni por asomo nos preguntamos quién ganó aquel partido. La goleada fue del sueco más americano que los americanos.

martes, 28 de enero de 2014

Ruido Pegajoso estará en Concierto en la Sala Events 31/01/14




El grupo de hiper-pop Ruido Pegajoso estará en la Sala Events el último día de enero de 2014.
Estarán presentando Sonrisas Pegajosas, a beneficio de Juegaterapia. A
continuación la crítica aparecida en Achtung!

¡Allí nos vemos!
Ruido Pegajoso - Sonrisas Pegajosas (2013)


“Música como esta no se hace ya”, me
decía un amigo al teléfono gratamente sorprendido. Y es así… y si no
¿dónde? La historia tiene su punto. Allá por 1999 y tras unos amagos, Fran Torres formó en Sevilla Ruido Pegajoso publicando un álbum homónimo. El trabajo hizo de la banda y canciones de Fran una brillante promesa que traía gemas como “Escapar Lejos de Aquí” o “Cara Oculta”.
Obtuvo el favor de las radiofórmulas y la banda giró por España. Fin de
la historia, pensábamos, porque Fran Torres reunió a la banda para
grabar de nuevo, hizo uso del crowdfunding, y apoyando a Juegaterapia
terminó de grabar este Sonrisas Pegajosas, publicándolo recientemente para asombro de muchos, y no sólo por los catorce años que han pasado desde el debut del grupo. De Todo esto, ya nos habló hace poco Mr. Torres.
Pues bien, resulta que Sonrisas Pegajosas es una brillantísima y superior segunda parte del anterior álbum. Lo de segunda parte es tal que así, porque las canciones que contiene fueronlas que quedaron en el tintero sonoro allá por los noventa, un hecho que no le resta valor alguno. De nuevo vuelve un regusto a pop de los 60 y 70, pero esta vez con una excelentísima producción que ha creado un sonido actual, de modo que puede convencer a nostálgicos del ayer, y a los amantes del pop indie de hoy en día.Esta cualidad sesentera se ve, por ejemplo, en cómo está enmarcada la grabación, con la intro del primer tema, “Circo”, que hace comenzar el disco con muchas ganas y fuerza, las mismas que Fran Torres no ha perdido desde su debut. Las canciones de Ruido Pegajoso tratan a menudo de escapar lejos de aquí,en realidad, de mirar el problema y darte la solución. El sonido de las canciones de Mr. Torres expresan esto con melodías ligeras, y no todas,las aristas aparecen, porque el álbum es variado en sonido y en tempos…Pero, ¿tan difícil es hacer esto?, les preguntaríamos a otras bandas. Ejemplo de esta variedad es “Cerca del Sol”, en la que se yuxtaponen tiempos felices con deseos que no llegaron… pero de manera tan, digamos, soleada, que no hay hueco para venirse abajo. Este optimismo sin lobotomías flota por toda la grabación. “Ya Me Voy” trata de liarse la manta a la cabeza y perseguir a un amor lejano de una manera rabiosamente brillante y con un estribillo que ya lo quisiera más de uno de tus inglesitos poperos. “Supervagabundo”, de temática complementaria al anterior, nos lleva abiertamente a un homenaje a Supertramp, y otro más velado a los Beach Boys, que sobrevuelan el álbum, pero no los de la etapa surf o hot-rod. “Me Has Engañado” explora el, a veces, agridulce hecho de echar raíces con otra melodía de las que no cansan. “Mi Amor” es una corta anti-nana de despecho, que se basa en, sobre todo, en las armonías vocales, que sin lugar a dudas son uno de los puntos más notables de Sonrisas Pegajosas, como en “Deja que el Viento Sople”. “Cada Mañana”, contraataca con una base de piano irresistible, y más coros supermedidos sin que suenen fríos. Otra canción remarcable y más rockera le sigue, y se llama “Ya lo Verás”, que repunta con la colaboración de Eduardo Chinarro. “Dicen que te has ido para Siempre” no deja que decaiga el ritmo, y parece expresar de manera muy irónica el fin de una relación. Con “Palabras en el Aire” y sus claroscuros se cierra la grabación, de manera certera y enlazando con la primera.

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La diferencia con el primer álbum, es que tenía temas concretos que sobresalían sin lugar a dudas sobre los demás. Con Sonrisas, tendríamos un problema grande a la hora de decidirnos. Para limpiar ambigüedades o prejuicios, aclaremos que pese a su aparente sencillez, Sonrisas Pegajosas no tiene canciones ni machaconas ni facilonas, y está tan lleno de influencias que no lo hacen esclavo de nadie. El tono es inocente a veces, pero no tonto, divertido, pero no vacío, optimista, pero no ciego. Si la calidad de un álbum o canción reside en las veces que lo pones o las buenas sensaciones que transmite, aquí no hay duda, y además, razones musicales sobran para adquirir Sonrisas Pegajosas. Al mismo tiempo estarás ayudando a financiar un jardín en el Hospital 12 de Octubre con Juegaterapia.
¿Y qué menos que pasar por un concierto? La banda está preparando motores y ya hay fechas confirmadas. Para empezar, en la Sala Events de Sevilla, el 31 de enero. Para más información, date una vuelta por su web, a ver qué buenas nuevas hay… que serán buenísimas, sin duda.

