¡El cartel habla por sí solo!
Dedicado especialmente a nuestro recién desaparecido Storm Thorgerson.
Están todos invitados a disfrutar de vinílicas esquisiteces, y demás eventos musicales que merecerán la pena.
Al cumplir la banda quince años, Brian Wilson vuelve a los mandos de la producción con 15 Big Ones (1976),
que incluía quince temas, algunos nuevos y otros, versiones de
favoritos de la banda. En él, están las armonías vocales de siempre, que
seguirían sin cansar, pero algo endurecidas ya del paso del tiempo.
Esto, lejos de impedir su disfrute, otorgó cierta fuerza a las
canciones, cuya producción no está a la altura de de Pet Sounds. No obstante es indiscutible que al igual que con Love You (1977),
de similar sonido, es un trabajo difícil pasar por alto pese a las
limitaciones que ambos encierran. Los siguientes dos trabajos, M.I.U. y L.A. (de
1978 y 1979) han sido siempre maltratados por la crítica obsesionada
con la maquinaria sonora de Brian Wilson. Ambos, junto con algún bache,
no parecen haber sido apreciados por aquellos que buscan en un disco de
estos californianos volver al sonido de los sesenta. Quizá darían su
visto bueno de no llevar el nombre de los Beach Boys en sus portadas.
Pues bien, los chicos de la playa (ahora
ya sabemos que son mucho más que esto) han publicado recientemente un
magnífico trabajo llamado That’s Why God Made The Radio (junio
de 2012), que cumple con creces los sueños de todos sus seguidores, de los que sólo los conocen por sus
recopilatorios de grandes éxitos o de los que se saben de memoria sus trabajos en estudio. Brian a
la producción y la casi totalidad de la composición. La magia continúa
con ellos. Una exitosísima gira mundial va a
tener a estos veteranos sobre los escenarios del mundo hasta al menos
septiembre. Gente de todas las edades sigue coreando y bailando un
océano de grandes y grandísimos éxitos, y otros que lo deberían haber
sido.
El repertorio no tenía desperdicio. Sus
primeros ocho temas fueron sus himnos tan coreados desde siempre
dedicados al surf, que acabaron con “It’s OK”, single aún por descubrir por la mayoría del público medio, con Brian cantando su glorioso ‘find a ride, find a ride’ que cerraba la canción y así, la primera parte, que sin pausa dio paso a otros superclásicos como “You’re So Good To Me”, que fue bien recibida por el público nada más empezar. “Getcha Back”
un tema de los ochenta también fue bien recibido, pese a ser de sus
últimos discos, aquellos que nos dejaron con ganas de más o de mejor.
Poco después, llegó el momento de aquellos temas de jóvenes y sus coches de carreras, que culminaron con “I Get Around”, cerrando la temática. La intimista “In My Room”
le siguió, y luego sonaron un grupo de canciones de los setenta que sin
que llegaran a escalar en las listas de ventas, el tiempo las ha
llenado de renombre, como “All This Is That” o “Sail On Sailor”,
un himno a resistir en tiempos difíciles y seguir adelante, con Brian a
la voz principal (¡Quién mejor que él!), que también interpretó la
siguiente, “That’s Why God Made The Radio”, la única canción de su último álbum en el concierto. Después, dos temas inesperados, o casi, “Heroes And Villains” y el clásico de The Mammas And The Pappas, “California Dreaming”, sencillo en 1986. Sin pausa alguna aún, una sección del repertorio fue directa a Pet Sounds, del que “Wouldn’t It Be Nice” fue una de las más coreadas por los presentes en todo el concierto. Luego, la legendaria “Good Vibrations”, y muchos más temas históricos por ver y vivir, como “California Girls” (“Catalunya Girls” para Mike). Parecía acabar todo con los inevitables “Barbara Ann” y el inevitable “Surfin’ USA”. Ni quince minutos y volvían con tres temas más, poniendo final a la velada con “Fun, Fun, Fun”. La banda se despidió de los presentes y el hilo musical sonó de nuevo. Su instrumental “Summer Means New Love” marcaba el final de un concierto para no olvidar.
Quien
ríe el último, ríe mejor, y sin duda, este era nuestro gran y flamante
momento. Sus canciones que son la promesa de un lugar y un tiempo mejor
nos llenaron los oídos y el corazón. Y no es de extrañar, ya que casi
todas vienen de alguien que, credos a un lado, afirmó:
Con nada más que tres álbumes y tres singles, y apenas cinco años como músico
profesional, las décadas que han seguido han traído versiones de sus temas,
homenajes a su figura, discos tributo de las bandas más impensables de todo el
mundo, y recopilatorios de su obra que esquivan mostrarnos aún la totalidad de
su obra, y que demuestran que el legado del genio de Cambridge sigue creciendo
junto a su leyenda. Parece que no sobra mencionar (por vivir en una sociedad como la de hoy, que disfraza
el morbo valores morales e información) que las creaciones de Syd no son
debidas al consumo de sustancias psicotrópicas. Si nos dejamos llevar por este
planteamiento ridículamente simplista, estamos pasando por alto las
numerosísimas referencias literarias y musicales de un genio. Yendo al sitio
apropiado (y equivocado), encontrarás a una miríada de músicos que consumen
este tipo de sustancias, y no serán capaces de conmover como Syd Barrett podía
llegar a hacer con una guitarra acústica y nada más.
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