sábado, 8 de marzo de 2014

Un Pingüino En Mi Ascensor - Rara Avis del Pop Español (Bourbon Café, Córdoba)


Bourbon Café
Córdoba
08/03/2013
Apareció en Achtung
 
Desde 1985, a la edad de veinte años, José Luis Moro se armó de “un órgano Yamaha de esos de mueble, como los que usan las marujas yanquis para tocar villancicos” y dedicarse a la música. Por el camino encontró a Mario Gil, teclista de Paraíso, Aviador Dro y La Mode. Así se fundó Un Pingüino En Mi Ascensor, rara avis del panorama pop español, y lo es por sus letras, irónicas, surrealistas de lo cotidiano, de pequeñas historias con grandes rimas. También por el formato musical y por la puesta en escena. Un Pingüino En Mi Ascensor (1987) y El Balneario (1988) ya traían debajo del brazo grandes clásicos (“Espiando A Mi Vecina”, “Atrapados En El Ascensor”, “Juegas Con Mi Corazón”, por nombrar algunos). Las canciones, tan, tan pegadizas sin que lleguen cansar, parecen tener como influencias WAQ, New Musik, The Cars, Ciento Bailando (que por breve tiempo fueron la banda de Un Pingüino), Alaska y Los Pegamoides, y en definitiva, todo lo que no sonara aburrido… o si sonaba, darle la vuelta. Tras Disfrutar Con Las DesgraciasAjenas (1989) y El Ama De Casa Estafada Por La Publicidad (1990) las entregas se irían separando en el tiempo. José Luis se iría adentrando profesionalmente en el mundo de la publicidad, y las entregas se irían haciendo intermitentes. De José Luis son spots que han quedado para siempre, y un Premio Ondas por esta labor. En 1999, Pingüimatic, un directo grabado en la Sala Sol de Madrid, indicaba la apuesta por el directo. Aquí encontramos el porqué de la vuelta de José Luis:

“Ha llegado el momento de explicar qué coño hago yo aquí… Yo vivía tan tranquilo en mi retiro espiritual, pero contemplé el siniestro panorama musical que nos rodeaba. Primero fueron los cantautores… luego vinieron los grupos de matrimonios que cantan sevillanas… cuando parecía que ya no había nada peor, llegaron los gaiteros”

La sorpresa en 2004 fue Piromanía, y más y más conciertos en salas grandes, medianas y pequeñas siempre con gran éxito. En esta entrega, más visiones entre bromas y no bromas de la vida diaria, como “Eres Más Complicada Que Armar Un Mueble De Ikea”.

Con un perfil así, estaba claro que no quedaba más remedio que hacer las maletas y viajar a donde fuera a ver qué se cuece en el directo del dúo. En la fría noche del ocho de marzo, El Bourbon Café, en Córdoba, (un escenario del gusto de muchos grandes artistas últimamente) parecía ser el destino para desfogar la melancolía de los años ochenta. Claro, que resultó ser algo más. Para empezar, el VJ nos obsequió con una larga selección de la época, provocando una preocupante mirada al actual panorama de la música española que sale en los medios.

Con tres teclados, ritmos programados y Mario a veces a la guitarra, nada más y nada menos, el público ya estaba en el bote desde la primera canción. El recital fue una mezcla de grandes clásicos, (“Tú Me Induces Al Mal”, “Camp”, “Arzobispo Makarios”, “Mi Café”, “El Sangriento Final De Bobby Johnson” y la imprescindible e inevitable “Atrapados en el ascensor”) y versiones locas como “Me Han Sodomizao” (“In The Army Now” de Status Quo”), “Otro Brick De Don Simón” (“Another Brick In The Wall” de Pink Floyd) o la sorna de “Urdangarín” (“Rasputín” de Boney M)… y “Foie gras” (“Voyage, Voyage” de Desireless). También temas nuevos e inéditos como “Peta Zetas”, para los que se repartieron paquetitos del producto por el público para cantar el estribillo. Hechos como éste, habrán provocado que más de uno equivocadamente hayan dicho de ellos que son cómicos musicales, ninguneando sin razón las excelentísimas composiciones que allí escuchamos con una audiencia que se conocía las canciones y las cantaba o vociferaba con energía eufórica. Mario alucinaba con alguien que en un extremo del público se sabía absolutamente todas.

El recital fue una fiesta que reflejaba el espíritu publicitario; para vender un producto, no hace falta una película, con un anuncio basta, y para una buena canción no hacen falta veinte músicos en el escenario y cuarenta instrumentos y mil luces de colores. La nostalgia de los ochenta se tornó en celebración de una época pasada, y del momento en el que estábamos. De verdad que Un Pingüino En Mi Ascensor despierta pasiones, y provoca sonrisas y risas en sus letras, junto con los comentarios de Mario, y de José Luis que roza o se revuelca en la verborrea, en un tono pseudosolemne, casi arengas, entre canción y canción.
Y La despedida se hizo de rogar tras dos bises (algo a lo que José Luis le gusta parodiar) y el final con “En La Variedad Está La Diversión”, cuyo estribillo reflejaría el espíritu de los congregados allí:

“Y lo pasé bien, Y me gustó un montón
Porque en la variedad está la diversión”

Y digo reflejaría, porque en realidad es un encomio de las relaciones sexuales con cualquier cosa que se mueva o no. Bandas nuevas y no tan nuevas han de tener a nuestro pingüino en mente. Manos De Topo, Hidrogenesse, Los Punsetes, Los Ganglios, todos comparten un humor socarrón, surreal y descarado que les hace deudores de una visión alternativa e irónica del mundo y de la música misma.

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