miércoles, 1 de enero de 2014

Nocturama, Marina Gallardo, Ainara Legardón y Juan Perro


Ciclo Nocturama
Sevilla
Agosto 2013
Fotografías: Juan Antonio Gámez

 
La organización de La Suite se sale, de modo que la ciudad de Sevilla está haciendo su agosto musical enriqueciéndose de nuevas y no tan nuevas estrellas, todas distintas. De este modo, entre consagrados y casi consagrados y nuevos valores cada noche es distinta. Incluso al que no le interese la música nada, tiene allí un sitio de sosiego junto a sus amistades melómanas sin agobios ni empujones. No obstante, era difícil obviar el panorama musical de la semana que se nos presentaba:

El día catorce, nos visitaron dos damas. Primero Marina Gallardo, desde las bendecidas tierras de Cádiz, El Puerto de Santa María, para más señas. Una enciclopedia musical en sí misma, que lo mismo te nombra John Lennon que a John Fahey. la portuense nos trajo a la ciudad del Guadalquivir su último trabajo que lleva por (en apariencia) atrevido nombre “This Is Sound”. Hermossissima, con un vestido rojo, rojisssssimo y una flor en el pelo, que ya es icónico en su imagen, se subió con su guitarra al escenario. Es difícil catalogar su música. Su sonido es de una hermosa decadencia, tal y como nos contó un amigo que no se quiso perder la actuación:

-Yo la vi el año pasado en el festival Territorios. Hacía mucho viento, que movía ese pelazo negro que tiene y las palmeras de allí – señala a unos pocos metros, más allá de un muro – y la sensación que me dejó fue algo extraña. Piensa que yo fui al festival a ver a Iggy Pop. Sin embargo, semanas después tenía como un vacío de echar de menos alguna música. Le di vueltas al coco, y era Marina Gallardo-.

Combustión lenta, le podemos llamar a esto. Además, la música de Marina es áspera pero no su voz, o quizá al revés, y esta mezcla y confusión de dulzura y una incierta amargura juntas provocan una especie de dilema interno. ¿Es aquí donde reside la magia de la portuense? “Climbing The Walls”, el arranque tranquilo del recital, podría darnos la razón a esto que afirmamos, pero no tanto como el siguiente, “The War Inside”, que convencería a cualquiera. Al teclado (adornado con un mantón blanco) o a la guitarra, las canciones que interpretó Marina fueron magnéticas, de esas que dejan un poso. Los sonidos árabes que a veces salen de su voz, como en “Going To Die” y la música, no te dejan saber hacia dónde se encamina la canción. Otro gran momento fue “Tears”, un temazo con más letras (siempre en correctísimo inglés) evocadoras de quién sabe qué o quién. Cerró con “Cold Eye”, dejándonos con el verso que dice “Algunos días pertenecen al amor”, para taparla luego con un manto de distorsión… This Is The Sound (2012), tercero ya, puede ser su mejor álbum.

En las sombras y a la izquierda del escenario, ambos de pie, un hombre daba un masaje de hombros a una chica, que bajo su aparente fragilidad, llenó de trallazos de guitarra los oídos del público: Ainara Legardón. Por su apariencia, nadie diría que lleva dos décadas en la música, por su música estaba claro. Da la impresión que lleva el mismo tiempo con su banda (el enorme Rubén Martinez al bajo y a la implacable batería, Héctor Bardisa) con la que tuvo momentos de sincronía bien grandes. Su último álbum, al que se dedicó prácticamente a presentar, se llama Once We Wished (2011), y de él, sacó Make It Mine Forever” para comenzar, la primera con energía latente hasta que estalla con ritmo pausado y un sollozo para dar paso a  “You Gave Me”, más rápido, más directo, contundente. La incansable bilbaína, que ha tocado por todo el mundo (hasta en el desaparecido CBGB que pronto volverá en forma de película) y se ha rodeado de músicos famosos o de prestigio, hace un hueco para sí misma y para Nocturama de entre sus proyectos como La Criatura, Archipiel,  el colectivo maDam, y la orquesta de improvisación FOCO, amén de la composición para multitud de bandas sonoras. “Hugs That Won’t Last” podría haber sido el título de su último álbum, ya que resume la fuerza y la fragilidad de la música de Ainara, que ya estuvo por el Ciclo Nocturama hace ocho años. La potencia y limpieza sonora en su repertorio en el que sus temas, que apenas si rozan los tres minutos, parecía acabar con “Thirsty”. El bis, “Forget Just Anything” era de 2003 y a fin de cuentas describe el estado en el que quedó el monasterio de La Cartuja:

Mis canciones están en tus oídos
Lo más seguras posible.

Se pudo rematar la noche con el honor de saludar a las dos damas y comprando sus últimos álbumes, con Marina nombrando mil artistas como inspiración, y Ainara diciendo que simplemente “la vida”. Revelador. A la noche siguiente, día quince, y a diferencia de ésta, el jardín se llenó completamente, pero al fin y al cabo, como dice Steve Coogan, interpretando a Tony Wilson en 24 Hour Party People: “En la última cena había doce personas. Arquímedes estaba solo en su bañera”. Y es que la música no sabe de cifras de ventas ni de público.


Claro, que esta noche de la que hablamos traía veteranía por los cuatro costados (aunque no sea siempre esto un seguro de calidad) e invitados que no aparecían en el cartel, pero se intuían y rumoreaban. Juan Perro, el artista antes llamado Santiago Auserón, que junto a su hermano Luis, fueron los artífices del mucho por ciento de Radio Futura. La banda fue un arma de doble filo, reflejada en las edades de los asistentes. Por un lado, teníamos a los que veíamos La Bola de Cristal, programa mítico de TVE de los ochenta, en el que además de ofrecernos lo que gustaba a los niños, lo que éramos, aprendíamos lo que era sentido común, y buena música, no sólo con Javier Gurruchaga a los mandos de La Cuarta Parte. Por otro lado, había gente como la mujer que gritó a mitad del concierto “¡viva La Vía Láctea!”, es decir, gente de más edad que tuvieron la suerte y el honor de vivir una época que bajo la etiqueta de La Movida Madrileña llenó de creatividad y calidad con mayúsculas la salida de una época histórica oscura, que parece volver con otros atuendos, y bien caros… En la televisión y en la escena madrileña conocimos a Santiago con Radio Futura, que pronto cambiaron los tintes glam del sus comienzos para crear canciones como “Semilla Negra”, “El Canto Del Gallo”, “Veneno En La Piel” o “El Tonto Simón”. Era la apuesta por el rock latino, todavía en pañales. El grupo marcó una época y una influencia, y quedó para la historia. Luego, más de uno encajó mal que tras la disolución del grupo, por írsele el invento de las manos, Santiago Auserón en solitario dejara atrás sonidos como “Escuela De Calor”, y apareciera con Raíces Al Viento (1996), reincidiendo de pleno en su carácter latino. Premiado y reconocido, Santiago es parte en la venida de los soneros de Cuba a la península y al mundo.

Y allí estaba Juan Perro a veces, con su bigote y sombrero, como recién venido de La Habana, al que a veces se le escapaba Santiago Auserón, dejando atrás un deje de Cuba e historias de la calle, con Joe Strummer como protagonista en “José Rasca”, o como aquella en la que en Sevilla, en un hotel, junto a Compay Segundo empezaron a bordar la historia del son en España, y el cubano cantó “El Carro”, de Mr. Hambre (2000), segundo álbum que le siguió dando prestigio y puede que sea la cúspide de su fama en solitario. A “El Carro”, que no podía faltar, le siguió “Poco Talento” demostrando grandes dotes de narrador. En las tres horas (un pelín largo para más de uno), que duró la actuación, Santiago no mostró ni sombra de cansancio, y fue agasajado de piropos de las fans; el del pelo aerodinámico, que una vez fue el Lou Reed (oxigenado) del centro de la península ibérica, provocaba gritos de las mujeres y muchachas, las pocas veces que se quitaba el sombrero entre canción y canción, presentando su último trabajo Río Negro (2011) y temas de sus anteriores, como la famosa “La Charla Del Pescado” y aquella que cuando salió no acabábamos de entender, “No Más Lágrimas”, interpretada en su voz como si las décadas no estuvieran corriendo. Y estaba bien acompañado a la guitarra de Joan Vinyals “el dimoni”. Acerca de las sorpresas que se intuían, primero apareció a la guitarra el hijo de la artista onubense Martirio (a la que pronto  veremos en Nocturama también) demostrando ser más que eso, es decir, Raúl Rodríguez, con el que interpretaron la inédita “Historia De La Zarabanda” (el grupo que acompaña a Santiago últimamente). Tras unas cuantas más… Raimundo Amador, con el que empezó interpretando “Amor En Vano”, del álbum Las Malas Lenguas (2006) de los hermanos Auserón. Con “La Reina Zulú”, el scat del dimoni y sendos solos de Raimundo y Raúl, parecía que la cosa iba acabar. “La Perla Oscura” de Raíces Al Viento (1995) fue la guinda de la actuación.
Echando un vistazo al éxito de sus giras, y sus grabaciones, el tiempo le sigue dando la razón a Juan Perro, eso sí, a regañadientes para más de uno al que no se le culpa de echar de menos los himnos de Radio Futura.
¡Pero quedaba más! El cesped, hecho pista de discoteca brilló una hora más con el gran Ismael González, el Doctor Música, locutor de Radiopolis y DJ profesional, que adornó el aire de música de los ochenta, empezando con “Escuela de Calor”, que Santiago tuvo que escuchar, porque empezó a sonar en cuanto éste bajó un peldaño del escenario. Ismael acabó entre bien merecidos aplausos.